Habitantes del esparto

Habitantes del esparto

La jornada «Habitantes del esparto» empezó con la «fresca». A las diez nos reunimos en la plaza de la Iglesia, donde hiladores de Villarejo de Salvanés enseñaron a los más curiosos a hilar cuerdas y sogas, así como corros esparteros de distintas zonas: Perales de Tajuña, Tórtola de Henares, para tejer y tejer el esparto a través de diferentes técnicas que transmitieron a los demás con entusiasmo. 
 
Amenizando el momento, estuvieron los integrantes de la agrupación de música medieval «Vagans», quienes interpretaron piezas que animaron a las personas. En tanto, los artistas residentes experimentaron la cercanía con la comunidad que durante el rato se acercaron a participar. 
Más tarde, el encuentro tuvo lugar en la Casa de la Tercia. María Pía Timón Tiemblo, Antonio Muñoz Carrión, Verónica Perales, Javier Contonente y Luis Ayuso ofrecieron un acercamiento al pasado, presente y futuro del esparto, desde el arte, la cultura, el diseño, las instituciones y el propio oficio de espartero. El reto sigue siendo involucrar la tecnología para generar experiencias y emociones que seduzcan a los más jóvenes. 

Y como muestra de toda esta energía y agradecimiento, una obra de arte mural dedicada a los hiladores de Villarejo, esos hombre que durante años lograron convirtir la stipa tenacissima en oro.

Seguiremos habitando el esparto.
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Paseo forastero

Paseo forastero

A Luis Ahijón lo conocimos en el bar de La Tercia, donde va todos los días a tomarse el café de las tardes. Tanto a él como a integrantes de la Asociación de Mayores, le invitamos a unirse al Paseo Forastero que realizaríamos por el paisaje a las afueras de Villarejo de Salvanés. 
 
Preparamos nuestros bocatas y botellas de agua para emprender el camino, guiados por Antonio Montes, Victorio Alonso, Luis Ayuso, José Luis López, Antonio Martínez y Vitorio Serna Martínez, donde participaron los residentes de #HabitarElEsparto, así como algunas personas de dentro y fuera de la comunidad para encontrarse con el territorio a través del contacto con la materia.   
 
Para los mayores, esta ocasión fue un reencuentro con la memoria, después de tanto tiempo sin visitar estos parajes. Agradecemos su entusiasmo en acompañarnos y guiarnos por aquellos caminos llenos de atochas y espartizales.

 

Seguiremos habitando el esparto.
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El esparto en La noche en Llamas

La noche en llamas 2019

Esta noche, el camino del esparto podía recorrerse desde cualquier punto: La Asociación de Mayores, la Plaza de la Iglesia o la Casa de la Tercia. La noche en que comenzaban nuestras residencias artísticas, las personas que disfrutaron de la Noche en Llamas, habitaron el esparto de diferentes maneras. 
 
En la calle San Andrés, justo en uno de los costados del Hogar del Pensionista, se encontraba el muralista Murphy realizando una pintura en honor a los esparteros de Villarejo de Salvanés y sus manos trabajadoras. La gente, al pasar, se detenía a curiosear, a manifestar la fascinación por la obra o a contar historias relacionadas con el esparto, de generación en generación.
 

Frente al Castillo, justo en medio de la plaza, un grupo de esparteros de Villarejo mostró la hilada tradicional de cuerdas, un oficio aprendido desde la niñez para muchos de ellos. A su lado, el corro espartero Las Caracitanas de Charlie (Perales de Tajuña), se juntaron con artesanos de Villarejo, Belmonte y Valdaracete para trenzar y trenzar, enseñando quienes deseaban sentarse con ellos para aprender las distintas técnicas y manejos con esta fibra natural. 

 
Allí, además, se encontraban los residentes de #HabitarElEsparto, quienes recién llegados a este lugar, empezaron a descubrir rostros, anécdotas y particularidades del pueblo. Entre ellas, el histórico edificio de la Casa de la Tercia, escenario de una experiencia sonora fascinante: El Museo Efímero «Sonidos en peligro de extinción: Los sonidos del Esparto», creado por la periodista Stèphanie Chiron, donde niños, jóvenes y mayores vivieron la representación de esta fuente de subsistencia y de conocimiento del entorno natural.
 
Os dejamos algunas fotos que dan cuenta de todo.
Seguiremos habitando el esparto.
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Encuentro con el artesano Javier Sánchez Medina

Encuentro con el artesano Javier Sánchez Medina: un cruce entre tradición y presente del esparto

Una de las cuestiones más importantes en torno a la cultura del esparto, manifestación del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, es la transmisión de las técnicas y saberes de una generación a otra. Además, otro hecho importante es que actualmente son los mayores quienes conservan estos conocimientos, por lo que cada vez es más necesario propiciar encuentros en los que los mismos se divulguen para que no se pierdan.

Partiendo de esta idea, en el camino de las residencias artísticas #HabitarElEsparto, donde hemos investigado y explorado con intensidad, resultaba inevitable toparnos con el artesano Javier Sánchez Medina, quien en los últimos cinco años se ha convertido en una referencia del trabajo con las fibras naturales, entre las que se encuentran el mimbre, el bambú, y por supuesto, el esparto. Por ello, Al Fresco y el corro espartero Las caracitanas de Charlie, nos juntamos para visitar su taller, ubicado en pleno barrio de Malasaña.

Justo en una de las esquinas de la calle El Escorial está ubicado este espacio que alberga el cruce ineludible entre modernidad y tradición. En las paredes cuelgan los denominados “trofeos ecológicos”, elaborados con esparto, y en los estantes llamativas piezas de distintos de materiales y orígenes. En el fondo está el mostrador donde reposan las herramientas necesarias para la labor: tijeras, cuerdas, martillos, espátulas, y donde durante esta mañana nos recibe su hermano Lauren, quien desde hace algún tiempo también forma parte de este proyecto y, con entusiasmo, empieza a contarnos varias historias que nos transportan.  

Así, nos muestra una de las formas más populares del esparto: la pleita, esa popular trenza que puede ser tejida de diferentes tamaños. La que nos enseña, precisamente, es de doce centímetros de ancho y nos explica que es común se que utilice en las labores artesanales de los quesos curados. Luego, señalando las cabezas de toro o buey hechas en esparto, cuenta que todo esto es un trabajo artesanal en el que participan además de ellos dos, su padre, encargado de elaborar las carcasas, donde van los cuernos y orejas. “Aunque hay varios sitios donde se pueden encontrar, no están igual de trabajadas que estas. Nosotros vamos buscando la perfección y todo esto nace de ir haciendo pruebas cada día”.

En tanto, nuestros ojos y manos curiosas escudriñan y palpan sus palabras que resuenan en cada objeto de la sala. Entonces, Javier Sánchez Medina se une a la conversación, en el que se juntan las visiones y experiencias del pasado y el presente, representado por estas personas que llevan gran parte de su vida “enredando” con el esparto y que vienen desde Perales de Tajuña para conocer a este popular artesano que para ellos es un personaje de inspiración… A partir de aquí, él comparte su historia.


Los trofeos ecológicos son, prácticamente, su sello de identidad. No es casualidad que bautizara las cabezas de animales de esta manera. Primero, la intención de elaborarlas, viene de hacer algo que contase quién es y de dónde viene. Él, oriundo de Extremadura, específicamente de Badajoz, considera que este producto forma parte intrínseca de su persona. Luego, está el propósito de utilizar la imagen del trofeo como una especie de contraposición con lo que generalmente se guarda en las casas aficionadas a estos objetos: ofrece una alternativa ecológica, una especie de guiño, que no hace daño a ningún animal.

Pero antes de dedicarse a estas creaciones, Javier Sánchez Medina empezó con espejos hechos con mimbre y bambú, que son un reflejo de los recuerdos de su infancia. “En la casa de mis abuelos estaban este tipo de espejos, y quise darles un giro, adaptándolos a estos tiempos, dándoles una visión más actual en el área de la decoración. A partir de ahí, conocí diferentes fibras naturales, y fue como llegué al esparto, el trofeo del toro, y más adelante otros animales. Mi idea es utilizar las técnicas antiguas, respetando el trabajo como se ha hecho siempre, pero ofreciendo algo más de innovación”.


Aunque considera que es un autodidacta, la pasión por la artesanía encuentra origen en la niñez, pues en su memoria permanece la imagen de su abuelo trabajando con la pleita en el patio, haciendo las bases de enea. Era un
hobbie, pero aprendió la técnica jugando con él, de manera inconsciente. Poco a poco, se fue formando por su cuenta y más adelante con la restauradora Marisa del Real incursionó en el trabajo con la madera hasta que optó por las fibras naturales, cautivado por todas las posibilidades que ofrecen.

 

“Muchas veces me preguntan cuál es mi referente. Si viajas, es conocer al señor del pueblo que lleva años desarrollando una técnica y conoce profundamente el material, que después uno puede trasladar a donde quiera. Por eso creo que es importante y necesario que se recuperen para devolverles el valor que tienen. Como artesano, creo que mi búsqueda consiste en crear cosas que cuenten algo de mí, que transmitan una historia y que sean una forma de rescatar este tipos de oficios que están perdiéndose”.

El esparto, utilizado en el sur como material de persianas o de utensilios para el trabajo en el campo, es una alternativa en el sector del diseño, de la moda, de la arquitectura, de acuerdo a sus nuevos usos que aún están por explorar. En tiempos de posguerra fue un recurso importante para la supervivencia de los habitantes de estos pueblos, pero fue desbancado por el plástico. Hoy, que el daño que ocasiona está en boca de todos, volver a lo natural es la opción. En ese sentido, Javier Sánchez Medina, aporta una mirada más artística. Es justamente lo que en esta ocasión transmite a los integrantes del corro de esparto: la clave es ser minuciosos y buscar, siempre, la perfección. Es importante mantener el interés por aprender y conservar, pero no queremos que la cultura del esparto consista sólo en repetir algo que se está perdiendo, sino adaptarlo a diferentes usos.
“Todavía me sorprenden muchas cosas que siguen pasando”, dice refiriéndose al boom de sus obras, especialmente, en el exterior. “Pero una de las cosas que más me motivan es que vengan los mayores o que los artesanos me escriban y me digan que le estás dando esperanzas para seguir en ello, porque la artesanía es un oficio difícil. Al principio trabajaba un montón desde casa, hasta que empecé a posicionarme y creció el interés por lo que hago, y hubo necesidad de apostar por esto. Fue una decisión complicada, pero finalmente estoy viviendo de ello. Junto a mi padre y mi hermano llevamos adelante este proyecto que, sin dudas, seguirá creciendo”. Al salir de allí, de ese espacio que es como su hogar, salimos convencidas, de que el esparto, como manifestación cultural inmaterial, es vivo, y hay que continuar trabajando porque siga encontrando su sitio en la actualidad.
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El papel de esparto: un homenaje a las manos anónimas

El papel de esparto: un homenaje a las manos anónimas

Hace medio siglo el Esparto (Stipa tenacissima) se ha utilizado en la fabricación de papel. Recientemente, algunas personas apasionadas de esta fibra natural, emprendieron esta misma tarea para resignificar el valor que posee, y desde Blanca y Cieza, contactaron con el Museo del Molino de Papel de Capellades, a 60 kilómetros de Barcelona, para ponerse manos a la obra. Al hilo de #HabitarElEsparto, en Al Fresco Museos Efímeros contactamos con uno de los protagonistas de esta aventura.

Aunque prefiere que no revelemos su nombre, compartió la experiencia del proceso de elaboración del papel de esparto, que nació del interés por la investigación de diversos artesanos de Blanca, en especial de las mujeres, y descubrieron cómo este material significó una parte importante en las exportaciones de España, pues desde Albacete, Murcia, Almería, se surtía a la industria papelera británica.

Con el objetivo de realizar un trabajo artesanal, la artista y curadora Luce Choules, se involucró en el proyecto, y a la directora del Museo en Capellades, Victoria Rabal, le propusieron la idea, la cual le interesó porque en ese espacio nunca habían elaborado papel de esparto. Así, nuestro personaje anónimo, cargó 22 kilos de esparto cocido y picado en su furgoneta, lo lavaron a mano durante una semana, y se enrumbaron hacia esa región donde se resguarda la tradición papelera. Al llegar, todo el equipo del Museo se involucró en el proceso, del que se obtuvieron 15 hojas de 70 centímetros x un metro, que era el tamaño más grande que se podía hacer con la prensa que tienen en el lugar; además salieron unas 150 hojas A3 y una hoja de gran formato (casi dos metros) que sirvió como lienzo para el pintor murciano Pedro Cano, quien realizó una obra de arte sobre ella.
Foto realizada por Antonio Balsalobre y publicada en "La Opinión de Murcia"
Pero, para obtener todo este papel, antes tuvieron que seguir unos cuantos pasos, que van desde la recogida del esparto, un homenaje a esas manos anónimas que arrancan la hierba de la tierra, pues aunque en los 60’s se intentó mecanizar no funcionó: la recolección sigue siendo manual. Luego, es el turno del curado, que consiste en tenderlo en la tierra para que el sol lo seque, meterlo en una balsa de agua durante 40 días, que es lo que se llama el cocido, y así proceder a picarlo. En Capellades, lo primero que hicieron fue cortarlo en trocitos de tres y cuatro centímetros, en un total de trece mil cortes. Después, el esparto se aclara en un proceso de cocción durante un par de horas, y se vuelve a aclarar para que no quede jabonoso. Es entonces cuando se traslada a una máquina que se llama pila holandesa, utilizada para la elaboración del papel, y es la que extrae la fibra del esparto, que se convierte en la llamada pasta alfa o pasta del papel. La magia continúa introduciendo esta pasta en una cuba de agua, que se remueve de manera constante, hasta que con unos bastidores se cubre la superficie de la pulpa, se extienden sobre un papel secante y se van intercalando las hojas, que luego se pasan a la prensa y se suben a secar, es decir, un procedimiento manual.
Cuenta que mientras se dedicaron a esta labor nació la idea de inaugurar una exposición que juntara no solo el papel como obra de arte, sino propuestas de otros artistas, así como un espacio para conferencias, talleres y simposios, que llevaron a cabo en la sede. Es decir, el esparto, reconocido por quienes trabajan con él como una fibra dura y difícil, se convierte, también, en un soporte sutil para el arte.
«No teníamos idea de lo que nos iba a salir, pero en ese momento pensaba que lo que estábamos haciendo era empapelar la luz del sol del sur. De hecho, todas las acciones artísticas que nacieron a raíz de allí, como por ejemplo, la exposición Esparto: nuevo territorio, buscaban la parte más poética del esparto». Explica que se trata de “darle la vuelta” a un trabajo rudimentario y otorgarle un carácter de sutileza, que en realidad es lo que hace posible el contraste. Una curiosidad que destaca es que cuando se elaboraron todas las hojas de papel, y quedaba muy poca pulpa, la aprovecharon para hacer un un papel muy finito que servía para la papiroflexia, y allí nació la idea de “la vuelta al origen”, pues con este papel construyeron unas mariposas que se enhebran a los tallos, como una muestra de agradecimiento a la planta por todo lo que habían podido hacer en esas jornadas, en las que las personas sólo eran movidas por la pasión por la cultura del esparto.
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La recuperación del esparto empieza en el reaprendizaje

La recuperación del esparto comienza en el reaprendizaje

Francisco Garnacho

 

 

«El esparto se utilizó en Villarejo en todos los tiempos. Yo creo que incluso desde antes de mis abuelos, porque mi abuelo me contaba que ya su abuelo le decía que el esparto, aquí, siempre ha estado en primer lugar. Aquí todos los que trabajaban en cualquier oficio, me refiero al campo, todos trabajaban algo del esparto en su casa. Cogían los espartos de por ahí de los montes, se lo llevaban a su casa y lo machacaban, después hacían ataderos y luego lo dejaban para el verano, porque todos los campos de España, entonces se labraban y se segaban a mano…».

Francisco Garnacho, 1997.

Los ecos del esparto todavía resuenan en Villarejo de Salvanés. En la memoria de sus habitantes, la de esos que fueron testigos y partícipes de los usos de esta fibra natural, quedan las imágenes del trabajo realizado con sus manos. Pero, no queremos dejarnos de llevar por la nostalgia, pues creemos que el esparto no es una cosa del pasado: sabemos que tiene futuro. Por ello, buscamos compartir estas ideas con personas que están involucradas, de alguna manera, con sus prácticas

Cuadrilla de hiladores

Así, contactamos con Luis Andrés Domingo Puertas, cuya trayectoria se encuentra centrada en la elaboración y desarrollo de proyectos relacionados con la Historia y la Arqueología, destacando una amplia experiencia en el ámbito de la Gestión del Patrimonio Cultural, y quien precisamente forma parte del área de Patrimonio Histórico y Turismo de este municipio donde el uso del esparto data del siglo XVI.

En este encuentro que se produce en los espacios de la Casa de la Tercia, explica cómo fue mutando el empleo de esta fibra natural en diversas épocas, por ejemplo, antes del siglo XVIII las labores se desarrollaron en un contexto doméstico, sin especialización y orientado a satisfacer las necesidades más inmediatas, pasando por la industria de cordelería y las sogas a mediados del XIX, hasta que en los años 40 y 50, se produjo el verdadero boom, cuando se instalaron unas cinco fábricas y numerosos talleres familiares dedicados a la elaboración de cuerdas y maromas de esparto.

Luego, en la década de los sesenta, ocurrió lo que conocemos como “la crisis del esparto”, a raíz de la aparición del plástico, fenómeno que ocasionó que un gran número de sus vecinos se movieran a Madrid para trabajar puesto que aquello supuso “un verdadero trauma”, aunque apareció la fábrica Cuétara que contuvo un poco la situación.

En esta región se pueden diferenciar dos facetas: una, la de la producción industrial, que proporcionaba trabajo y sustento económico a las familias, y luego está el área más doméstica y artesanal, que consiste en el aprovechamiento cotidiano de una hierba que crece espontáneamente en el campo y que con los productos elaborados se podían sacar un dinero extra. Entonces, quienes conservan los conocimientos están haciéndose cada vez más viejos o lo relacionan con una etapa marginal de la vida, una mera forma de sobrevivir. No obstante, considera que aún contamos con elementos que nos permiten recuperarla.

En ese sentido, señala que en la actualidad la gente del pueblo, en especial las personas mayores, mantiene este recuerdo sin creer que sea importante para el futuro; mientras que los jóvenes lo desconocen por completo, y no tienen una percepción identitaria del esparto, porque tampoco han visto el valor de esta cultura en su totalidad. «Quizás alguna vez cuando hacemos una demostración de hilada, pero no de lo que ha supuesto en Villarejo».

Hilada de esparto en AGROMADRID

La permanencia del esparto

Cuando se llevan a cabo hiladas de esparto en el espacio público de Villarejo de Salvanés, acontecimiento con repercusión en los medios de comunicación, las personas manifiestan el deseo porque esta tradición no se pierda. Al preguntarle a Luis Andrés en qué radicaría realmente la permanencia y rescate de esta cultura, indica que pueden ser varias las vías para apoyar su recuperación y sostenimiento.

«Puede parecer prosaico pero creo que el hecho de que haya un rendimiento económico en las actividades del esparto puede ser un motivo, por ejemplo, si alguien tuviese alguna iniciativa de emprendimiento relacionada con el esparto, sea con productos o actividades culturales y turísticas. Esto significaría llevar a cabo una labor de reaprendizaje, pues se ha perdido la cadena de enseñanza que viene de la tradición y la transmisión de padres a hijos. Tendría que haber alguien interesado en aprender de los mayores».

Luego, añade, está el ámbito cultural; más allá del aspecto puramente técnico de fabricar objetos, que tiene que ver con la recuperación de las manifestaciones artísticas del esparto, en un pueblo donde a lo largo del tiempo nacieron dichos y cantares inspirados en el oficio. Para ello, sería necesario iniciar una investigación sociológica y antropológica profunda, para que la resignificación no solo esté acompañada de una variable económica.

Asímismo, resalta los beneficios de recoger esta planta cada año, favoreciendo la recuperación de los entornos; también de poner en valor el paisaje, donde quedan vestigios de pozas y cuevas, por lo que podrían originarse proyectos que visibilicen la riqueza de estas rutas que, por cierto, están indicadas en un mapa que diseñó para Pascal Janin, director del Plan de Salvaguarda de la Cultura del Esparto.

Todas estas posibilidades mencionadas están en consonancia con las líneas de acción marcadas a nivel nacional y que plantean la investigación, la divulgación y el aprendizaje, como pilares fundamentales. Para Luis Andrés, además, es importante que las instituciones públicas, no solo de Villarejo sino del ámbito comarcal, se involucren para conectar a las personas que guardan la memoria del esparto y los conocimientos del trabajo, con agentes que impulsen el espíritu emprendedor de cara al futuro. La tarea, reconoce, no es fácil, pero los primeros pasos pueden ser descubrir su importancia a la gente.

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Celebramos el primer corro espartero en Perales de Tajuña

Celebramos el primer corro espartero en Perales de Tajuña

El pasado fin de semana, en Al Fresco, compartimos un momento especial con unas personas que hace algunos meses conocimos en el taller de esparto de la Asociación La Pera Espartera. Motivados para seguir creciendo y proyectando la labor que realizan, decidieron crear un corro espartero que lleva el nombre de “Las caracitanas de Charlie”. Agradecemos la oportunidad de haber vivido de cerca el entusiasmo y el valor por esta fibra natural.

El olor de la lluvia y el esparto se fusionaron. Este sábado, la tormenta y el frío no impidieron que los vecinos de Perales de Tajuña se acercaran al Centro Cultural San Blas, espacio elegido a propósito del tiempo que acechaba, para llevar a cabo durante la mañana las actividades que tenían el esparto como eje, en el marco de la Semana Cultural organizada por el Ayuntamiento.

Desde temprano, integrantes del corro espartero “Las caracitanas de Charlie” se reunieron, con todos sus materiales, para empezar a preparar la demostración pública del arte de hilar, un acontecimiento sin precedentes en la trayectoria de este grupo que nació de los talleres de la Asociación La Pera Espartera, que desde hace cuatro años hace vida en la zona.

Josefina, Lola, Julia, Josefa y Jose (“Charlie”) no estuvieron solos, pues a ellos se sumaron esparteros y aficionados de diversos pueblos cercanos: Valdaracete, Villarejo de Salvanés, Brea del Tajo, Belmonte del Tajo, Ciempozuelos, que poco a poco fueron llegando para mostrar ante los presentes cómo iban tejiendo variedades de trenzas, pero también enseñando a los demás cómo hacerlo paso a paso, pues de qué sirven los conocimientos si no es para compartirlos con los otros.

“El rincón del esparto” se transformó, con el transcurrir de las horas, en un espacio habitado por gente de diferentes edades, oficios, aficiones, y que en esa oportunidad tenían algo en común. Eso sí, los esparteros que predominaban eran mayores que guardan estos saberes desde la infancia.

Belén y José vinieron desde Ciempozuelos y nunca habían trabajado con este material, en apenas media hora empezaron a probar con la guía de uno de los mayores que a cada tanto les decía cómo emplear cada tallo.

Régulo, un señor llegado de Valdaracete, nos contó que desde que era un adolescente hasta los 37 años, se dedicó a la labor con el esparto, fabricando objetos para la cotidianidad del hogar, como cestas y paneras. Después de jubilarse retomó este oficio, que para él es un aliciente. “Aprendí cuando era un niño, de ver a los pastores que hilaban y yo continuaba con su tarea. El esparto cada uno lo trabaja a su manera, con creatividad y con muchas ganas de hacerlo”.

El esparto y sus múltiples formas

En la planta de arriba, los asistentes disfrutaron de las creaciones de los participantes del Taller de Esparto que organiza la Asociación La Pera Espartera, y de diferentes artesanos del municipio y sitios aledaños, un lugar en el que se entremezclaban la creatividad, la tradición y las múltiples posibilidades que las manos de los artesanos encuentran en esta fibra natural. Era la primera ocasión en la que sus obras se exhibían en este recinto, convertido en una sala de museo, que atrajo la mirada y la curiosidad de las personas.

Tamara González, secretaria de La Pera Espartera, destacó el intercambio que con esta actividad se estaba generando, no solo entre los habitantes de Perales de Tajuña, sino con vecinos y esparteros de localidades cercanas, que resaltan la tradición del esparto en estas tierras y enriquecen el compartir.

Asímismo, Lidia Suárez Sánchez, concejala de Cultura, manifestó que para ser la primera vez que se llevaba a cabo, están contentos porque la gente, a pesar de ser un día lluvioso, se movió para participar de este cruce de tradiciones. Tomando en cuenta el auge que ha tomado el movimiento espartero en la zona, les parecía propicio que en la Semana Cultural se realizara tanto la exposición como el corro espartero, para así poder mostrar a los demás lo que hacen.

“Compartir es enseñar, y es esencial compartir los conocimientos del esparto, que antes se realizaba por necesidad, pero ahora también por hobbie. Hay que trabajar la participación de los jóvenes, para que no lo vean como algo antiguo, sino que ahora mismo se puede seguir trabajando. El esparto se puede emplear hoy”.

Un acercamiento a la tradición

“Sé que mi voz no es la misma que hace unos años, pues el tiempo no pasa en vano, pero lo haré con todo mi corazón y muchísima ilusión”, fueron las palabras que pronunció Margarita Sánchez, acompañada por su hijo Víctor y dos integrantes del grupo del Grupo de Seguidillas y Mayos Virgen del Castillo de Perales de Tajuña.

“La Jota Espartera” y “Las Jotas Peraleñas” fueron las piezas que interpretó. La primera, una jota dedicada al corro espartero “Las Caracitanas de Charlie”, a modo de homenaje a “las tradiciones perdidas, pero que este grupo de esparteras, al esparto le dan vida”.

Julia España, impulsora del encuentro e integrante del corro, quien también se encontraba en el escenario, expresó sus palabras de agradecimiento a todos los que colaboraron para hacer posible cada una de las partes que conformó la actividad. Ella, junto a sus compañeras del corro, sigue tejiendo redes, partiendo de la esencia del aprendizaje del esparto: colectivo, horizontal, y con un claro futuro para seguir habitando en él, a pesar de las adversidades.

Nosotras, desde Al Fresco, seguiremos la pista de las próximas acciones que realicen, así como nuevas sorpresas que desde ahora empiecen a gestarse. ¡Ánimo!

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El papel del público en la transmisión de la cultura del esparto

El papel del público en la transmisión de la cultura del esparto

Antonio Muñoz Carrión podría hacer ostentación de sus títulos: Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Diplomado en Comunicación por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y Premio Nacional de Investigación “Marqués de Lozoya” en Artes y Tradiciones Populares. Pero, cuando es momento de hablar acerca de una de sus grandes pasiones: los rituales de los pueblos, se despoja de todos ellos y hace referencia a lo que considera lo más importante: las personas.

Antonio Muñoz Carrión en la exposición temporal: “Inmaterial. Patrimonio y Memoria Colectiva”, obtenidas en Etno Leon

Esta sensibilidad por la gente es precisamente la guía de nuestra conversación a propósito de su participación en el Plan de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, pues a lo largo de los años ha trabajado sobre la memoria colectiva y sus formas de recuperación, así como los rituales en peligro de extinción. 

En el marco del proyecto de residencias artísticas Habitar el esparto, impulsado por Al Fresco, nos parece importante conocer su opinión sobre estos nuevos procesos de resignificación del patrimonio.

El interés por el campo de los rituales nació con los estudios sobre los carnavales de un pequeño pueblo de Orense, Laza, donde descubrió la hospitalidad de sus habitantes. “Acabé la tesis, y lo que me pasó es que sufrí una transformación, me di cuenta de que los estudios de campo no eran sólo cuestión de recoger datos, informes de personas, sino que lo que ellos me estaban dando y yo estaba recibiendo, era muchísimo más. Fue entonces cuando descubrí que el trabajo universitario dejaba de lado la relación emocional, empática y afectiva con la gente que continuó año tras años luego de haber obtenido el doctorado”.

Desde entonces ha visitado distintos lugares donde ha podido estudiar de cerca más de cincuenta rituales españoles en peligro de extinción, y comprenderlos mejor cuando el fenómeno de la desaparición afectaba a diversas poblaciones. Explica que “la gente se iba del pueblo a las ciudades, pero quienes se quedaron se resistían a perder un ritual que era su identidad, su lugar de encuentro y una obra de arte hecha entre todos. Era el principio de la democracia, acababa de morir Franco, y se vivía un proceso de desacralización de la sociedad: hubo un abandono de los rituales tanto paganos con religiosos, porque era percibido como algo solo de los pueblos. Sin embargo, lucharon con una creatividad enorme por mantenerlos vivos, sin ayuda de ningún tipo, y más adelante los grandes públicos empezaron a tener nostalgia por aquellos ritos puros abandonados antes”.

Antonio Muñoz Carrión en la exposición temporal: “Inmaterial. Patrimonio y Memoria Colectiva”, obtenidas en Etno Leon

No obstante, esto trajo como consecuencia que se tratara como un “espectáculo” aquellas tradiciones que estaban hechas para mover emociones humanas, compartir experiencias, construir un “nosotros” y lograr sentir una identidad colectiva. Así que cuando empezó a publicarse en las revistas aquellas maneras de celebrar, los protagonistas se vieron invadidas por intereses turísticos, promovidos desde la gestión pública pues los políticos vincularon estas tradiciones con el dinero y el consumo, ofreciéndolas como atractivo a turistas que buscaban culturas vivas, más allá de la playa y catedrales.

“Yo creo que mezclar las emociones locales y grupales para exhibirlas y convertirlas en un recurso turístico es legítimo si lo deciden aquellos que están dispuestos a mostrarlas. Es inevitable que una fiesta forme parte de la identidad de una región y que la sociedad circundante quiera conocerlo pero que hay que administrarlo con muchísimo cuidado”.

Nuevas funciones del esparto

En ese sentido, Antonio Muñoz Carrión asegura que la promoción y la valorización de la cultura debe estar a cargo de gestores culturales, antropólogos, etnógrafos, que estudien todos los factores que envuelven la trama tradicional, donde tanto los protagonistas toman la decisión de qué desean mostrar y los públicos participan conscientemente. En el caso específico del esparto, que entra en el marco de patrimonio artesanal, establece una clara diferencia con los rituales vivos pues es un proceso que se genera de forma paulatina.

Museo de Cieza

Aquellos esparteros y artesanos que conservan el conocimiento del trabajo con el esparto, pueden enseñar a los públicos desde el paisaje donde crece esa fibra natural hasta involucrarse en el desarrollo creativo. “Creo que el tema del esparto, es posible llevar a cabo dos vías: una es haciendo o siguiendo los modelos de siempre. Por ejemplo, elaborar cántaros, canastos, y como utensilios prácticos de la cotidianidad. La otra es que, aprovechando la materia tradicional y las técnicas, se produzca la innovación. Es decir, descubrir funciones nuevas en estos productos que formaban parte del mundo campesino, adecuándose a las exigencias del mundo contemporáneo”.

“Ahora es un excelente momento, tomando en cuenta la tecnología y los valores de retorno a materiales sostenibles, transformables y recuperables para pensar en propuestas que promuevan la participación de artistas sensibles con la naturaleza, para que recuperen materias como el esparto que no existen desde que apareció el plástico. Es tiempo de investigar acerca de las nuevas funciones de esa fibra, que durante décadas ha estado allí, y este es un mensaje que debe ir incorporado a los públicos. Que los públicos no vean solo un objeto. Sino que es un estilo de vida que es cultura”.

El público: garante de la visibilización de la cultura del esparto.

En este punto, cabe preguntarnos cómo se ha transformado la participación de los públicos en los rituales y si en la sociedad actual es necesaria establecer una relación distinta. Para Antonio Muñoz Carrión, era común que los públicos actuaran solo como espectadores. Pero, indica, ese modelo de comunicación ha empezado a cambiar y ha llegado, especialmente con el Internet, a volverse interactivo y horizontal, pues ahora las estructuras son reversibles. “La experiencia que tiene la gente es la de querer estar cerca de los creadores. Ya no solo queremos ir con la voz de autoridad y disfrutar de un espectáculo, sino que queremos con nuestras manos ser parte de los procesos”.

Museo de Cieza

Esto está enlazado con la antropología de los sentidos que plantea: quiero ver, quiero tocar, quiero oler, no quiero quedarme de un lado. Por ello, considera que en la medida en la que un artesano o un espartero sea capaz de construir a través de talleres, paseos, muestras, entre otros, un relato que los haga partícipes de cada etapa por la que tiene que atravesar el esparto, de cómo cambia desde que está plantado hasta que está hilado, realmente se estaría traspasando el rol de esa persona que solo va a contemplar.

“Creo que ahora mismo está la tendencia entre el público de contarle a los demás: Yo estuve allí, yo hice algo. En ese sentido, es importante usar a favor del pueblo ese deseo de participación que, sin duda, hay en la gente”. El público juega un papel fundamental en la transmisión de estos valores del patrimonio cultural inmaterial. El objetivo es que después de haber tenido un contacto profundo con estas manifestaciones culturales, se sienta comprometido y responsable de transmitir un relato de lo que ha visto y ha vivido acorde con el punto de vista de los maestros y artesanos locales.

Paisaje de esparto
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Compartir con otros está en la esencia del aprendizaje del esparto

Compartir con otros está en la esencia del aprendizaje del esparto

José Fajardo Rodríguez-Fotografía de Dietmar Roth

Desde 1992 casi quinientos esparteros se han formado en los Talleres de Esparto de la Universidad Popular de Albacete. El creador e impulsor de esta iniciativa fue Juan Antonio Alfaro, agricultor que se presentó como voluntario para enseñar este oficio extendido de generación en generación. Entre sus alumnos se encontraban Arturo Ballesteros y José Fajardo Rodríguez, quienes continuaron, uno después del otro, este maravilloso legado.

Fotografía de Jorge Soldevila

A propósito de las VI Jornadas de “Esparto, naturaleza y cultura”, que se han venido desarrollando desde el 15 hasta el 28 de febrero en la Casa de la Cultura José Saramago de Albacete, conversamos con José Fajardo Rodríguez, profesor del aula de Naturaleza, y el actual encargado de dirigir estos talleres, que tienen tres objetivos: investigación, formación y divulgación. En ese sentido, explica que principalmente la intención es que las personas investiguen, conozcan y recopilen técnicas tradicionales de cestería. “Porque nosotros trabajamos la cestería tradicional y artesanal. Visitamos esparteros y los traemos a las clases para que enseñen a la gente los puntos que hacen. Así, pasamos al segundo objetivo, que es la formación de quienes se matriculan en los cursos de esparto, donde se aprenden estas técnicas a través de una metodología participativa, circular y de intercambio. Se trabaja en corros, se comparten experiencias, y todos aprenden y enseñan a la vez, en un ambiente colaborativo donde hay alumnos nuevos y otros que tienen años”.  La idea de enseñar el esparto de esta manera, señala, está inspirada en sus orígenes, pues la forma de aprender a trabajar con este recurso siempre ha sido en círculo, juntándose con amigos y vecinos, al mismo tiempo que mantenían una conversación. “No es unidireccional, donde solo hay un formador, sino que todos podemos serlo”.

Por otro lado, habla del tercer objetivo: la divulgación; que se realiza a través de actividades como ferias, visitas al campo, encuentros y jornadas, tanto nacionales como locales, donde pueden mostrar las piezas tanto a turistas, grupos de colegio, asociaciones, etc.

Fotografía de Dietmar Roth

A lo largo de diez años de experiencia como formador de esparteros, José Fajardo Rodríguez guarda grandes anécdotas, una de ellas, el haber compartido con el último hombre en conocer la técnica de elaboración de una cantimplora romana que se encuentra en el Museo Arqueológico de Cartagena, y varias de ellas también en Albacete. Hace algún tiempo, en las visitas típicas a esparteros mayores, junto a otros compañeros, este señor les explicó, punto por punto, cómo se hacían, y ellos lograron realizar las cinco “calabazas”.

Más adelante, en una de las jornadas del esparto, le rindieron homenaje y quedó bastante emocionado cuando vio en la exposición estas cantimploras que él les había enseñado a hacer. “A los pocos meses falleció, pero fue gratificante ver continuado el legado de aquel que era el último depositario de esa técnica. Por eso, para mí la parte más interesante de las jornadas y los talleres es la parte humana. Es el punto de encuentro de gente que comparte inquietudes y motivaciones, aportando en la divulgación del oficio del esparto”.

Fotografía del Museo de la Biodiversidad publicada en Facebook

¿Qué mueve a las personas que asisten a los talleres?

Me encuentro con varias situaciones. Están los que llamamos la generación tradicional, que puede tener entre 85 y 90 años, hombres que trabajaron en el campo como pastores o muleros, y que casi todos sabían trabajar con el esparto, pero no era cestería profesional, sino que era un complemento. También está la gente que sus padres y abuelos realizaban este oficio, pero no lo aprendieron en su momento y ahora quieren hacerlo porque de alguna manera el esparto está en su seña de identidad. Luego, están los jubilados que tienen tiempo libre y esto les distrae, pero yo les digo que el esparto no se puede hacer pensando en el resultado final, sino que todo el proceso tienen que disfrutarlo.

Entonces, podríamos decir que son grupos bastante diversos…

Hay más hombres que mujeres, pero también hay mujeres. Hay más mayores que jóvenes, pero también hay jóvenes. Unos vienen y prueban y si ven que no tienen paciencia y no les gusta, se van; hay otros que están por curiosidad, aunque no tengan relación con la familia; y la gente que se queda es porque disfruta de lo que hace con las manos. Empezamos con las técnicas más sencillas hasta llegar a cosas más complejas. Es cierto que la diversidad en el grupo enriquece porque hay diferentes puntos de vista y antes lo que era una necesidad práctica, se ha convertido también en una afición.

Durante este tiempo a cargo del taller, ¿qué es lo que más ha aprendido?

Creo que el formador siempre es el que más aprende. Yo tengo que estar pendiente de las nuevas técnicas y los participantes del curso, cuando aprenden algo fuera, luego me lo enseñan a mí. Yo empecé con Juan Antonio y poco a poco he ido aprendiendo cosas diferentes, pero siempre le digo a los alumnos que tienen que ir un paso delante de mí.

Más allá de las técnicas, ¿qué nos dice de los valores que se van forjando?

Claro, esas son otras cosas que también se aprenden. Por ejemplo, de los esparteros que hemos ido visitando a lo largo de los años, te encuentras gente que quiere compartir lo que sabe. El compañerismo es importante, en la gente mayor veo mucha solidaridad y cómo se ayudan unos a otros. El tema del esparto, aparte de que pueda convertirse en una artesanía, en el proceso se aprenden valores. Es una oportunidad para trabajar la paciencia. Como digo: más allá del trabajo final, en el camino se aprenden muchas cosas.

Fotografía de Jorge Soldevila
Fotografía del Museo de la Biodiversidad publicada en Facebook

Además del valor ornamental, ¿cuál es la importancia del esparto como recurso natural?

El esparto, como recurso natural, tiene muchas posibilidades. Lo que pasa es que no se está usando con todo el potencial que tiene, no porque no sea bueno, sino por cuestiones de mercados y de productos con mejor precio. Pero es un recurso renovable; y ahora que hablamos tanto de los plásticos, en la medida que podamos sustituirlos, no podemos descartar que a corto o medio plazo, el esparto se pueda utilizar en lugar de productos que crean problemáticas ambientales. Es cuestión de que sea una alternativa real.

¿En el taller de esparto está presente el crear esta conciencia ecológica?

El curso es totalmente práctico, pero sí que es cierto que al comienzo, a modo de introducción, se habla de la importancia ecológica de los espartizales y de cómo el rescate del esparto es una medida viable.

Fotografía de Dietmar Roth

¿Por qué es importante transmitir estos conocimientos?

Nosotros tenemos un hombre que sigue haciendo esparto, con 102 años, en Albacete. El contacto con personas como él, que aprendieron la técnica del esparto por necesidad, es una experiencia que nos enriquece, porque vemos cómo la vida ha cambiado. Estamos viviendo en ese punto de inflexión, en ese cambio de paradigma entre la cestería y el esparto, buscando un nuevo uso. Para nosotros es fundamental, casi una obligación, conservar esa sabiduría popular y dotarla de un nuevo sentido, para que no se pierda.

¿Cómo cree que las futuras generaciones asuman la salvaguarda del esparto?

Yo creo que estamos en un momento en el que se ha dejado atrás el ignorar el valor de las piezas y dejar de asociar el conocimiento de estas prácticas a “la incultura”. Creo que poco a poco va a entrar como una valoración nueva de nuestras raíces. Antes sucedían casos en los que cuando tocaba hacer limpiezas de las cámaras en los pueblos, simplemente las piezas amontonadas de esparto las tiraban o las quemaban. Pero eso ha dejado de pasar, porque el que lo ha quemado no ha sido nunca el que lo ha hecho pues sabe el valor que tiene. Es algo que está relacionado con el respeto y con el valor que le das al trabajo del otro, y es lo que a estas generaciones y a las futuras, buscamos inculcarles.

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Titiritando

#Titiritando

 EL TRABAJO EN EQUIPO, EL AMOR Y LA AMISTAD, LOS VALORES DE #TITIRITANDO

“Queremos que los niños y las niñas de Villarejo de Salvanés vivan una Navidad diferente”. Una frase que denota deseo, intención, ganas. Más allá de una búsqueda personal, un verbo que involucra muchas personas, distintas voluntades, unidas para conseguir un objetivo: realizar el taller #Titiritando, en el que los más pequeños aprendieran a elaborar sus propias marionetas, manipularlas y, además, preparar una representación navideña delante de los vecinos de la comunidad.

¿Cómo lograrlo?

El camino inició con la fusión entre la compañía Periplo Marionetas, la asociación cultural Las Julianas, el colectivo Villarejo Educa y nuestra asociación Al Fresco. Cada uno, desde sus áreas, aportó ideas para llevar a cabo este proyecto colaborativo en el que la creatividad guió la ruta emprendida desde mediados de noviembre. El lanzamiento de una campaña de crowdfunding en la que se invitaba a colaborar a través de pequeños (pero significativos) donativos, así como la difusión de un vídeo promocional de #Titiritando fueron las primeras acciones que pusieron en marcha la actividad.

Así, haciendo uso de todas las herramientas y vías de comunicación online y offline que estaban en nuestras manos, se corrió la voz entre los padres y madres que se interesaron por inscribir a sus hijos e hijas en el campus que tuvo lugar en la Casa de la Juventud. Paso a paso, día a día, las marionetas que se veían desde lejos, todavía sin armar, empezaron a tomar forma. La recaudación de fondos en mercadillos con artículos navideños, la compra de los materiales para construir los títeres, la programación de las jornadas del taller, la preparación de las plataformas de inscripción, tan solo son algunos de los detalles que las personas involucradas asumieron con el interés de ofrecer una maravillosa experiencia de aprendizaje: teatro, arte, manualidades, educación, cultura, más la magia de la Navidad, ingredientes indispensables en la aventura.

Transcurrido el tiempo, se iba haciendo eco la canción “All you need is love” de la mítica banda de los Beatles que mueve los sentidos. Y, precisamente, luego de los esfuerzos de los implicados, era un hecho que los niños y niñas de Villarejo de Salvanés tendrían la oportunidad de emocionarse, conmoverse y, sobre todo, dar vida a sus propias creaciones. En la ruta trazada fueron fundamentales tanto la gestión del Ayuntamiento, representado por la Concejalía de Cultura, como la colaboración de las personas que realizaron donativos en la campaña para unas inscripciones más asequibles: la meta inicial era recolectar 300 euros y, superando las expectativas, se alcanzaron 356 euros. Una muestra de cómo cada granito de arena es valioso cuando se trata de crear historias que aportan valiosas experiencias.  

¡Todo listo!

Llegados los días 26, 27 y 28 de diciembre, fechas pautadas para Titiritando, Diana Romero y Andrés Maturana, diseñadores, constructores y manipuladores de títeres e historias, integrantes de la Compañía Periplo Marionetas y especialistas en marionetas, dirigieron a los pequeños en la construcción y el movimiento coreografiado. Victoria Álvarez Rodríguez, actriz y profesora de teatro infantil y para adultos, de la Asociación Las Julianas, llevó a cabo las profundización en técnicas de interpretación, proyección vocal, memorización, concentración, relajación y trabajo en equipo.

Desde el primer momento, los niños y las niñas, fueron divididos en grupos de acuerdo a sus edades. El primer paso: que cada uno elaborara, con total libertad, una marioneta adaptada a sus habilidades, con el fin de que se convirtiera en un personaje dentro de la historia y coreografía final. Así, en el espacio irrumpieron el sol, la nieve, el fuego, los muñecos de nieve, el reno, las hojas. Fieltro, cartulinas, guirnaldas, poliespan, rotuladores, acrílicos, pintura, sirvieron para diseñar coloridas figuras de acuerdo a sus gustos y preferencias. Un trabajo en equipo donde cada aporte era escuchado.

En el segundo día se dedicaron a aprender a manipular las marionetas. Después de ultimar los detalles de las que quedaron por pulir, cada pequeño descubrió cómo debían mover sus manos para dar vida a sus creaciones, demostrando un “nivel titiritero” que sorprendió y agradó a sus mentores. Esta demostración indicó qué personajes y roles asumirían para la representación y así empezaron a organizarla.

“Vamos a contar una historia”, escucharon a comienzos de la última jornada. En palabras sencillas: Un reno se pone triste porque se queda solo después de caer del trineo y conoce a dos muñecos de nieve que juegan tenis. La importancia del abrazo entre ellos radica en que estando a la intemperie empiezan a tiritar de frío. Los niños, cuando escuchan relato, preguntan: “Si son muñecos de nieve, ¿cómo van a sentir frío?”. “Esto es teatro”, responden Diana, Andrés y Victoria, explicándoles que ellos también tienen su corazoncito y saben que sentirán calor si se abrazan.

Entonces, después de contar y memorizar los detalles, empezó el reparto de los personajes. Por grupos, nuevamente, ensayan los movimientos de las marionetas. En el proceso descubren cuán necesario es que estén coordinados: el reno no se mueve si uno de ellos no hace su parte, lo mismo sucede con las demás figuras. Entre tanto, demás y niños e incluso algunas madres colaboran con la construcción de la escenografía que ambientará la obra. Más adelante, Victoria los reúne a todos en un salón, donde les enseña ejercicios de relajación: a respirar con el diafragma para calmar los nervios que siempre aparecen cuando es hora de estar frente a una gran audiencia. Siguiendo las instrucciones para el día siguiente, los niños se marchan a casa. Llevan en sus mochilas una hoja de invitación para que toda su familia los acompañe en este instante tan especial.

Todo lo que necesitas es amor

El momento esperado por tanto tiempo finalmente llegó. El sol que animado se asoma está a punto de ocultarse. La cita es a las seis de la tarde. Los niños y las niñas de Villarejo de Salvanés que participaron durante tres días en el taller de marionetas #Titiritando están listos para realizar una representación navideña y demostrar ante el público todo lo aprendido a lo largo de esas mañanas de creatividad, ingenio, diversión, y actuar como teloneros de “Menudo Laboratorio”.

Los espacios de la Sala de Artes Escénicas de “La Fábrica” se convirtieron, más que en un escenario, en un espacio de libertad, de creación y de magia, en el que Martina, Ceci, Héctor, Jaime Hernández, María, Valeria, Erica, Alejandro Soria, Juan, Abel, Carla, Alejandro Cardona, Sara, Antonio, Coral, Paloma, Jaime Guerrero, Darío, Carlos y Daniel, movieron la marionetas que ellos mismos construyeron al ritmo de la mítica canción de la banda de los Beatles: All you need is love, cautivando al público asistente.

Sí: “Todo lo que necesitas es amor” es la frase que resonó desde sus voces y desde los cuerpos animados de figuras como los muñecos de nieve, los espíritus de la navidad y el reno, así como las hojas, el viento, las nubes, el sol, la nieve, la pelota y el fuego, cada uno de ellos personajes interpretados por los más pequeños, protagonistas de una historia que transcurre en medio del frío invernal.

Juntos, recrearon la importancia de la amistad y el amor, valores que no solo se reflejan en la infancia, a través del juego, de los abrazos, del compañerismo, del trabajo en equipo, sino durante toda la vida. Esta representación fue el resultado de una creación conjunta en la que cada trazo, dibujo, recorte, pintura que nació de la imaginación de los niños y las niñas, cobró vida gracias a la disposición de construir y animar sus marionetas, así como ensayar y preparar la obra de la mano de maravillosos profesionales del mundo del títere y la actuación. Esa noche, en medio de los aplausos, conectaron con sus capacidades infinitas de crear y, los más grandes, tuvimos la oportunidad de volver a nuestra infancia, imaginando sin parar, disfrutando de #Titiritando.

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EL DÍA QUE LA PHILOMOBILE PASÓ POR VILLAREJO DE SALVANÉS

El día que la Philomobile pasó por Villarejo de Salvanés

 LA MEJOR MANERA DE HACER FILOSOFÍA ES USAR EL IDIOMA DE LA GENTE. TODO EL MUNDO SABE QUÉ ES LA FELICIDAD, QUÉ ES LA MUERTE, LO DIFÍCIL ES DECIRLO. POR ESO LA FILOSOFÍA VIENE A LA GENTE.

Hace buen tiempo en Villarejo de Salvanés. El sol, generoso durante esta mañana, brinda calor a quienes transitan por las calles.

Aquellos que en medio de su paseo cotidiano acostumbran mirar alrededor, se encuentran con flechas amarillas fijadas en árboles, paredes y postes. Señalan el camino hacia la Plaza de la Iglesia y  en ellas se lee “La Philomobile” con una furgoneta de fondo. 

“Espacio reservado” son las letras que destacan en el suelo. En este lugar está previsto que aparque la filósofa Laurence Bouchet, quien emprende un viaje desde Francia hasta Marruecos, con parada en Madrid y también en Villarejo, para realizar diálogos filosóficos con personas de distintos pueblos y culturas, recolectando maneras de pensar de los otros, confrontando ideas diferentes, hallando puntos de encuentro.

Es casi mediodía y la Philomobile se estaciona en su sitio. Laurence Bouchet viaja junto a Rachida, Dominique, Choukri y Bruno. Llegan para filosofar con los abuelos y los nietos en una actividad intergeneracional, multicultural y artística en la Casa de la Tercia. Laurence y sus compañeros recorren algunos rincones del pueblo para aclimatarse. Mientras, en el salón donde sucederá la magia de filosofar, todos los detalles están preparados.

Una invitación a filosofar

Laurence afirma que dentro de la diversidad de identidades, la razón es algo que nos une. Esta reflexión indica el carácter universal de la humanidad, una característica que se hace palpable en el transcurso de la tarde. Es hora de comer: los cinco viajantes, además de Mercedes, Ana y Diego, de Philo Trivium; los artistas Ernesto y Maru; Esther, Antonieta y María Laura, integrantes de Al Fresco, compartimos la comida, pero también las ideas.

Durante este lapso de tiempo sucede un intercambio cultural maravilloso, representado por la mezcla de idiomas, sabores, aficiones, opiniones. A lo largo de las mesas que unimos, conversamos unos con otros, argentinos y franceses, españoles y venezolanas, marroquíes y canadienses, vinculados por la filosofía y el arte, prácticas que traspasan fronteras, donde los temas que salen a relucir son los que siempre nos concierne: la necesidad vital de crear.

Ahora, que es momento de arrancar con la actividad, volvemos todos a la plaza, donde continúa solo una parte de la aventura. Ernesto, vestido con traje y sombrero, recorre las calles del pueblo, regalando a los transeúntes minutos de improvisación e invitando a que asistan a los diálogos. Entre tanto, se llevan a cabo las sesiones express, en las que Laurence camina por la plaza y conversa con gente dispuesta a filosofar en pocos minutos.

Una de ellas es Rosa, una abuela que juega con su nieta Cristina en el parque: ocasión propicia para dialogar. Laurence, luego de saludarla, explica que este viaje es para conocer cómo piensan las personas de otros lugares. En Villarejo de Salvanés, específicamente, qué piensan los abuelos de sus nietos y qué piensan los nietos de sus abuelos. Rosa comenta que el mundo de los niños es tremendo, así como su imaginación. “Todos los niños preguntan mucho, esta es un libro abierto”, añade señalando a su nieta. Laurence, que dialoga con ella, se detiene en preguntarle cuánto le sorprenden las cosas de su nieta, proponiéndole que la próxima vez que ésta le haga alguna pregunta que no sepa responder, tome un cuaderno y la apunte para reflexionar sobre ella.

Así, suceden diálogos cortos. En ese instante, la voz alegre de Choukri exclamando “¡Palomitas! ¡Palomitas!” se escucha cerca de donde está estacionada la furgoneta, y empezamos a repartirlas en bolsas a los niños y adultos que pasan por allí. Justo en la entrada de la Casa de la Tercia, Bruno permanece sentado, pintando la torre del castillo en acuarela. Falta poco para que el diálogo filosófico comience. En seguida, invitamos a todos a entrar.

Recordar las ideas para construir

Las luces del salón están apagadas. La tenue iluminación solo corresponde a velas, faroles y lucecitas dispersas en el suelo. El olor a membrillo impregna el ambiente. Laurence está sentada en una de las sillas que conforma el círculo que se hace más grande con cada nuevo participante. Niños, jóvenes, adultos y mayores, algunos acomodados entre la moqueta y los cojines, curiosos por entender de qué va todo esto de practicar la filosofía.

En el primer acercamiento, ahonda en quiénes son los nietos que están allí, preguntándoles qué significa para ellos el “ser abuelo”. Uno de los niños, de unos siete años, levanta la mano y contesta: “Un abuelo es alguien que nos quiere mucho”. Tomando en cuenta esta idea, Laurence indaga en quién piensan igual que este chico. Al unísono, los presentes, dejan saber que para ellos es “lógico” que los abuelos quieran a sus nietos.

A partir de entonces, el diálogo filosófico se centra en las manifestaciones del amor entre los abuelos y los nietos, algunas de ellas reflejadas a través del cuidado y los mimos. También, en la paradoja de sentirse queridos por quienes no saben cómo expresarlo. Porque, a fin de cuentas, ¿acaso el amor lo enseñan en las escuelas?, pregunta. Algunos responden que precisamente las experiencias de la vida nos enseñan a amar.  

“Cada quien tiene su forma de expresar lo que siente”, “hay nietos que demuestran el amor más que otros”, “mi abuela no demostraba el amor como otros abuelos, pero igual nosotros la queremos mucho”, “mi nieto discute mucho con su madre pero no es capaz de decirle que la quiere”, son algunas de las frases que nacen de un ejercicio profundo, que a medida que transcurre la sesión, toca las fibras sensibles.

Más adelante, la conversación se orienta hacia cómo la rabia y el amor pueden ir de la mano, aunque a simple vista suelen ser conceptos contradictorios. En la sala, se comparten argumentos a favor y en contra de esta afirmación, así como experiencias personales vinculadas a ella. El instante propicia el contraste que nace de las opiniones cruzadas entre nietos y abuelos, quienes llegan a una conclusión más o menos común: debemos amar a los que estén con nosotros.

Es innegable que esta experiencia deja a todos consternados. Es lo que precisamente hace la filosofía: inquietar, remover, incomodar. Laurence, que mira el reloj y sabe que es el fin de la jornada. “Lo importante es que ahora pensemos en esta ideas fuertes y las repitamos porque dan fuerza. Si queremos construir algo, debemos recordarlo”.

En medio del estado de perplejidad, las luces se encienden y aparece el actor Ernesto Zuazo, con un espectáculo de improvisación, inspirado en los temas de los diálogos, valiéndose del humor para atrapar al público y hacerlo partícipe también de su trabajo, pues son ellos los que lanzan las palabras para que él  construya la historia. Asimismo, invita a los asistentes a que tomen como obsequios los adornos hay en la sala que se ha convertido en hogar durante este encuentro: las plantas características de Al Fresco, y los libros de distintos títulos distribuidos en el lugar, en un empeño por compartir medios que promuevan la lectura.

Aunque no todo termina allí. Al salir, las personas se consiguen con la exposición “Fotografía significa dibujar con luz”, de la artista Maru Zapatero, encargada de crear una obra durante el diálogo filosófico,  “poniéndole lupa” a los temas planteados. Sus fotografías se transformaron en marcapáginas diseñados por Esther San Vicente, quien armó, minuciosa, las piezas con las frases rescatadas en el encuentro y que son las que cuelgan con pinzas de una gran red. En este espacio, los asistentes se reencuentran con la experiencia que hace apenas unos minutos vivieron, sorprendidos por hallar sus palabras convertidas en arte. “Un abuelo es una persona que quiere mucho” es de una las frases impresas que se llevan. Cualquier regresa removido a casa…

“La filosofía nos concierte a todos”

Esta crónica quedaría incompleta si dejáramos de mencionar las palabras que dedicaron los compañeros de Turismo Villarejo de Salvanés en sus redes sociales. “La Casa de la Tercia también es la Casa de la Filosofía. Todo cabe en la Casa de la Tercia, todo encuentra su refugio en este histórico edificio frente a los asedios implacables del tiempo. Y es que la filosofía concierne a todos (…)”.

Hoy, cómo no, pensando, reafirmamos la creencia de que la filosofía es una alternativa de actividad cultural en la demanda de ocio como el cine o el teatro. Nos invita a la reflexión, al disfrute de encontrarnos con nosotros mismos y con los demás, y por supuesto, a transformar el mundo en el que nos ha tocado vivir.

Seguiremos llamando a la puerta de esta casa que queda abierta en Villarejo. Y reuniéndonos en«lugares comunes a nuestra identidad para despertar la llama del hogar humano que son esas preguntas fundamentales que siempre nos hacemos» . Y pararemos el tiempo en busca de respuestas con quienes estén decididos a acompañarnos.

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LAURENCE BOUCHET, EL VIAJE DE UNA FILÓSOFA SIN FRONTERAS

Laurence Bouchet, el viaje de una filósofa sin fronteras

Todas las fronteras, dicen, son imaginarias. Sin embargo, en los mapas podemos visualizar cómo los territorios están marcados, separados por líneas que indican dónde empieza y dónde termina una región. La francesa Laurence Bouchet está dispuesta a cruzar esas mismas fronteras, imaginarias o no, con una herramienta infalible: la razón.

Un viaje desde Francia hasta MarruecoS

Desde Pontarlier (Francia) a Casablanca (Marruecos), a bordo de La Philomobile, reafirmará la creencia de que aunque no todos tengamos la misma opinión, especialmente si pertenecemos a culturas distintas, sí contamos con algo que nos une: la capacidad de pensar, o de ir más allá, razonar nuestras ideas desde un punto de vista diferente al habitual. En la ruta, Madrid también es una parada. Villarejo de Salvanés tendrá el privilegio de descubrir esta una furgoneta filosófica paseando entre sus calles, y los abuelos y los nietos serán los protagonistas de esta práctica de dialogar.

Fotograma de Laurence Bouchet en el interior de La Philomobile

Laurence Bouchet, quien durante 25 años fue profesora de Filosofía, no ha dejado ni un momento de animar a sus alumnos y a todas las personas que se encuentra en el camino “a pensar por sí mismos”. “A participar, a descubrir el placer del asombro y al cuestionamiento, a ser autónomos. Mientras toman sin inhibición la cultura en la que se bañan”.

Hace cinco años, motivada por agitar el pensamiento en cada lugar, inició el proyecto que invita a filosofar en la ciudad, dirigiendo talleres en prisiones, escuelas, bibliotecas, negocios; además de ofrecer capacitación en práctica filosófica a maestros, educadores y animadores socioculturales. Porque… ¿De qué sirve el conocimiento si no se comparte?.

Diálogos filosóficos guiados por Laurence Bouchet
Las prácticas filosóficas llegan a las calles

“Para democratizar el enfoque filosófico inventé el concepto de Philomobile: una furgoneta convertida en un centro de discusión que permite filosofar con todas las personas”. En la práctica es un medio que transporta no solo los cuerpos, sino también las ideas y, a su vez, se va alimentando con las experiencias de quienes las comparten.

Por ello, este viaje que emprende cruzando un continente a otro, es una oportunidad para el encuentro con aquello que resulta diferente y así profundizar en las formas de pensar que se gestan entre quienes conforman las diversas culturas. Un diálogo filosófico en el que su gran valor será precisamente la posibilidad de mezclarnos, de juntarnos.

Laurence Bouchet plantea este proyecto basado en el cuestionamiento socrático que fomenta la escucha y la atención, con el propósito de preguntarnos, primeramente, si entendemos lo que dice el que está a mi lado; para ello, antes que todo, es necesario escucharlo. A partir de ese momento, de la escucha, es cuando reflexionamos si compartimos su punto de vista y en cuál es la diferencia entre su idea y la nuestra.

Cartel promocional de La Philomobile

 

“En un mundo en crisis donde los pensamientos se congelan (…), donde los hombres se enfrentan entre sí sin siquiera tratar de entenderse, donde a menudo reaccionamos antes de pensar, es posible enfrentarnos de otra manera: Tomarse el tiempo para filosofar mientras camina y eso es lo que pondremos en práctica durante este viaje”. Desde Al Fresco estamos seguras de que la filosofía, como Laurence Bouchet, no tiene fronteras.

La magia de La Philomobile
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El reto de transmitir la cultura del esparto a los más jóvenes

El reto de transmitir la cultura del esparto a los más jóvenes

Pascal Janin es autor del Plan de Salvaguarda de la Cultura del Esparto. Involucrado desde hace más de una década en una investigación que nace del descubrimiento de una materia que no solo forma parte de una tradición artesanal u ornamental, sino que representó la actividad socioeconómica más importante en la década de los 60 en las regiones esparteras de España.

A propósito de este proyecto y las actividades que se realizan para incentivar que las nuevas generaciones vuelvan su mirada a este oficio, quisimos conversar con él para conocer de cerca qué lo movió a entregarse a esta lucha reivindicativa.  

Aunque desde el principio deja claro que es francés y que en su niñez o adolescencia nunca vivió en España, ni en latitudes donde creciera el esparto, explica que la sensibilidad hacia la naturaleza por haberse criado en medio de paisajes frondosos y con grandes árboles, siempre estuvo presente en él, intensificándose en el acercamiento a los paisajes desérticos que vivió a través de películas de vaqueros y sus emocionantes viajes a Marruecos y Turquía, donde descubrió otro tipo de paisaje interpuesto entre el desierto y los bosques.

Diego. Foto: Pascal Janin (2007)

“Son los paisajes áridos y esteparios que descubrí aquí en España, de los cuales me enamoré y empecé a entender cómo se conformaban estos ecosistemas. En ese proceso, poco a poco me di cuenta de que el esparto era una fibra absolutamente necesaria y, por ello, sentí que debía hacer algo con estas plantas y con estas comunidades para que no se perdieran los saberes, pero sobre todo para proteger el Medio Ambiente. Por eso, con el fin de preservarlo, me parecía prioritario promover una operación de salvaguarda de la cultura del esparto”, cuenta.

Hablar acerca de la importancia del esparto en España es definirla con la palabra “tremenda” desde tiempos remotos. Una hipótesis plantea que la atocha, tal y como se le conoce en nuestros días, podría ser el resultado de un proceso de domesticación, que dio lugar a la mejora de una especie, a partir del neolítico,

Por otro lado, la certeza de que en épocas romanas las flotas de guerra más importantes del Mediterráneo venían a buscar esparto en los campos espartanos de Cartagena, incrementando el comercio internacional. En el siglo XVII, su utilización fue protagonista en la construcción de las casas, con cintas kilométricas de esparto que sujetaban columnas. Más tarde, justo después de la Guerra Civil, los sacos se fabricaban con el esparto y la artesanía empezó a formar parte vida de la producción nacional.

En definitiva, el esparto cobró una importancia fundamental entre la población, así como en la configuración de las identidades, que Janin describe como un acontecimiento complejo en fases. “Estas comunidades necesitaban del esparto para solventar sus necesidades cotidianas: cuando se te rompía el lavabo de la cocina, tenías que repararlo con tus propios medios y la gente usaba lo que tenía alrededor: tierra, barro, yeso y, por supuesto, esparto. De ahí pasa a comunidades que van utilizando el esparto por negocio, para ganarse el pan, desde artesanos a industriales, en un comercio del esparto que arranca en fechas de la historia antigua. Luego, nos encontramos con nuevas comunidades esparteras que giran en torno al ocio, empieza a haber gente que trenza el esparto por puro placer”, relata.

Cogedor de esparto. Foto: Pascal Janin (2007)
Portadas de informes pertenecientes a la segunda parte de los Estudios y Experiencias sobre el Esparto, publicada por el Servicio del Esparto en 1953.

Transmisión intergeneracional de los saberes del esparto

Este breve recuento del pasado, inevitablemente hace trasladarnos al presente y, en consecuencia, al futuro. Precisamente la preocupación por la transmisión de estos oficios a las nuevas generaciones, es lo que impulsa este Plan de Salvaguarda de la Cultura del Esparto, liderado por Janin, a pesar de las dificultades que siempre son las mismas: la financiación, que depende del dinero que pueda invertir el Estado. A pesar de ello, destaca que han conseguido un apoyo importante por parte de la administración, pues se ha hecho eco de esta “alarma”, consciente de que había que hacer algo.

“Entonces se han podido contratar expertos para hacer estudios y así construir este plan que es una posibilidad de abrir puertas, que por otro lado sería complicado de abrir en un territorio tan grande. El primer paso era que se reconociera como representación del patrimonio cultural internacional, y en esa dinámica estamos montando eventos. Entre ellos, por tercer año consecutivo, realizamos el Encuentro Nacional sobre la Cultura del Esparto, en el Museo del Esparto (Cieza, Murcia)”.

Esta iniciativa pretende alcanzar a los más jóvenes, no solo en el mundo rural, sino aquellos que viven en las ciudades porque son mayoría. “Te diría que es lo fundamental. Cuando estamos hablando de una cultura en vías de extinción tenemos que pensar en transmitir los saberes de forma intergeneracional. El gran reto que nos planteamos es hacia los más jóvenes. Nos interesa el perfil del joven urbano y contemporáneo, pues ahora mismo en el mundo rural emplean otros materiales para solucionar sus problemas”, apunta.

“El mundo rural no es el abuelito que va a recuperar tres tomates en su huertos, sino empresas que compran centenares de tierras y utilizan abonos químicos para producir cien mil lechugas en tres segundos. Este mundo rural que es el real, el de hoy, está alejado de la cultura del esparto y hay que darlo por perdido. Existe, es cierto, una pequeña parte del mundo rural que se ha respondido y en las pequeñas fincas, por ejemplo, algunas personas utilizan el esparto en sustitución del plástico porque saben que no contamina la tierra”.

Museo del esparto de Cieza
Una espartería en Madrid. Foto: Pascal Janin (2015)

La aplicación del esparto en la vida

Una de las claves de este Plan de Salvaguarda es acercar la actividad del esparto a la vida diaria de las personas, para que realmente la apliquen, más allá de decir: ¡Mira qué importante es! ¿Cómo conjugar el rescate institucional que suele moverse en una línea teórica y de exhibición para que las nuevas generaciones la incorporen en su cotidianidad?

Ciertamente, cada realidad es distinta; pero enfocándonos en aquellos pueblos que conservan la tradición espartera, Janin plantea algunas formas. La principal, asegura, es necesaria a nivel educativo. Es decir, que la propia escuela se involucre en comunicar a los alumnos que viven en zonas esparteras los valores de esta cultura, sobre todo haciéndoles trabajar sobre el patrimonio que representa, pues hay cosas muy sencillas que se pueden impulsar desde un aula.

“Ustedes han estado en Villarejo de Salvanés, y han visto cómo se han localizado distintas industrias esparteras de hace 30 o 40 años. Eso es fácil de impulsar desde la escuela, proponiendo que el profesor invite a los niños a trabajar sobre este tema y que luego hicieran encuestas en sus entornos próximos, moviendo la curiosidad de los jóvenes, haciéndoles tomar conciencia de lo efímero que puede ser una actividad y que no por ello le resten valor”, manifiesta.

Por otro lado, para Janin, el arte es una posibilidad, una herramienta, un medio, contemplado dentro de este plan porque “comunica a muy altos niveles los valores de esta cultura”. En ese sentido, es importante que los artistas contemporáneos sean un cauce, que aboguen por ella, que se interesen por ella, en procesos de participación ciudadana. “Hay que ir mucho más allá. Involucrar a la ciudadanía en el desarrollo de este plan”.

Retomando la idea de Villarejo de Salvanés, municipio que resguarda los saberes y los conocimientos teóricos y prácticos del esparto, pero donde también se teme que la actividad desaparezca porque no está pasando a las nuevas generaciones, Janin insiste que la clave es unir a todos los agentes en un proceso donde los mayores entreguen este contenido a los más jóvenes, a través de actividades que resulten atractivas para ellos, que trasciendan a la vida. Sin embargo, considera que es importante ver todo el planteamiento desde un escenario global. “Hay otros lugares donde se ha avanzado y dado respuestas interesantes con respecto a la transmisión intergeneracional de los conocimientos. Además, saber que el esparto es un patrimonio común entre España, Argelia, Marruecos y Túnez, y también hay que ver cómo se mueven las comunidades en aquellos países, para tomarlos como referencia. En suelos marroquíes es distinta la realidad espartera a la de los suelos de España. Es cierto que es difícil y preocupante pero no hay que desanimarse porque también hay posibilidades de ganar la batalla”.

hilada tradicional en Agromadrid (Villarejo de Salvanés)
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El valor de las cosas a través de “lo efímero”

El valor de las cosas a través de “lo efímero”

Sucedió, una vez más, por causalidad. “Jardín colectivo: un pensamiento puesto en acción” decía la publicación que cayó en nuestras manos. Epicuro planteó el jardín como un Ágora que podía reunir a la comunidad para reflexionar, charlar y florecer rodeados de naturaleza. Esto es algo que nosotras podemos intuir y que entendemos que forma parte de nuestra sensibilidad. Por ello, emperradas en compartir los cultivos hidropónicos que hacemos reciclando botellines de cristal, preparamos una cesta que viajó en autobús, metro y taxi antes de encontrarse con las demás compañeras que formarían parte del Garden State del Teatro Conde Duque, en Madrid.

A lo largo de una semana estuvieron allí nuestras plantas, formando parte de esta acción conjunta a la que se sumaron no solo los vecinos de los alrededores, sino personas de la periferia de Madrid cuidadando, contempladando, admiradando y, en definitiva, se transformando el espacio en un lugar de reflexión.

Entre las actividades que formaron parte de la programación, una de ellas nos cautivó especialmente: “Arquitecturas efímeras” era el nombre del taller al que acudimos como colectivo. En el encuentro, guiado por las chicas de Qita, generamos entre todos los presentes un paisaje nuevo, en el que realmente no sabíamos qué iba a salir. La idea era mirar cómo el lugar tomaba formas diferentes con cada una de nuestros sonidos, movimientos, gestos.

Días más tarde, cuando llegó el momento de que el Jardín Efímero finalizara, también nos enrumbamos a Conde Duque para ver el atardecer en el jardín. Lo que estaba llegando a su fin fue la maravillosa experiencia de una programación muy bien pensada, llena de actividades distintas donde las plantas y la comunidad fueron las protagonistas y donde el centro Conde Duque se convirtió en un anfitrión único compartiendo su jardín como rincón de paz

Al culminar el encuentro, como no queríamos conformarnos con nuestra experiencia, empeñadas en ahondar todavía más, contactamos con Belén Santa-Olalla, quien forma parte del grupo de artistas asociados de Conde Duque y fue la comisaría del Garden State, a la vez que dio apoyo al colectivo Mamaza y a los encargados de la producción del jardín. Con ella, conversamos acerca de los detalles de esta iniciativa y los proyectos que vienen, pero también sobre cómo el carácter de lo efímero marca una reflexión en torno a aquello que se nos pierde, en medio de la necesidad actual de que los procesos culturales conduzcan a la participación.

Belén Santa-Olalla

¿Cómo surgió la actividad? ¿Cuál fue el trabajo del colectivo Mamaza?

La dirección de Conde Duque decidió que  el colectivo MAMAZA llevara a cabo este proyecto de Garden State que ya se ha hecho en otras ciudades. Vieron en esta idea un proyecto muy interesante que da cuenta del nuevo rumbo que tiene el centro. Además, Mamaza ya ha realizado otros proyectos en España como el de SINGLE LINE que unió el barrio de Usera con Matadero.

 

¿Qué viene ahora en Conde Duque?

#TomaCondeDuque ganó el concurso de la dirección del centro. Su propuesta busca conectar los  conceptos de archivo y de memoria con un código abierto que pueda acercarse a la ciudadanía y a los vecinos. Además, pretende ofrecer oportunidades a artistas con distintas disciplinas y trayectorias, artistas reconocidos y artistas jóvenes y nuevos.

¿Cuál es la importancia de los procesos participativos en los proyectos culturales? ¿La cultura y el arte deben concebir un compromiso social?

Es importante saber que cualquier expresión cultural  o artística es una expresión política, es un posicionamiento al mundo en el que vivimos pero, no por ello debemos pensar que es una obligación para los artistas manifestarlo de un modo explícito.

En cuanto a los procesos participativos, ese abrir la cultura e integrar a la comunidad a la creación artística, es algo que me interesa mucho. Es fabuloso ver cómo las comunidades pueden formar parte de experiencias artísticas. En estos procesos el artista se convierte en un facilitador de la información que ofrecen las comunidades.  Estamos en un momento en que el espectador no es un espectador pasivo, sino que es activo y reactivo. No es un mero receptor de contenidos, sino que toma decisiones e interactúa y co-crea los contenidos.

¿Qué papel juega lo efímero? ¿Por qué decidieron este formato? ¿Cuál es la continuidad de lo efímero?

En este proyecto de Garden State lo efímero viene directamente desde Mamaza,  ellos han sido los que han marcado la pauta.

Yo particularmente pienso que de lo efímero se saca un valor que nos permite reflexionar sobre la caducidad. Como creadora de experiencias escénicas lo efímero siempre me  ha parecido algo muy interesante ya que en una experiencia teatral, aunque se repita y sea la misma obra, siempre estás viviendo algo único y diferente.

Lo efímero es algo en lo que se puede hacer hincapié como creadores porque va en contra de la idea tecnológica de que todo permanece y que nada se pierde. Vivimos en un espejismo donde nos creemos que todo perdura. Lo efímero nos permite darle valor a cosas y recordar que nuestra vida misma es efímera. Cualquier acto que reivindique lo efímero nos lleva a la pregunta fundamental de cuál es el sentido de la vida. Si nos enfrentamos más a lo efímero podríamos darle más valor a la vida. Hoy en día todo es un servicio pagable, accesible,  podemos tenerlo todo en nuestras manos siempre que queramos. Nos olvidamos de esos valores analogicos, de cosas que envejecen, pasan y marchitan y que todo esto genera distintas emociones que estamos olvidando.

Lo efímero está vinculado a un tipo de emoción humana sobre la que debemos reflexionar.

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LA CONTINUIDAD DE LOS PROYECTOS CULTURALES EN ENTORNOS RURALES

La continuidad de los proyectos culturales en entornos rurales

UNA CLAVE DIBUJADA AL FRESCO
Fue a través de El Cubo Verde que nos llegó la convocatoria de un encuentro en Plasencia llamado como nuestro proyecto: “Al fresco”. Cuando pensamos en Al Fresco, para nosotras es precisamente eso: un lugar de encuentro; un lugar sencillo, un espacio de confianza para compartir, una forma de habitar el mundo. El colectivo IMAGO BUBO organizaba el II Encuentro de Cultura y Cine en el Mundo Rural con una programación de cinco días de cine y charlas que invitaba a encontrar la simbiosis entre lo rural tradicional y lo rural contemporáneo. El evento pretendía “pensar y re-pensar las políticas culturales de las zonas rurales”.  Nuestra curiosidad no dejaba espacio para la duda, debíamos asistir.

Allí, nos cuentan que el origen está en el proyecto de fotografía y vídeo de IMAGO BUBO que reunió a David G. Ferreiro y Amparo Moroño a raíz de El Cubo Verde. «AL FRESCO -aclara David- surge del querer reflexionar más allá de la producción. Siempre estamos haciendo y haciendo cosas pero creemos que a veces es importante pararse a pensar. Por eso surgen las charlas de los proyectos como modo de compartir experiencias y el cine de verano como un espacio audiovisual que invita a la reflexión y al diálogo.” «Y que también se pueda mostrar a los demás que es posible hacer este tipo de proyectos”.

Y si de compartir experiencias se trata, nosotras sentimos la necesidad de narrar lo que pudimos aprender de nuestros compañeros y compañeras durante este fin de semana.

Iniciativas que se juntan AL FRESCO

cAnicca fueron los primeros en presentarse. “Mejorando la madriguera” es el nombre de su proyecto en Hernán Pérez (Cáceres). “Todo se hizo en la calle, en un tenderete”, explican Carlos Muñoz y Thais Ibarrondo . Expertos en urbanismo, trabajan para que los espacios públicos sean lugares amables, creados desde el diálogo con sus habitantes.
El resultado del proceso en Hernán Pérez ha sido la redacción de un informe técnico con recomendaciones para las actuaciones urbanísticas en el municipio, basadas en las necesidades y los deseos de sus pobladores. Destinado al gobierno local, sus efectos están por llegar.
Underground Arqueología acumulan una amplia trayectoria de trabajo por el patrimonio cultural. Sus inquietudes les han llevado a crear SOPA, Congreso Internacional sobre Educación y Socialización del Patrimonio en el Medio Rural, cuya primera edición se celebró en Malpartida de Cáceres, en septiembre de 2013. Desde entonces han viajado por España y Latinoamérica proponiendo distintas formas de ver, tratar y considerar al patrimonio rural como generador de riqueza.
Convencidos de la innovación, los mapeos colectivos, el cine documental, el protagonismo de actores y espacios fuera del circuito académico, los formatos de reunión propicios para el diálogo y los safaris urbanos son algunas de las herramientas que emplean para la visibilización del patrimonio de forma participativa. “Los congresos SOPA son en realidad festivales expandidos” afirman Sabah Walid y Juanjo Pulido. De ellos han surgido, entre otras cosas, un Archivo Femenino de las Memorias Comunes.

Proyectos Artísticos Casa Antonino nació de una historia muy personal. “Somos de los lugares a los que llegamos, somos de las huellas de quienes nos han precedido, somos los paisajes que hemos vivido o imaginado”, puede leerse en la presentación de su web. Desde esta perspectiva de living landart se vertebra la propuesta de PACA para las residencias artísticas en una casería de Veranes (Gijón) que es también el hogar de Virginia y Giovanni.  “Nuestra convocatoria es muy abierta, no es necesario llegar conociendo el lugar ni producir ninguna obra antes de marcharse” dice Virginia. Su propuesta es tremendamente respetuosa con los vecinos, pues entienden que la responsabilidad colectiva es el factor imprescindible para que este tipo de acciones fortalezcan los lazos afectivos e intelectuales de las personas con los territorios.

Jornadas de arte en el Cortijo  es un proyecto de residencia artística de corta duración que surge en 2014. Pretende ofrecer un espacio/lugar de encuentro, diálogo y reflexión para desarrollar artísticos en torno al contexto social, natural y espacio público de Navas de San Juan (Jaén).
Antonio José López es el promotor del proyecto. Artista originario y habitante intermitente de ese municipio, cuenta que sus paisanos son gente muy abierta y acogedora, y esta característica ha transformado el proyecto: la idea inicial era ofrecer el cortijo de su abuelo como alojamiento y lugar de trabajo para los artistas, pero la repercusión que tuvieron los primeros trabajos planteó la necesidad de trasladarse al centro del pueblo.

El Cerro Gallinero es un centro de producción en Hoyocasero (Ávila) que acoge las intervenciones de artistas interesados en este paisaje abierto al descubrimiento de cualquier espectador. “La única condición para participar es conocer el terreno, porque el espacio dicta al artista qué hacer”, dice Carlos de Gredos. Residente del municipio, Carlos fue el primer artista en producir una obra de carácter permanente en el lugar. Y a partir de ahí, invitar a otros artistas para la creación en torno a la magia de la colina. “Conseguir que con piedras, lajas, rocas, seamos transportados por el cielo, nos quede el retrato de un amigo, o nos podamos poner un collar con perlas de agua, son algunos de los privilegios de este Cerro”.

El compromiso de SER LUGAR

Conocer estas iniciativas nos hizo pensar, inevitablemente, en la relación entre cultura, arte, entorno rural y política, conceptos indisolubles. Para David, quien nos habla en nombre de todo IMAGO BUBO, los entornos rurales son entornos un poco olvidados culturalmente. “Si separas la cultura de la política estas creando una cultura vacía. Pero es importante aclarar que por política no nos referimos a los partidos políticos sino a todo eso que es creado por el pueblo, por la sociedad”. El propio arte de “crear algo” se hace en un contexto determinado y siempre se vinculará con lo social y lo personal. Es importante recordar que toda la cultura rural surge de la política. Las manifestaciones artísticas y culturales en el mundo rural siempre responden a determinadas necesidades políticas que se expresan a través de estos medios”.
“Es necesario que haya una continuidad”, recalca David. “Si realmente se quiere hacer un proyecto participativo lo primero es habitar un lugar, sentir a la gente como propia y luego comenzar un proyecto. Si no hay confianza y no se crean lazos no se podrá crear algo genuinamente participativo. Hay que pararse a escuchar y, para escuchar de verdad, es necesario habitar permanentemente un lugar”.

No son casualidad, además, las palabras que Virginia (PACA) comparte, haciendo referencia al máximo rigor que se requiere en las prácticas participativas: “Ese compromiso de habitar el lugar con continuidad, con esa intención de ser lugar”. Una reflexión que encaja perfectamente con nuestras inquietudes. A casi dos meses de haber llevado a cabo el Museo Efímero en Villarejo de Salvanés, siguen intactos los deseos de continuar con este proyecto y que a la vez son la manifestación del compromiso que adquirimos.

Sin duda, como rezaba en su programa de mano: “¡Creemos en las noches Al Fresco.

FOTOGRAFÍAS CORTESÍA DE IMAGO BUBO

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TOMANDO EL FRESCO EN VILLAREJO DE SALVANÉS

Tomando el fresco en Villarejo de Salvanés

«ANTES LA GENTE ERA MÁS ATENTA.

ANTES ÉRAMOS COMO FAMILIA.

ANTES NO HABÍA NADIE QUE NO SE CONOCIERA.

ANTES NOS JUNTÁBAMOS AL FRESCO

 

Eso que llamamos belleza a veces aparece donde menos la esperamos… Sea cual sea tu idea de belleza, en esa ocasión habitó en un lugar seguro, para que no se nos olvide que su condición es sutil, plural y efímera… Ese refugio fue el patio trasero de La Casa de La Tercia, en Villarejo de Salvanés, transformado en museo durante una noche mágica de julio: la Noche en Llamas, uno de los eventos culturales más importantes del municipio.

Entre las miles de personas que participaron y disfrutaron de cada propuesta artística que llenó las calles y plazas, cientos de ellas, movidas por la curiosidad propia de quien se tropieza con algo nuevo, entraron para experimentar un recorrido donde la belleza se mostró en cada rincón; una belleza narrada, creada y mostrada por sus propios habitantes.

Hoy, cuando nos sentamos a recordar esa noche, las imágenes aparecen un tanto difuminadas. Para que no se nos escape ningún detalle, recurrimos a nuestra memoria más profunda y adoptamos la condición de un visitante que se pasea por cada uno de los espacios arropados por el arte. Allí, justo en el portón frente a la plaza y a la iglesia, nos situamos dispuestos a no perdernos de ningún detalle. La entrada es un largo pasillo con plantas verdes en los costados y con un cielo “de plástico” colorido e iluminado.

 

La mirada, en seguida, se queda fascinada ante la belleza de las mujeres de Villarejo, que convirtieron bolsas de plástico en un cielo de colores elaborado por diez mujeres de la Asociación de Mujeres Alcoranas. Cada uno de estos toldos consta de 300 bolsas de plástico recicladas, cortadas y convertidas en ovillos para tejer con la técnica de aguja de gancho. Valiéndose de su capacidad inventiva y esfuerzo, trabajaron durante meses dando una alternativa a bolsas que podrían haberse unido a las toneladas de desechos plásticos que invaden nuestros mares y océanos.

«Casi todas las cosas son bellas y feas a la vez», «Nuestro cerebro nos dice si algo es bello o feo», «Las cosas son bellas para cada persona», «Cuando haces algo mal, se dice que es feo porque está mal hacerlo», «El amor es belleza», «La belleza interior la vemos conociendo a las personas viendo lo que hacen», «Es bello cuando se expresan los sentimientos», «La belleza es alegre» son algunas de las frases de La belleza con ojos de niño que penden del cielo de nuestro zaguán. Son las reflexiones de los alumnos de 1º, 3º y 4º de primaria del CEIP Nuestra Señora de la Victoria en los talleres filosóficos dirigidos por Ana Sanz, Lucía S. Palacios y Antonieta Moreno. El artista Víctor Coeurjoly, que habita entre la creatividad y la practicidad, fue el encargado de transformar estas reflexiones en papel en mágicos farolillos y banderitas de festivo origami.

A medida que avanzamos, encontramos los textos que cuentan el origen de cada obra, distribuidos en distintos soportes. Entre ellos, cinco atriles fabricados por los estudiantes del último curso de Formación Profesional del Instituto Nuestra Señora de la Victoria. Este centro de estudios se encuentra en un edificio histórico que data del siglo XVI y cuya construcción duró casi 30 años. Los alumnos continúan simbólicamente esta labor formándose como constructores y mecánicos, siendo los atriles una expresión de su trabajo. Sin duda, nos percatamos de que todos los talentos tienen cabida en este lugar.

Así lo vemos más adelante en La belleza de la unión, un mosaico compuesto por 96 fotografías en miniaturas, tomadas por Esther San Vicente durante los dos meses de encuentros filosóficos con la comunidad de Villarejo de Salvanés. Una valla metálica está cubierta por las imágenes que cuelgan con pinzas y narran un proceso reflexivo en el que a lo largo de este tiempo los niños, adultos y mayores se volcaron. En esos encuentros la pregunta sobre la belleza estuvo siempre presente y permitió el descubrimiento de historias, anécdotas y experiencias que nos acercaron a la esencia del pueblo.  

Seguimos caminando y descubrimos, encima de una montañita de rocas, la obra de Clara Lurueña Miguel. Nada en este museo está puesto por casualidad y este sitio no es la excepción: aquí, donde reina la naturaleza, están expuestas dos piezas que realzan sus cualidades. Agua para Julia, que pertenece a la serie “Co-incidencias”, es un proyecto artístico de 2014 que explora la posibilidad de emprender un proceso a partir del trinomio naturaleza+infancia+sanación. Esta obra se llenó de significado con la historia de Alfonso (uno de los mayores del pueblo) quien, cuando era un niño, decidió cuidar una encina que ahora tiene más de 60 años. Abrazo al Olivo I, II, III es una serie fotográfica pensada especialmente para Al Fresco e inspirada en la costumbre de comer las flores de la Robinia, una falsa acacia, que los habitantes de Villarejo de Salvanés solían llamar “pan y queso”.

Ahora, justo a un lado, nos detenemos frente a un maletín de madera en una mesa. Es La belleza de lo que casi no se ve, una invitación a hurgar, explorar y degustar con calma y la ayuda de una lupa aquello bello que a veces pasa desapercibido. La creadora es la artista Maru Zapatero y las fotos son instantáneas tomadas en el bosque, expuestas en un museo portátil inspirado en la obra Boîte-en-valise, de Marcel Duchamp.

 

Continuamos el recorrido y, entre las ramas de un enorme árbol cuelga la Lámpara Chimbarongo, proyecto desarrollado en 2013 en Chile con la colaboración de artesanos locales de Chimbarongo, “la capital del mimbre”. Diseñada por Álvaro Catalán de Ocón, mezclando las técnicas textiles tradicionales de mimbre con la reutilización de botellas PET; otro ejemplo de una nueva vida para los objetos plásticos con una vida útil muy limitada que tarda décadas en descomponerse.

 

En tanto, viajamos al pasado acercándonos a La belleza efímera, un photocall inspirado en los retratos que realizaban los fotógrafos de las ferias que en los severos días de postguerra llegaban a los pueblos cargados de muebles y enseres con los que construían hogares efímeros donde soñaban con tiempos mejores. La Asociación de Mayores nos guió a una casa de Villarejo de Salvanés donde permanecían estos muebles como si estuviesen esperando ser parte de este escenario fotográfico.

 

El eco de la voz de Ernesto Zuazo hipnotiza delante de una ventana donde se proyectan las fotografías participantes en nuestro concurso en Instagram #VillarejoAlFresco. Tu imagen al fresco es el nombre de la instalación que invita a reflexionar sobre el alcance de las imágenes que publicamos en las redes, sonando todo el rato en bucle. Martina G. Morante es la autora de la fotografía ganadora, acompañada por esta oración que la describe: “#LaBellezaEs el muro desnudo, gloriosa torre en tiempos pasados, descansando bajo la mirada de una iglesia dormida en la noche”.

 

En este punto, falta poco para acabar el recorrido y tenemos ante nuestros ojos La belleza de Villarejo, una serie de fotografías expuestas en puertas que pertenecían al edificio de La Casa de la Tercia y que nacieron a partir de los diálogos filosóficos con los mayores. La fotógrafa Sonia Almudévar capturó con su cámara las distintas ideas sobre la belleza que emergieron de estos encuentros. “Cuando llegaba el verano nos subíamos a los árboles, escondidos de nuestros padres para bajar los huevos de los nidos de las urracas”, “Las rosquillas eran lo mejor que podías llevar de regalo de Villarejo, con su papel bonito de pastelería fina de Madrid”, “Antes la riqueza mayor de Villarejo era el esparto. La gente vivía de eso; pero hace muchos años que desapareció”, “A mí el paisaje de mi pueblo me encanta (…) La naturaleza entera es la belleza», algunos de los recuerdos que la inspiraron.

 

¿Y ahora? ¿Qué más nos queda por visitar? Después de habernos maravillado con cada una de las obras, nos sentamos en una de las sillas o, mejor aún, en algún pedacito de la moqueta, para escuchar Cuentos bajo las estrellas. Es el gran espectáculo de este Museo Efímero, en el que los 462 minutos de conversación en torno a la belleza de Villarejo de Salvanés, recogidos en los siete encuentros dialógicos con los mayores, se transformaron en historias que cuentan sus más hermosas vivencias y recuerdos, en un viaje inevitable por el pasado, que da cuenta de cómo el pasar de los años deja grandes cambios que conducen a la nostalgia. Estos cuentos narrados por Israel Hergón, quien hace uso de su creatividad y entretiene tanto a niños como adultos, con la historias más bellas, mágicas, auténticas y divertidas.

 

Lamentablemente, la noche no es eterna. Es hora de marcharnos, aunque nos encantaría quedarnos y seguir tomando “el fresco” en un ambiente que tanto a visitantes como habitantes de esta localidad dejó boquiabiertos, especialmente porque era la primera vez que se podía entrar a este sitio. Miramos atrás y nos queda algo latente: Villarejo de Salvanés es un pueblo absolutamente bello, no sólo debido a sus paisajes y monumentos, aquello que se puede palpar, sino por la maravillosa gente que hace vida en él, por las historias que protagonizan y por las ganas que como pueblo tienen de seguir siendo referencia para el futuro. ¡Qué dicha haber contemplado un pedazo de su riqueza! Esto es apenas el comienzo, seguiremos explorándola…

 

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Y POR FIN…EL MUSEO EFÍMERO

Y por fin... el Museo Efímero

El sábado 7 de julio, después de años de aislamiento, el patio trasero de la Casa de la Tercia en Villarejo de Salvanés abrió sus puertas para regalarle a la comunidad un Museo Efímero sobre la belleza.

Lo que era un simple patio, se transformó en un lugar mágico donde se unieron las visiones, las historias y los deseos de los niños, niñas, adolescentes y mayores del pueblo.

Esa noche la belleza se personificó en un juego de luces, sonidos, olores, naturaleza, arte y cultura e hizo de anfitriona a los centenares de vecinos y vecinas que se acercaron a su morada en Villarejo de Salvanés. Aquí os dejamos una galería de imágenes.

UN PROYECTO REALIZADO POR: DANIELE GENNAIOLI (FILÓLOGO E HISTORIADOR DEL ARTE) ESTHER SAN VICENTE (LICENCIADA EN COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL) ANTONIETA MORENO (LICENCIADA EN FILOSOFÍA) CELIA CASTRO (PSICÓLOGA) Mª LAURA PADRÓN (PERIODISTA) Y JUAN ANDRÉS OLAVARRÍA (ABOGADO).

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ÁLVARO CATALÁN DE OCÓN, DIÁLOGO ENTRE ECOLOGÍA Y TRADICIÓN

Álvaro Catalán de Ocón,
diálogo entre ecología y tradición

Cuando conocimos las piezas del diseñador Álvaro Catalán de Ocón, vimos cómo surgía la belleza a partir del diálogo entre ecología y tradición.

Tras estudiar diseño en Milán y Londres, donde obtuvo reconocimiento a sus proyectos, montó su propio estudio en Barcelona para años más tarde regresar a Madrid, su ciudad natal. Su trabajo siempre ha girado en torno a la relación entre los objetos industriales y el trabajo artesano cualificado, convirtiendo en piezas únicas lo que se concibió para ser un objeto seriado.

PET Lamp Chimbarongo, pieza que formará parte de nuestro #MuseoEfímero, es un proyecto específico desarrollado en 2013 con la colaboración de artesanos chilenos de la región de Chimbarongo, conocida como “la capital del mimbre”. La peculiaridad de la misma consiste en que está obtenida reutilizando botellas de plástico PET, un producto con una vida útil muy limitada que tarda décadas en descomponerse, a través de las técnicas y de los materiales tradicionales de la ciudad de Chimbarongo.

Este proyecto es la continuación del que inició un año antes en Cauca, Colombia, donde fue invitado a inventar un objeto utilizando botellas de plástico. Fiel a su convencimiento de que la forma debe seguir a la idea, en su diseño incluyó el trabajo de los artesanos locales a los que conoció durante su estancia en el país, que se habían instalado en la región huyendo de la guerrilla.De esta manera, de la experimentación y el trenzado de las botellas de plástico con las fibras naturales tradicionales nació PET Lamp.

Esta fusión es una muestra de las simbiosis que se generan tanto en el mundo del diseño como en el artístico, donde se da una combinación entre los saberes que se adquieren de generaciones pasadas y que se transmiten a las futuras para que continúen llevando a cabo una labor que identifica a los lugares de orígenes; todo con la intención de que permanezcan en el tiempo, de que no desaparezcan. Y éste es uno de los aspectos fundamentales en este proyecto de Al Fresco, donde buscamos generar espacios para el diálogo intergeneracional. Por eso nuestro Museo Efímero incluirá la pieza PET Lamp Chimbarongo, que no sólo iluminará un espacio muy especial del Museo, sino que desde sus fibras de mimbre nos hablará de tradición e innovación, de pasado y futuro, de lugares que están lejos y a la vez muy cerca.

En relación con el trabajo de Álvaro Catalán de Ocón, quien se dedica a elaborar piezas sofisticadas, con un diseño limpio, elemental, nos atrae el proceso que lleva a cabo para la construcción de su obra, en el que emprende un viaje de inmersión en las realidades de los sitios que visita, no solo con la intención de elaborar lámparas bonitas que encajen en cualquier salón sino que se hace parte de esas comunidades que lo reciben para llegar a la mayor profundidad del valor que sus manos poseen. Nos resulta un verdadero privilegio contar con Chimbarongo, una lámpara que nos remite a la idea de llevar luz a los sitios más recónditos.

Te invitamos a conocer otros aspectos de este artista visitando este link: Álvaro Catalán de Ocón.  

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SONIA ALMUDÉVAR EXPLORA LA BELLEZA DE VILLAREJO

Sonia Almudévar explora la belleza de Villarejo

Hace poco tiempo la fotógrafa Sonia Almudévar compartió con nosotros esta frase: “La belleza está en los ojos del que mira”. En los días previos a la inauguración del #MuseoEfímero, espacio en el que será expuesta una serie de fotografías realizada a partir de los diálogos filosóficos con los mayores, la reitera: “Para mí la belleza es muy relativa. Aunque existan unos cánones de belleza al final creo que está en los ojos del que mira. Bajo esa premisa prácticamente cualquier cosa puede convertirse en algo bello”.

Para esta ocasión, precisamente, se aventuró a capturar las distintos conceptos sobre la belleza que emergieron de los encuentros en los que participaron personajes de Villarejo de Salvanés, quienes contaron sus anécdotas, la mayoría de ellas impregnadas de añoranza por tiempos mejores. ¿Cómo transformar en imágenes las palabras de una generación que cabalga constantemente entre pasado, presente y futuro?

La experiencia de salir a fotografiar en diferentes rincones del pueblo fue, sin duda, bastante intensa para ella. “En un día vi demasiado, más de lo que pensaba; y te das cuenta de que cada municipio tiene una riqueza espectacular si te paras a investigar un poquito. Quería ceñirme un poco al guión que habían marcado los mayores en sus charlas: vivencias, recuerdos, melancolía por lo que ya no existe y esperanza por lo que viene”.

Como a Sonia Almudévar, en lo que a su trabajo fotográfico se refiere, le gusta experimentar, le pareció todo un reto fotografiar las historias que salieron en las conversaciones. Participar en este proyecto, que justamente está ligado a la idea del arte como algo efímero, guarda relación con hurgar en “aquello que hoy está y mañana ya no, o está, pero transformado en otra cosa”.

El punto de partida siempre fue buscar la belleza de Villarejo de Salvanés, incluso, la muestra fotográfica lleva el nombre de La belleza de Villarejo. Sin embargo, considera que hablar solo de belleza sería muy frívolo. Sí, es cierto que siempre está presente la búsqueda de una estética; que puede ser en un retrato, o en un paisaje o en unas simples líneas; pero aclara que no necesariamente esa estética está tan relacionada con la belleza como parece. “Lo que para mí es bello para el espectador puede que no lo sea. A la hora de fotografiar prefiero provocar, o que mis fotos provoquen algo (lo que sea) en el espectador”.  

Aunque muchos fotógrafos tienen un sello de identidad claro, ella no se siente tan identificada con esta afirmación. Más bien cree que no sigue ningún hilo conductor ni cuenta con un estilo específico definido. “No sé si es bueno o malo pero mis fotos no siguen una línea ni compositiva ni estética”. No obstante reconoce que sí existen determinados períodos; es decir, momentos en los que hace fotografía más conceptual, otros en los que usa ciertos colores. Sea lo que sea, es cierto que no se permite parar: “Siempre procuro tener un proyecto en mente para poder seguir experimentando”.

Si deseas conocer algunos detalles más acerca del trabajo que realiza esta fotógrafa, pulsa en el siguiente enlace: Sonia Almudévar

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UN ESPACIO AL FRESCO DE LA TERCIA TRANSFORMADO EN MUSEO EFÍMERO

Un espacio Al Fresco de La Tercia
transformado en Museo Efímero

La historia de la Casa de la Tercia, edificio emblemático de Villarejo de Salvanés, es tan amplia que cuando se habla de ella resulta un tanto difícil quedarse con un momento histórico concreto. Más bien, como cada uno de sus espacios alberga una sucesión de usos, cambios, reformas, que se han ido modificando desde el siglo XV, época en la que se empezó a construir, apetece iniciar un recorrido por esos lugares que esconden magia.

Uno de esos rincones, específicamente el patio trasero, es el que desde el grupo Al Fresco utilizaremos para construir el Museo Efímero que será inaugurado en la Noche en Llamas 2018. Es la primera vez que tantas personas accederán juntas a esta zona y, a propósito de este acontecimiento, conversamos con el historiador y arqueólogo Luis Andrés Domingo, responsable del área de Patrimonio Histórico y Turismo de Villarejo de Salvanés.

Salvo algunos vecinos y una que otra visita guiada de grupos pequeños, nadie más se ha asomado allí, donde no es común acceder porque suele estar ocupado por múltiples equipamientos. Por otro lado, como gran parte era de propiedad privada, durante mucho tiempo no se podía atravesar. Este sábado 7 de julio, tras dos meses de intenso trabajo y reflexión, en un proceso en el que participaron niños, jóvenes y mayores del pueblo, finalmente podremos ver culminada una obra que será el germen de nuevos proyectos.

El patio trasero en la historia de la Casa de la Tercia

Antes que todo, Luis Andrés Domingo ilustra que el museo etnográfico de la Casa de la Tercia es un edificio que se remonta, en virtud del estudio arqueológico realizado, a mediados del siglo XV, aunque no como lo vemos ahora sino con una disposición algo distinta. En una primera etapa, había dos edificios totalmente diferentes dentro del mismo complejo, separados por un patio interior diáfano sin ningún tipo de construcción intermedia.

Por un lado estaban los espacios productivos de la casa, donde se ubicaba la antigua bodega, el granero y se almacenaban los productos agrícolas que a modo de impuestos se pagaban. Disponía también de una almazara para producir aceite de oliva, pero no se sabe exactamente dónde estaba. Mientras que el otro edificio contaba con espacios destinados para el alojamiento de los Caballeros de la Orden de Santiago.

Más adelante, en una segunda fase, a mediados del siglo XVI, el edificio cambió sustancialmente, pues se construyó un patio de columnas que permitía la conexión entre los edificios independientes y con un patio de almacenamiento ubicado detrás de las edificaciones principales que ha cambiado a lo largo del tiempo. Este lugar, inicialmente de carácter auxiliar, en el que se alojaban las caballerías, se almacenaba la paja y los aperos de labranza, se convertirá durante unas horas en un Museo Efímero.

La transformación del patio trasero, tal como se le conoce, es notable sobre todo en las últimas décadas, desde el siglo XX. De manera que la actualidad no obedece a lo que originalmente sirvió de sede de la Encomienda Mayor de Castilla. “Lo que vemos ahora es un patio que, después de la desamortización del siglo XIX, fue dividido por quienes se hicieron con el inmueble y construyeron muros con los que separaban las propiedades”.

Durante la guerra civil española también se utilizó como espacio de avituallamiento e higiene, en el que se habilitaron unas duchas para que los soldados y todos aquellos que regresaban del frente de guerra, pudieran asearse. Esta duchas, además, conectaban con el hospital de sangre, ubicado en el granero, donde se curaban y auxiliaban a los heridos.

El futuro: un espacio de uso cultural

Hoy, el patio trasero es un espacio que no tiene ningún uso, a excepción de servir como almacén de algunas propiedades del ayuntamiento de Villarejo de Salvanés. Luis Andrés Domingo cuenta que se encuentra a la espera de un proyecto, que corresponde a la segunda fase de rehabilitación del edificio, con el objetivo de que el trozo que quede abierto tenga fines expositivos al aire libre, se convierta en un lugar de uso cultural y en una zona de tránsito entre las distintas habitaciones del museo etnográfico.

En esa línea de aprovechar cada espacio de la Casa de la Tercia, considera que nuestro proyecto de Museos Efímeros, aparte de muchas otras cosas, lo que hace es poner la atención en un sitio que no estaba puesto en valor por sí mismo. “Digamos que realizando esta intervención puede ser conocido por las personas de Villarejo, porque llama la atención como un paso previo a futuros usos culturales. Es una iniciativa bonita que rompe un poco con la idea de que los espacios deben tener un acondicionamiento perfecto para ser utilizados y aquí hay una interesante reflexión sobre ese tipo de usos puntuales”.

El terreno, tal como lo vemos actualmente, es bastante interesante porque nos permite apreciar las características del ala este del edificio, todavía sin rehabilitar. Por lo tanto, los muros se muestran descarnados, con la piedra a la vista, lo cual le da un cierto encanto. Igualmente se pueden ver las características de la construcción de la Casa de la Tercia, las huellas que quedaron en los espacios de las edificaciones, más toscos y más rústicos.

El tema central de nuestro Museo Efímero es la belleza. La transformación momentánea de este patio trasero corresponde con los criterios y objetivos que nos hemos planteado como equipo. En ese sentido, Luis Andrés Domingo considera que precisamente la belleza “es un fuerte componente cultural” y, por tanto, sí que puede funcionar con un trabajo incesante. Encontrar la belleza dentro de lo que no está previamente establecido es una idea que él, de cierta forma, comparte; tomando en cuenta los modelos estereotipados que muchas veces rechazan espacios o aspectos de la realidad que no estamos acostumbrados a mirar.

“Me parece una reflexión que puede despertar la curiosidad de los vecinos, llevarles a pensar en aspectos de su propio pueblo que no se habían parado a contemplar y que origine en ellos la pregunta: ¿qué consideramos nosotros por belleza? ¿por qué no ver la belleza en aquello en lo que hasta ahora no habíamos reparado?”. Precisamente en el recuento de cosas que permanecen y otras que no están, salta el pasillo que conecta con el gran portón secundario, por donde accedían los carros, los carruajes y las caballerías.

¡Cuántas historias podríamos imaginar o recrear en torno al trabajo en el campo antes de que surgiera la industrialización, antes de que aparecieran los tractores! Ese mismo camino, por el que distintas personas transitaron y dejaron sus huellas, abrirá paso al museo de la belleza, donde rememorando aquellos tiempos, volveremos a juntarnos AL FRESCO.

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CUENTOS SOBRE LA BELLEZA EN LA VOZ Y GESTOS DE ISRAEL HERGÓN

Cuentos sobre la belleza
en la voz y gestos de Israel Hergón

Para alguien como Israel Hergón, consciente de la relación entre arte y comunidad, participar en un proyecto como Al Fresco, en el que será el encargado de contar en nuestro #MuseoEfímero las historias que nacieron de los diálogos filosóficos con los mayores, significa propiciar un acto de encuentro con el público. Es que compartir relatos, anécdotas, vivencias es un hecho intrínseco de la naturaleza del ser humano, tanto que se volvió tradición adquirida de nuestros antepasados.  

Cuentos bajo las estrellas es el nombre del espectáculo que durante esa noche ofrecerá a los asistentes y que “pondrá en valor” las historias que dan identidad a un pueblo como Villarejo de Salvanés, retomando la costumbre de contar de una manera natural en las plazas, en las calles y hasta enfrente de las casas. “Aparte, lo que me gusta es que justamente este tipo de historias, biografías, anécdotas son de la vida cotidiana”, añade en una conversación previa a este evento que trata “sobre la belleza y otros cuentos”.

Narrador oral con más de tres años de experiencia y cuatro de formación (acumulada), explica que el arte de contar tiene relación con la belleza desde que una buena historia activa nuestra parte racional a través de la imaginación. También sacude nuestras emociones, nos mueve y conmueve por dentro, impulsando las ganas de saber, conocer, descubrir y, sobre todo, de hablar: “Porque normalmente contar y escuchar historias te incita a escuchar, contar, escuchar, contar y así en un espiral que a veces es difícil de parar”.

A sus manos llegaron los textos creados a partir de los encuentros que tuvimos durante dos meses con los vecinos del pueblo. Entonces, se dedicó a profundizar en ellos para entenderlos, hacerlas propios; no desde una memorización total y absoluta, sino desde la interiorización de los hechos. “No los contaré igual a ellos, sino que el proceso consiste en adaptarlos a mi manera de contar y unirlos en coherencia con los objetivos del proyecto”.

Descubrir historias de la vida cotidiana y compartirlas: en eso también consiste la belleza. “En algo que trasciende a la racionalidad del ser humano e incluye una emocionalidad, un impulso”. En ese sentido, se vale de una frase del poeta y narrador oral Celso Fernández Sanmartín: “Historias de vida es lo que tenemos, poco más y nada menos”.

No cabe duda: la pasión de   por el arte convive entre dos mundos que se conectan íntimamente: el trabajo social y la narración oral escénica. Esas áreas, que él hace cercanas, son las que explora sin cesar debido a que es dueño de “una mente inquieta, inocente y curiosa” a la que todavía le queda mucho por descubrir. Si deseas conocer más acerca del trabajo que realiza este personaje multifacético, te invitamos a visitar este link: Israel Hergón.

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FINALISTAS DEL CONCURSO #VILLAREJOALFRESCO

Finalistas del concurso #VillarejoAlFresco

«#LaBellezaEs el muro desnudo, gloriosa torre en tiempos pasados, descansando bajo la mirada de una iglesia dormida en la noche». Esta fue la frase con la que Martina G. Morante, en Instagram @srta.morante, acompañó la fotografía que envió para el concurso #VillarejoAlFresco, resultando ganadora con un total de 185 likes hasta la fecha del sábado 30 de junio, a las 23:59 horas, cuando finalizó el conteo.

La actividad, que inició el 3 de junio, se desarrolló en la red social a lo largo de estas semanas en las que nueve personas, habitantes y visitantes de Villarejo de Salvanés, enviaron sus fotos acerca de la belleza de este pueblo. Los participantes fueron: @_kiara_2004, @angelvk25, @srta.morante, @srto_sharyano_, @gema.42 @maruzap, @angiedgp, @maruvila y Manuel Prudencio. 

Las fotografías recibidas formarán parte de la exposición TU IMAGEN AL FRESCO, que será proyectada dentro de nuestro #MuseoEfimero que se inaugurará el próximo 7 de julio, en el patio trasero de La Casa de la Tercia, dentro de La Noche en Llamas. Ese mismo día se entregará el premio que consiste en unos auriculares marca Tritton para PC/Juegos y un curso online a elegir de la plataforma para creativos Domestika.      

Agradecemos a todos los que acogieron la invitación de compartir sus miradas. Aprovechamos este espacio para compartir las fotografías reunidas.

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LA NATURALEZA Y LA INFANCIA, LUGARES DE CREACIÓN DE CLARA LURUEÑA

La naturaleza y la infancia,
lugares de creación de Clara Lurueña Miguel

A la artista plástica Clara Lurueña Miguel la conocimos en nuestras andanzas en el Encuentro de #ElCuboVerde que tuvo lugar hace unos meses en la Facultad de Bellas Artes, de la Universidad Complutense de Madrid. Tras profundizar acerca de nuestro proyecto Al Fresco, una iniciativa que ella misma define como “filosofía a pie de calle que busca recuperar qué es la belleza para la gente”, descubrió que su propia obra tenía mucho en común con el camino que iniciamos en Villarejo de Salvanés.

Especialmente cuando se acercó a los diálogos filosóficos en los que participaron los mayores, encuentros en los que muchos de ellos relacionaron la naturaleza con las experiencias vividas en la infancia. “Creo que los niños tienen una relación muy directa y primitiva con la naturaleza. Es un lugar en el que juegan de manera natural, que estimula su imaginación y los hace autoconocerse, crecer, evolucionar”.

 

A propósito de “ese estar en la naturaleza que —según su percepción— le ha quedado a la gente mayor”, Clara Lurueña Miguel eligió las piezas Abrazo al olivo I, Abrazo al olivo II, Abrazo al olivo III y Agua para Julia para exponerlas en nuestro #MuseoEfímero. En ellas explora la relación con el árbol, el agua, los animales como un recuerdo intenso, bonito, directo que permanece cuando crecemos.

En ese sentido, le parece interesante que se recuperen lugares “supuestamente” abandonados como motivo para movilizar a la gente, para que se acerquen unos a otros y se hagan sociedad, se hagan piña: cercanía en lugar de alejamiento. El #MuseoEfímero que se realizará en el patio trasero de la Casa de la Tercia “es una excusa para que la gente se junte, que era lo que ocurría antes, cuando todo el mundo se conocía”.

Con respecto a la belleza, concepto que nos concierne en esta ocasión, señala que sin duda está relacionada con la naturaleza porque va más allá de ser algo bonito: es algo verdadero. “Porque en la naturaleza hay cosas horrorosas, muerte, vida, evolución, ciclos, pero esos ciclos están equilibrio continuo, todo se autosana, todo se autogenera. No es algo que se haga de manera artificial, sino que nos conecta con nosotros mismos y con los otros”. Añade: “Me interesa el arte que se hace desde la naturaleza como lugar de evolución, de conocimiento, de sanación”. 

“Arte, naturaleza y normalidad… Eso es todo amigos”, describe en su página de Facebook Clarasal. Si quieres ahondar un poco más en torno a su obra, te invitamos a visitar su página web y en el siguiente link con una breve biografía.

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LA CREATIVIDAD DE VÍCTOR COEURJOLY TOMA FORMA DE PAPEL

La creatividad de Víctor Coeurjoly toma forma de papel

La belleza, para Víctor Coeurjoly, está íntimamente ligada a las formas y a los ritmos. Específicamente a la naturaleza, donde las formas más bellas son aquellas que tienen hipersimetrías, las que tienen fractales, las que tienen patrones. “Deduzco que la belleza objetiva, sin opinión, es la que la naturaleza nos brinda”, afirma.

Con estas palabras, el joven artista especializado en origami, nos acerca una vez más a un concepto que desde hace meses nos ronda. La razón de estas líneas es justamente la participación que tendrá en nuestro #MuseoEfímero con La belleza con ojos de niño: obra creada a partir de los trabajos elaborados por los alumnos de 1º, 3º y 4º de primaria del colegio Nuestra Señora de la Victoria en los talleres filosóficos dirigidos por Ana Sanz, Lucía S. Palacios y Antonieta Moreno Casañas.

A lo largo de estos encuentros, de una hora de duración, se promovió la reflexión sobre la belleza de Villarejo de Salvanés tanto a través del diálogo como del dibujo y collage. Los resultados fueron transformados por Víctor Coeurjoly en piezas únicas que colgarán desde una red y unos farolillos que iluminarán los árboles, en una experiencia que para él resulta diferente a lo habitual. “Me gustó utilizar materiales intervenidos porque es más personalizado, tiene mucho más sentimiento y humanidad. Estoy acostumbrado a trabajar con cartones, planos, crudos, lisos y hacerlo de este modo fue bastante interesante”.

Participar en nuestro #MuseoEfímero, comenta, significó un reto porque se trató de crear estructuras con materiales que estaban definidos y a los que se les tenía que buscar una utilidad muy concreta: conseguir que a partir de los papeles de los niños se obtengan lámparas. “Para mí fue como un rompecabezas geométrico”. Y, aunque ha participado en distintas exposiciones, en museos de varios países, manifiesta que le entusiasma mostrar lo que hace en “lugares que precisamente no son museos, lugares que son menos ordenados, menos fríos, más vivos”, tal como es el espacio del patio trasero de la Casa de la Tercia.

Nos parece curioso, maravilloso, que Víctor Coeurjoly quien empezó a hacer papiroflexia con apenas siete años de edad, guiado por la intuición y aprendiendo con un libro de instrucciones y papel para hacer figuras sencillas: conejos, mariposas, flores, pájaros, sea el encargado de sumar una nueva mirada a la interpretación de la belleza que nos regalaron los más pequeños: una visión tan pura, tan real, como la de un niño.  

Definitivamente, la creatividad es un don que se cosecha desde la niñez. Para acercarte a la obra de este artista, te invitamos a hacer click en este link: Víctor Coeurjoly

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UNA ENRIQUECEDORA TRAVESÍA «AL FRESCO»

Una enriquecedora travesía "Al Fresco"

Todo esto empezó así… Nos encontramos, un tanto al azar, con el anuncio de un curso titulado: Travesías, herramientas para activar la cultura local. Sin pensarlo demasiado, ¿para qué negarlo?, en seguida nos enrumbamos a vivir esta experiencia en la que nos topamos con personas y proyectos con los que compartimos visiones similares en torno a la cultura. Sabíamos que sería una oportunidad que no podíamos desaprovechar…

El programa consistía en el acceso a un valioso material formativo disponible en la Plataforma/C y en una serie de talleres presenciales que se llevaron a cabo en los espacios de Intermediae dentro de Matadero Madrid. Además, a lo largo de tres meses participamos del acompañamiento online que estuvo a cargo de las gestoras culturales Susana G. Padín (Trànsit Projectes) y Betania Lozano (Plataforma/C), quienes cada semana nos enviaban a través del correo una hoja de trabajo, en la que debíamos responder, de forma concreta, distintas preguntas que nos ayudaron a aterrizar nuestro proyecto.

Así, durante todo este tiempo, aprendimos a ser constantes, en un proceso que nos demandaba poner en palabras claras, concisas, directas, aquella marea de ideas con la que arrancó Al Fresco, y que paso a paso fue encontrando su rumbo. El resultado de este trabajo quedó plasmado en un dossier que presentamos hace unos días en la actividad llamada Mesas Colaborativas y Fiesta Final.

En este encuentro nos juntamos con otros cuarenta proyectos, creados por personas maravillosas que también formaron parte esta Travesía y con quienes interactuamos para descubrir que entendemos la cultura no como un modo de consumo sino como una herramienta que puede generar grandes cambios. La sensación que nos queda, al recrear la experiencia en estas breves líneas, es la de la alegría por saber que formamos parte de una comunidad con la que seguiremos creando lazos para seguir trabajando, construyendo, creando. Todo esto es apenas el comienzo…

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FOTOGRAFÍA PORTÁTIL E INSTALACIÓN SONORA EN EL MUSEO EFÍMERO

Fotografía portátil e instalación sonora en el #MuseoEfímero

El hostal Carmelo Gastrobar, restaurante oficial de nuestro proyecto, fue el lugar elegido para la cita en Villarejo de Salvanés. Durante esa mañana nos reunimos con la artista plástica María Eugenia Zapatero y el actor especialista en improvisación Ernesto Zuazo, para escuchar y compartir ideas en torno a su participación en el Museo Efímero que venimos preparando.

Maru, como la llaman sus más cercanos, es una artista argentina, quien tiene sus orígenes en el área de la Psicología y, además, ha estudiado Bellas Artes en su país. Hace tres meses que vive en Madrid y, desde que llegó a la ciudad, está en la búsqueda constante de las formas y sombras que aparecen a su paso. Actualmente se dedica a realizar un trabajo fotográfico de pequeño formato, casi siempre de tamaño polaroid. Precisamente en esa línea de buscar la belleza del detalle, nos complacerá con una obra efímera y portátil que expondrá en una especie de “caja museo”, donde colgarán sus fotos.

Ernesto, también argentino, es un locutor y actor especialista en improvisación. A sí mismo se define como un ser inquieto, que indaga y participa en distintas disciplinas. En esta oportunidad, participará en nuestro Museo Efímero con una instalación sonora que estará dispuesta en una de las habitaciones, invitando a que los visitantes se acerquen a disfrutar de las obras expuestas en ese espacio bastante peculiar.

Nos emociona muchísimo contar con estos dos artistas, que ahora son nuestros cómplices, a quienes conocimos en las andanzas de encuentros formativos y participativos con distintas iniciativas culturales que se están gestando no solo en los entornos rurales, sino también en distintas ciudades. A ellos, les damos la bienvenida a esta aventura Al Fresco.

Para conocer más de la obra de estos dos artistas, puedes pinchar en los siguientes links:

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LA BELLEZA ESTÁ EN LOS OJOS DEL QUE MIRA

La belleza está en los ojos del que mira

Eduard Humes, David Nebreda, Raquel Chicheri, Leonardo Cantero, Ana F. Martín; todos ellos nombres destacados en el panorama de la fotografía, cada uno con su manera particular de mirar. Una muestra de su trabajo fue el punto de partida para la reflexión en torno a la belleza que se generó en el Taller de Fotografía, donde participaron los jóvenes de Villarejo de Salvanés, pero también algunos adultos que se sumaron al encuentro.

La imagen de la gallega Raquel Chicheri, en la que un niño aparece con el torso desnudo y un balón de fútbol congelado en el aire, rápidamente generó opiniones diversas: A uno de los chicos la foto no le parecía tan especial o más diferente que cualquiera otra; mientras que alguien añadió que aunque intuía que la fotografía se tomó en un barrio pobre, la luz y la sonrisa del niño le da muchísima vida al entorno.

Así, a medida que pasaron las siguientes fotografías, cada quien se posicionó en relación con su concepto de belleza. “La belleza de lo feo”, por ejemplo, surgió entre los asistentes como una idea relacionada con su ambiente más cercano: “Hay quienes vienen a Villarejo a ver el castillo, los monumentos, las fuentes. También, un día, podríamos ver en lo feo lo bello”. Por otro lado, el autorretrato de un hombre produjo reacciones contrarias. “La veo tétrica”, “me produce tristeza”, “a mí me agobia”, “a mí me genera tranquilidad”, fueron algunas de las frases que saltaron al mirarla.

Entre los distintos estilos, unos manifestaron que prefieren el color, especialmente los rojos, amarillos, azules, verdes, grises. Otros, se decantaron por el contraste infalible del blanco y negro. Entonces, la fotógrafa Sonia Almudévar, quien junto a Antonieta Moreno Casañas, filósofa integrante de Al Fresco, guió esta reflexión inicial en la que pretendía hurgar en las concepciones de belleza que cada quien posee, compartió una frase que rindió cuenta de la subjetividad que nos arropa: “La belleza está en los ojos del que mira”.

En ese sentido, la misma Sonia reconoció que para poder identificar este enunciado como una certeza, previamente hizo el ejercicio de detenerse para preguntarse: “¿Cómo miro yo?”. A partir de esta pausa, necesaria para descubrir qué cosas nos cautivan tanto que tenemos que capturarlas, entendió que los colores, las formas, la luz, son algunos de los elementos que ella siempre está cazando cuando busca un momento, un objeto, una persona, para fotografiar.

Frente a la cámara, cualquier cosa es válida: la gente, las luces, las sombras, los árboles. Sin embargo, antes de salir es importante hacer la reflexión: “¿Qué voy a hacer?”, “¿Qué quiero fotografiar?”; pues este arte no se trata únicamente de pararse en un lugar y pulsar el obturador, sino de centrarse en lo que se quiere capturar. “A lo mejor no tengo tan claro qué quiero, pero de pronto llego a un sitio y logro conseguirlo; como también es posible que no consiga sacar lo que realmente estoy viendo”. 

En el proceso, añadió Sonia, también nos puede suceder que vemos cosas que nos gustan pero a otros no. Cada quien va forjándose sus preferencias: fotografiar emociones, reflejos, movimiento, buscar “pillar” un momento único con el móvil, a pesar de correr el riesgo de perderlo o detenerse con calma para encontrar un mejor ángulo hasta que quede totalmente lograda. Todos estos escenarios son posibles, pero siempre hay que tener claras ciertas reglas básicas: el centro de interés, las líneas, la regla de los tercios y la ley de la mirada.

A todos estos asuntos, relacionados con los aspectos básicos de la composición fotográfica, se sumó la ponencia «Fotografía y redes sociales, aspectos legales y difusión», espacio dirigido por Tony, agente tutor, quien recordó la importancia de utilizar las redes sociales con responsabilidad, tomando en cuenta que cada vez que ingresamos en ellas estamos aceptando las condiciones de uso que allí se exponen. 

 

El diálogo entre todos culminó. Llegó el momento de poner en práctica lo escuchado y compartido. Móviles, tablets y cámaras en mano, considerando todas las recomendaciones, los jóvenes se permitieron explorar el suelo, las piedras, las esquinas, los árboles, las ramas, en el recorrido fotográfico que se llevó a cabo en los alrededores del Centro Cultural Luis de Requesens.

 Al principio, algunos estaban un tanto dudosos con respecto a qué hacer, preguntando “¿a qué cosas podemos tomarle fotos aquí?”, Sonia poco a poco guió, orientó, señaló varias opciones. A quienes todavía insistían y cuestionaban: “¿Dónde hay aquí un paisaje bonito?”, ella respondía, a la vez que los instaba: “¡Presten atención, hay aquí tantas cosas que mirar!”. Durante los siguientes minutos, los jóvenes hallaron rincones interesantes, en los que nunca se habían fijado. Las fotografías que tomaron participarán en el concurso #VillarejoAlFresco que durante el mes de junio se estará realizando.

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LA INFANCIA Y LA BELLEZA VAN DE LA MANO

La infancia y la belleza van de la mano

Para Vitorio, Antonio, Alfonso, Jaime, Andrés, Luis y Clemente, todo empieza con una petición: “Piensen en el recuerdo más bello de su infancia”. Ellos son tan solo algunas de las más de 600 voces que pertenecen a la Asociación Hogar del Pensionista. En esta ocasión se prestan a compartir sus memorias, paseándose por las experiencias vividas en Villarejo de Salvanés, el espacio donde crecieron. Cada uno, en su asiento, se toma unos minutos para responder, y en seguida saltan los recuerdos más profundos.

 

Volver a la niñez significa atajar la sucesión de imágenes que los bombardean: desde comer junto a las gallinas y las cabras que estaban en las casas, jugar con los amigos al rescate, cara o cruz (o el inglés), la chita, los güitos, las tabas, entre otros, en los alrededores de “La cruz de lo caídos”; juntarse en las horas del recreo para cometer alguna que otra travesura que mereciera unos cuantos regaños o “pescozones” o disfrutar con las muchachas de la película favorita en el cine por una peseta. La infancia, además, es pensar en la amistad.

 

Volver a la niñez también conlleva a experimentar la extrañeza propia del pequeño que le preguntaba a su madre dónde estaba el padre, a qué hora regresaría, por qué camino vendría y esperarlo, en la carretera, hasta que volviera; o la nostalgia por recordar los largos paseos en el verano junto a su abuelo, desde Villarejo a Perales, desde Perales a Morata, como si el tiempo en realidad fuese eterno.

 

Las marcas, las huellas, que deja el transcurrir de los años, son visibles en sus rostros, en sus manos, en sus miradas. Algunos, incluso, enseñan la cicatriz que dejó una piedra que cayó en una zona del cuerpo equivocada cuando jugaban a las pedreas los del barrio alto contra los del barrio nuevo. Villarejo de Salvanés, como ellos, tampoco ha quedado exento de sus estragos: es cuestión del pasado tocar la campana de la iglesia “en arrebato” para pedir ayuda o salir a tomar “el fresco” frente a las casas cuando llega la época del verano.

 

Para Vitorio, Antonio, Alfonso, Jaime, Andrés, Luis y Clemente, una pregunta que invita a visitar, con la mente, : “¿Qué es lo primero que se les viene a la mente cuando piensan en la palabra belleza?”. A partir de este momento, cada uno saca a flote los conceptos armados según sus propios esquemas. Estos hombres, que desde pequeños convivieron en torno al campo, ofrecen una perspectiva que refleja su intimismo y arraigo con el entorno.

 

Pensar en la belleza es reconocerla en el interior de las personas, especialmente, la que reina dentro de la gente buena. Sin embargo, aquella que se puede contemplar o palpar, radica, para todos, en el paisaje de su pueblo, ese paisaje variopinto engalanado desde siempre con el imponente castillo: entre las cosas más bellas que atesoran está el regresar a Villarejo de cualquier lugar y divisar, desde la carretera, lo primero que se asomaba: la torre, como la certeza de estar en casa.

 

Pensar en la belleza es, aunque resulte difícil conjugarla o definirla, “cualquier cosa que a tus ojos sea maravilloso”. Unos, por ejemplo, la relacionan con un borrico, un conejo, un toro o un caballo; otros, en un sentido más amplio, la asocian con la naturaleza y los caminos verdes, los montes y las cañadas que recorrían desde niños y que todavía están presentes en la memoria. Igualmente, una foto de los hijos montando a caballo o el recuerdo de las expediciones emprendidas en verano para buscar nidos de urraca o el empeño en subir a las moreras a coger moras. ¿Y en la amistad? ¿Allí también hay belleza? “Los amigos de la infancia no se olvidan”.

 

Para Vitorio, Antonio, Alfonso, Jaime, Andrés, Luis y Clemente, el encuentro de esta tarde es un camino emprendido con cierta melancolía: los bailes y las fiestas de la juventud; las escapadas cuando eran mocetes por el camino de San José; el compartir con toda la familia a la hora de la comida en “las mesas camillas”; las visitas de casa en casa, tocando la pandereta, en la noche de Navidad; la época en la que todos los vecinos hablaban con todos. Ellos, aunque saben que cada tiempo es distinto, no pueden evitar echar de menos el pasado de Villarejo de Salvanés que evocan en medio de la nostalgia.

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EL TRABAJO, UN VALOR EN VILLAREJO DE SALVANÉS

El trabajo, un valor en Villarejo de Salvanés

«¿Cómo ven ustedes Villarejo?», la pregunta que inició el encuentro. «Yo a Villarejo lo aprecio. Si todos lo hicieran, sin egoísmo ninguno, pudiera haber más cosas de las que hay», la respuesta que suena, contundente, desde dos personajes que cuentan con la sabiduría que solo otorga los años. Eugenio y Julián, habitantes de Villarejo de Salvanés, hablan, sin reservas, con la autoridad de aquellos que conocen su entorno.

Estos dos personajes comparten ciertos aspectos de su vida: desde que eran pequeños tuvieron que dejar la escuela para trabajar en el campo y en el esparto. Por ello, durante esta tarde, sentados en el patio del restaurante La Tercia, se extienden a compartir las anécdotas de cuando arrancaban garbanzos y lentejas en el cerro o giraban las ruedas de los hiladores de esparto, primeras labores que imprimieron firmeza en su carácter.

Era la época en la que los esparteros cogían el esparto en los montes, con las manos destrozadas por los pinchazos, lo sumergían en unas pozas de agua para remojarlo y luego lo trasladaban desde el campo en borricos. Era la época en la que los hoyos en la tierra se hacían a punta de picos y palas, y las aceitunas recogidas en los olivos se molían con rulos.

Es cierto: decir que los tiempos cambian probablemente es un tópico; pero si de algo saben estos dos hombres es de la transformación que, con respecto al trabajo, ha experimentado Villarejo de Salvanés. Eugenio, quien durante trece años fue presidente de la Cooperativa de Aceites Pósito, relata las diferencias en el proceso. “Antes era todo manual, antes no se filtraba ni nada. Hoy hay mucha gente demandando aceite sin filtrar”.

Por otro lado, Julián, además de dedicarse a trabajar como secretario en la Cooperativa Pósito, entregó treinta años al Club Deportivo Villarejo, porque creía que este equipo era algo tan grande, que cada vez que veía el estandarte, el pecho se le hinchaba de orgullo, pues siempre quería dejar el nombre del pueblo en alto. «Yo pensaba que hacía un servicio, me parecía que el club deportivo era una de las pocas cosas que se podía destacar». Era su manera de contribuir con los niños y jóvenes, ofrecerles otras posibilidades a las conocidas.

Desde sus espacios vitales, a veces diferentes, a veces unidos entre sí, Eugenio y Julián consideran que el trabajo es el valor más fundamental. “Gente trabajadora como la de Villarejo de Salvanés, muy poca”. Muestra de ello es que el pueblo siempre ha destacado por contar con los mejores segadores. Eran como “máquinas humanas” y cada temporada recorrían distintos rincones llevando a cabo estas labores.

A pesar de la transformación y modernización de esta localidad en ciertas áreas, “Villarejo sigue siendo un pueblo —asegura Julián—. No creo que hayamos evolucionado mucho”. “Para ser ciudad debería haber industria y no hay más que dos —añade Eugenio—. Al no haber industria la gente se va, porque nadie quiere quedarse a trabajar en el campo”.

Villarejo de Salvanés, que se pasea entre la ciudad y el campo, “dijo que no a las industrias para que sus pobladores no abandonaran el campo». Sin embargo, ambos consideran que no se puede negar que la industria es lo que atrae a la gente. Recuerdan que, hace unos cuarenta años, “el coche de los obreros” salía hacia Madrid cuando el campo dejó de interesar. Después de tanto tiempo, esto no ha cambiado: los jóvenes siguen buscando nuevos destinos para trabajar. Un hecho que, confiesan, les preocupa: «Sin los jóvenes un pueblo se muere».

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LAS FASCINANTES HISTORIAS DE VILLAREJO

Las fascinantes historias de Villarejo

«Anda que no tienes historias para escribir”, “anda que no tienes historias para contar«, se dicen a cada rato, sentadas en forma de media luna, en uno de los salones del Centro de Educación para Adultos (CEPA) de Villarejo de Salvanés. Conversando entre ellas, completan las frases y los cuentos de la una, ríen a carcajadas con los relatos de la otra, como si se tratara de un diálogo teatralizado, en la que cada pieza encaja armoniosa.

En este escenario, donde sin duda se valora el conocimiento, Carmen, Victoria y Julia, toda la vida habitando este pueblo, ofrecen, a modo de fotos panorámicas, experiencias y anécdotas que todavía pululan en sus mentes. A ellas, que se conocen desde que eran pequeñas, las une la amistad y la cercanía familiar, cosechadas a lo largo de los años.

Mirar atrás es el juego al que son invitadas como parte de los “Diálogos filosóficos” que seguimos llevando a cabo. Revolver en las reminiscencias de la infancia, se traduce en rescatar la imagen de los paseos junto a sus primos y hermanos, disfrutando en los jardines alrededor de la iglesia; pero también a un hecho que permanece latente: la imposibilidad de seguir estudiando —o siquiera empezar a hacerlo—, puesto que debían asumir la responsabilidad, como mujeres (o más bien, niñas), de ayudar en la casa.

Leer, escribir y sacar cuentas, entonces era suficiente para defenderse en la vida, era la añadidura a aquello que en realidad les correspondía: colaborar con los oficios del hogar. «Antes era así, los hijos a estudiar, las hijas a fregar», coinciden. Carmen, Victoria y Julia, sin embargo, siempre cultivaron la sensibilidad hacia la lectura y la escritura, hacia el saber en general, el placer de imaginar. Cada una guarda y comparte, por ejemplo, el recuerdo de los cuentos escuchados en la niñez, el primer libro que estuvo entre sus manos y la creciente fascinación por escribir, respectivamente.

Es ahora, en la adultez, cuando rescatan estas memorias, que traspasan la belleza monumental de Villarejo de Salvanés. Aunque cuando la palabra belleza sale en la conversación y cada una se detiene a pensar en cómo definirla, son precisamente el castillo, el convento y la devoción a la Virgen de la Victoria, los símbolos que aparecen como sinónimo de sagrado y de unión. En tanto, el concepto de familia y bondad, igualmente son importantes para ellas.

En este viaje hacia el pasado de la localidad, a punto de terminar por los momentos, saltan algunas viejas costumbres: las campanas de la iglesia anunciando la muerte del vecino, el oficio de los “hojalateros” que se encargaban de construir y reparar las estufas y los pucheros, la labor de lavar la ropa en el Pozo Marcos. Entre tantas, la tradición de llamarse unos a otros por los apodos, en lugar de los nombres de pila. A propósito de ello, casi como una retahíla y con mucha gracias, nos recitan:

De las cosas de mi pueblo,

qué más os puedo contar,

los apodos que circulan

por dicha localidad,

a unos les sientan bien,

a otros le sientan mal,

lo último que yo deseo

es a nadie molestar…

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