TOMANDO EL FRESCO EN VILLAREJO DE SALVANÉS

Tomando el fresco en Villarejo de Salvanés

«ANTES LA GENTE ERA MÁS ATENTA.

ANTES ÉRAMOS COMO FAMILIA.

ANTES NO HABÍA NADIE QUE NO SE CONOCIERA.

ANTES NOS JUNTÁBAMOS AL FRESCO

 

Eso que llamamos belleza a veces aparece donde menos la esperamos… Sea cual sea tu idea de belleza, en esa ocasión habitó en un lugar seguro, para que no se nos olvide que su condición es sutil, plural y efímera… Ese refugio fue el patio trasero de La Casa de La Tercia, en Villarejo de Salvanés, transformado en museo durante una noche mágica de julio: la Noche en Llamas, uno de los eventos culturales más importantes del municipio.

Entre las miles de personas que participaron y disfrutaron de cada propuesta artística que llenó las calles y plazas, cientos de ellas, movidas por la curiosidad propia de quien se tropieza con algo nuevo, entraron para experimentar un recorrido donde la belleza se mostró en cada rincón; una belleza narrada, creada y mostrada por sus propios habitantes.

Hoy, cuando nos sentamos a recordar esa noche, las imágenes aparecen un tanto difuminadas. Para que no se nos escape ningún detalle, recurrimos a nuestra memoria más profunda y adoptamos la condición de un visitante que se pasea por cada uno de los espacios arropados por el arte. Allí, justo en el portón frente a la plaza y a la iglesia, nos situamos dispuestos a no perdernos de ningún detalle. La entrada es un largo pasillo con plantas verdes en los costados y con un cielo “de plástico” colorido e iluminado.

 

La mirada, en seguida, se queda fascinada ante la belleza de las mujeres de Villarejo, que convirtieron bolsas de plástico en un cielo de colores elaborado por diez mujeres de la Asociación de Mujeres Alcoranas. Cada uno de estos toldos consta de 300 bolsas de plástico recicladas, cortadas y convertidas en ovillos para tejer con la técnica de aguja de gancho. Valiéndose de su capacidad inventiva y esfuerzo, trabajaron durante meses dando una alternativa a bolsas que podrían haberse unido a las toneladas de desechos plásticos que invaden nuestros mares y océanos.

«Casi todas las cosas son bellas y feas a la vez», «Nuestro cerebro nos dice si algo es bello o feo», «Las cosas son bellas para cada persona», «Cuando haces algo mal, se dice que es feo porque está mal hacerlo», «El amor es belleza», «La belleza interior la vemos conociendo a las personas viendo lo que hacen», «Es bello cuando se expresan los sentimientos», «La belleza es alegre» son algunas de las frases de La belleza con ojos de niño que penden del cielo de nuestro zaguán. Son las reflexiones de los alumnos de 1º, 3º y 4º de primaria del CEIP Nuestra Señora de la Victoria en los talleres filosóficos dirigidos por Ana Sanz, Lucía S. Palacios y Antonieta Moreno. El artista Víctor Coeurjoly, que habita entre la creatividad y la practicidad, fue el encargado de transformar estas reflexiones en papel en mágicos farolillos y banderitas de festivo origami.

A medida que avanzamos, encontramos los textos que cuentan el origen de cada obra, distribuidos en distintos soportes. Entre ellos, cinco atriles fabricados por los estudiantes del último curso de Formación Profesional del Instituto Nuestra Señora de la Victoria. Este centro de estudios se encuentra en un edificio histórico que data del siglo XVI y cuya construcción duró casi 30 años. Los alumnos continúan simbólicamente esta labor formándose como constructores y mecánicos, siendo los atriles una expresión de su trabajo. Sin duda, nos percatamos de que todos los talentos tienen cabida en este lugar.

Así lo vemos más adelante en La belleza de la unión, un mosaico compuesto por 96 fotografías en miniaturas, tomadas por Esther San Vicente durante los dos meses de encuentros filosóficos con la comunidad de Villarejo de Salvanés. Una valla metálica está cubierta por las imágenes que cuelgan con pinzas y narran un proceso reflexivo en el que a lo largo de este tiempo los niños, adultos y mayores se volcaron. En esos encuentros la pregunta sobre la belleza estuvo siempre presente y permitió el descubrimiento de historias, anécdotas y experiencias que nos acercaron a la esencia del pueblo.  

Seguimos caminando y descubrimos, encima de una montañita de rocas, la obra de Clara Lurueña Miguel. Nada en este museo está puesto por casualidad y este sitio no es la excepción: aquí, donde reina la naturaleza, están expuestas dos piezas que realzan sus cualidades. Agua para Julia, que pertenece a la serie “Co-incidencias”, es un proyecto artístico de 2014 que explora la posibilidad de emprender un proceso a partir del trinomio naturaleza+infancia+sanación. Esta obra se llenó de significado con la historia de Alfonso (uno de los mayores del pueblo) quien, cuando era un niño, decidió cuidar una encina que ahora tiene más de 60 años. Abrazo al Olivo I, II, III es una serie fotográfica pensada especialmente para Al Fresco e inspirada en la costumbre de comer las flores de la Robinia, una falsa acacia, que los habitantes de Villarejo de Salvanés solían llamar “pan y queso”.

Ahora, justo a un lado, nos detenemos frente a un maletín de madera en una mesa. Es La belleza de lo que casi no se ve, una invitación a hurgar, explorar y degustar con calma y la ayuda de una lupa aquello bello que a veces pasa desapercibido. La creadora es la artista Maru Zapatero y las fotos son instantáneas tomadas en el bosque, expuestas en un museo portátil inspirado en la obra Boîte-en-valise, de Marcel Duchamp.

 

Continuamos el recorrido y, entre las ramas de un enorme árbol cuelga la Lámpara Chimbarongo, proyecto desarrollado en 2013 en Chile con la colaboración de artesanos locales de Chimbarongo, “la capital del mimbre”. Diseñada por Álvaro Catalán de Ocón, mezclando las técnicas textiles tradicionales de mimbre con la reutilización de botellas PET; otro ejemplo de una nueva vida para los objetos plásticos con una vida útil muy limitada que tarda décadas en descomponerse.

 

En tanto, viajamos al pasado acercándonos a La belleza efímera, un photocall inspirado en los retratos que realizaban los fotógrafos de las ferias que en los severos días de postguerra llegaban a los pueblos cargados de muebles y enseres con los que construían hogares efímeros donde soñaban con tiempos mejores. La Asociación de Mayores nos guió a una casa de Villarejo de Salvanés donde permanecían estos muebles como si estuviesen esperando ser parte de este escenario fotográfico.

 

El eco de la voz de Ernesto Zuazo hipnotiza delante de una ventana donde se proyectan las fotografías participantes en nuestro concurso en Instagram #VillarejoAlFresco. Tu imagen al fresco es el nombre de la instalación que invita a reflexionar sobre el alcance de las imágenes que publicamos en las redes, sonando todo el rato en bucle. Martina G. Morante es la autora de la fotografía ganadora, acompañada por esta oración que la describe: “#LaBellezaEs el muro desnudo, gloriosa torre en tiempos pasados, descansando bajo la mirada de una iglesia dormida en la noche”.

 

En este punto, falta poco para acabar el recorrido y tenemos ante nuestros ojos La belleza de Villarejo, una serie de fotografías expuestas en puertas que pertenecían al edificio de La Casa de la Tercia y que nacieron a partir de los diálogos filosóficos con los mayores. La fotógrafa Sonia Almudévar capturó con su cámara las distintas ideas sobre la belleza que emergieron de estos encuentros. “Cuando llegaba el verano nos subíamos a los árboles, escondidos de nuestros padres para bajar los huevos de los nidos de las urracas”, “Las rosquillas eran lo mejor que podías llevar de regalo de Villarejo, con su papel bonito de pastelería fina de Madrid”, “Antes la riqueza mayor de Villarejo era el esparto. La gente vivía de eso; pero hace muchos años que desapareció”, “A mí el paisaje de mi pueblo me encanta (…) La naturaleza entera es la belleza», algunos de los recuerdos que la inspiraron.

 

¿Y ahora? ¿Qué más nos queda por visitar? Después de habernos maravillado con cada una de las obras, nos sentamos en una de las sillas o, mejor aún, en algún pedacito de la moqueta, para escuchar Cuentos bajo las estrellas. Es el gran espectáculo de este Museo Efímero, en el que los 462 minutos de conversación en torno a la belleza de Villarejo de Salvanés, recogidos en los siete encuentros dialógicos con los mayores, se transformaron en historias que cuentan sus más hermosas vivencias y recuerdos, en un viaje inevitable por el pasado, que da cuenta de cómo el pasar de los años deja grandes cambios que conducen a la nostalgia. Estos cuentos narrados por Israel Hergón, quien hace uso de su creatividad y entretiene tanto a niños como adultos, con la historias más bellas, mágicas, auténticas y divertidas.

 

Lamentablemente, la noche no es eterna. Es hora de marcharnos, aunque nos encantaría quedarnos y seguir tomando “el fresco” en un ambiente que tanto a visitantes como habitantes de esta localidad dejó boquiabiertos, especialmente porque era la primera vez que se podía entrar a este sitio. Miramos atrás y nos queda algo latente: Villarejo de Salvanés es un pueblo absolutamente bello, no sólo debido a sus paisajes y monumentos, aquello que se puede palpar, sino por la maravillosa gente que hace vida en él, por las historias que protagonizan y por las ganas que como pueblo tienen de seguir siendo referencia para el futuro. ¡Qué dicha haber contemplado un pedazo de su riqueza! Esto es apenas el comienzo, seguiremos explorándola…

 

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Y POR FIN…EL MUSEO EFÍMERO

Y por fin... el Museo Efímero

El sábado 7 de julio, después de años de aislamiento, el patio trasero de la Casa de la Tercia en Villarejo de Salvanés abrió sus puertas para regalarle a la comunidad un Museo Efímero sobre la belleza.

Lo que era un simple patio, se transformó en un lugar mágico donde se unieron las visiones, las historias y los deseos de los niños, niñas, adolescentes y mayores del pueblo.

Esa noche la belleza se personificó en un juego de luces, sonidos, olores, naturaleza, arte y cultura e hizo de anfitriona a los centenares de vecinos y vecinas que se acercaron a su morada en Villarejo de Salvanés. Aquí os dejamos una galería de imágenes.

UN PROYECTO REALIZADO POR: DANIELE GENNAIOLI (FILÓLOGO E HISTORIADOR DEL ARTE) ESTHER SAN VICENTE (LICENCIADA EN COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL) ANTONIETA MORENO (LICENCIADA EN FILOSOFÍA) CELIA CASTRO (PSICÓLOGA) Mª LAURA PADRÓN (PERIODISTA) Y JUAN ANDRÉS OLAVARRÍA (ABOGADO).

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ÁLVARO CATALÁN DE OCÓN, DIÁLOGO ENTRE ECOLOGÍA Y TRADICIÓN

Álvaro Catalán de Ocón,
diálogo entre ecología y tradición

Cuando conocimos las piezas del diseñador Álvaro Catalán de Ocón, vimos cómo surgía la belleza a partir del diálogo entre ecología y tradición.

Tras estudiar diseño en Milán y Londres, donde obtuvo reconocimiento a sus proyectos, montó su propio estudio en Barcelona para años más tarde regresar a Madrid, su ciudad natal. Su trabajo siempre ha girado en torno a la relación entre los objetos industriales y el trabajo artesano cualificado, convirtiendo en piezas únicas lo que se concibió para ser un objeto seriado.

PET Lamp Chimbarongo, pieza que formará parte de nuestro #MuseoEfímero, es un proyecto específico desarrollado en 2013 con la colaboración de artesanos chilenos de la región de Chimbarongo, conocida como “la capital del mimbre”. La peculiaridad de la misma consiste en que está obtenida reutilizando botellas de plástico PET, un producto con una vida útil muy limitada que tarda décadas en descomponerse, a través de las técnicas y de los materiales tradicionales de la ciudad de Chimbarongo.

Este proyecto es la continuación del que inició un año antes en Cauca, Colombia, donde fue invitado a inventar un objeto utilizando botellas de plástico. Fiel a su convencimiento de que la forma debe seguir a la idea, en su diseño incluyó el trabajo de los artesanos locales a los que conoció durante su estancia en el país, que se habían instalado en la región huyendo de la guerrilla.De esta manera, de la experimentación y el trenzado de las botellas de plástico con las fibras naturales tradicionales nació PET Lamp.

Esta fusión es una muestra de las simbiosis que se generan tanto en el mundo del diseño como en el artístico, donde se da una combinación entre los saberes que se adquieren de generaciones pasadas y que se transmiten a las futuras para que continúen llevando a cabo una labor que identifica a los lugares de orígenes; todo con la intención de que permanezcan en el tiempo, de que no desaparezcan. Y éste es uno de los aspectos fundamentales en este proyecto de Al Fresco, donde buscamos generar espacios para el diálogo intergeneracional. Por eso nuestro Museo Efímero incluirá la pieza PET Lamp Chimbarongo, que no sólo iluminará un espacio muy especial del Museo, sino que desde sus fibras de mimbre nos hablará de tradición e innovación, de pasado y futuro, de lugares que están lejos y a la vez muy cerca.

En relación con el trabajo de Álvaro Catalán de Ocón, quien se dedica a elaborar piezas sofisticadas, con un diseño limpio, elemental, nos atrae el proceso que lleva a cabo para la construcción de su obra, en el que emprende un viaje de inmersión en las realidades de los sitios que visita, no solo con la intención de elaborar lámparas bonitas que encajen en cualquier salón sino que se hace parte de esas comunidades que lo reciben para llegar a la mayor profundidad del valor que sus manos poseen. Nos resulta un verdadero privilegio contar con Chimbarongo, una lámpara que nos remite a la idea de llevar luz a los sitios más recónditos.

Te invitamos a conocer otros aspectos de este artista visitando este link: Álvaro Catalán de Ocón.  

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SONIA ALMUDÉVAR EXPLORA LA BELLEZA DE VILLAREJO

Sonia Almudévar explora la belleza de Villarejo

Hace poco tiempo la fotógrafa Sonia Almudévar compartió con nosotros esta frase: “La belleza está en los ojos del que mira”. En los días previos a la inauguración del #MuseoEfímero, espacio en el que será expuesta una serie de fotografías realizada a partir de los diálogos filosóficos con los mayores, la reitera: “Para mí la belleza es muy relativa. Aunque existan unos cánones de belleza al final creo que está en los ojos del que mira. Bajo esa premisa prácticamente cualquier cosa puede convertirse en algo bello”.

Para esta ocasión, precisamente, se aventuró a capturar las distintos conceptos sobre la belleza que emergieron de los encuentros en los que participaron personajes de Villarejo de Salvanés, quienes contaron sus anécdotas, la mayoría de ellas impregnadas de añoranza por tiempos mejores. ¿Cómo transformar en imágenes las palabras de una generación que cabalga constantemente entre pasado, presente y futuro?

La experiencia de salir a fotografiar en diferentes rincones del pueblo fue, sin duda, bastante intensa para ella. “En un día vi demasiado, más de lo que pensaba; y te das cuenta de que cada municipio tiene una riqueza espectacular si te paras a investigar un poquito. Quería ceñirme un poco al guión que habían marcado los mayores en sus charlas: vivencias, recuerdos, melancolía por lo que ya no existe y esperanza por lo que viene”.

Como a Sonia Almudévar, en lo que a su trabajo fotográfico se refiere, le gusta experimentar, le pareció todo un reto fotografiar las historias que salieron en las conversaciones. Participar en este proyecto, que justamente está ligado a la idea del arte como algo efímero, guarda relación con hurgar en “aquello que hoy está y mañana ya no, o está, pero transformado en otra cosa”.

El punto de partida siempre fue buscar la belleza de Villarejo de Salvanés, incluso, la muestra fotográfica lleva el nombre de La belleza de Villarejo. Sin embargo, considera que hablar solo de belleza sería muy frívolo. Sí, es cierto que siempre está presente la búsqueda de una estética; que puede ser en un retrato, o en un paisaje o en unas simples líneas; pero aclara que no necesariamente esa estética está tan relacionada con la belleza como parece. “Lo que para mí es bello para el espectador puede que no lo sea. A la hora de fotografiar prefiero provocar, o que mis fotos provoquen algo (lo que sea) en el espectador”.  

Aunque muchos fotógrafos tienen un sello de identidad claro, ella no se siente tan identificada con esta afirmación. Más bien cree que no sigue ningún hilo conductor ni cuenta con un estilo específico definido. “No sé si es bueno o malo pero mis fotos no siguen una línea ni compositiva ni estética”. No obstante reconoce que sí existen determinados períodos; es decir, momentos en los que hace fotografía más conceptual, otros en los que usa ciertos colores. Sea lo que sea, es cierto que no se permite parar: “Siempre procuro tener un proyecto en mente para poder seguir experimentando”.

Si deseas conocer algunos detalles más acerca del trabajo que realiza esta fotógrafa, pulsa en el siguiente enlace: Sonia Almudévar

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UN ESPACIO AL FRESCO DE LA TERCIA TRANSFORMADO EN MUSEO EFÍMERO

Un espacio Al Fresco de La Tercia
transformado en Museo Efímero

La historia de la Casa de la Tercia, edificio emblemático de Villarejo de Salvanés, es tan amplia que cuando se habla de ella resulta un tanto difícil quedarse con un momento histórico concreto. Más bien, como cada uno de sus espacios alberga una sucesión de usos, cambios, reformas, que se han ido modificando desde el siglo XV, época en la que se empezó a construir, apetece iniciar un recorrido por esos lugares que esconden magia.

Uno de esos rincones, específicamente el patio trasero, es el que desde el grupo Al Fresco utilizaremos para construir el Museo Efímero que será inaugurado en la Noche en Llamas 2018. Es la primera vez que tantas personas accederán juntas a esta zona y, a propósito de este acontecimiento, conversamos con el historiador y arqueólogo Luis Andrés Domingo, responsable del área de Patrimonio Histórico y Turismo de Villarejo de Salvanés.

Salvo algunos vecinos y una que otra visita guiada de grupos pequeños, nadie más se ha asomado allí, donde no es común acceder porque suele estar ocupado por múltiples equipamientos. Por otro lado, como gran parte era de propiedad privada, durante mucho tiempo no se podía atravesar. Este sábado 7 de julio, tras dos meses de intenso trabajo y reflexión, en un proceso en el que participaron niños, jóvenes y mayores del pueblo, finalmente podremos ver culminada una obra que será el germen de nuevos proyectos.

El patio trasero en la historia de la Casa de la Tercia

Antes que todo, Luis Andrés Domingo ilustra que el museo etnográfico de la Casa de la Tercia es un edificio que se remonta, en virtud del estudio arqueológico realizado, a mediados del siglo XV, aunque no como lo vemos ahora sino con una disposición algo distinta. En una primera etapa, había dos edificios totalmente diferentes dentro del mismo complejo, separados por un patio interior diáfano sin ningún tipo de construcción intermedia.

Por un lado estaban los espacios productivos de la casa, donde se ubicaba la antigua bodega, el granero y se almacenaban los productos agrícolas que a modo de impuestos se pagaban. Disponía también de una almazara para producir aceite de oliva, pero no se sabe exactamente dónde estaba. Mientras que el otro edificio contaba con espacios destinados para el alojamiento de los Caballeros de la Orden de Santiago.

Más adelante, en una segunda fase, a mediados del siglo XVI, el edificio cambió sustancialmente, pues se construyó un patio de columnas que permitía la conexión entre los edificios independientes y con un patio de almacenamiento ubicado detrás de las edificaciones principales que ha cambiado a lo largo del tiempo. Este lugar, inicialmente de carácter auxiliar, en el que se alojaban las caballerías, se almacenaba la paja y los aperos de labranza, se convertirá durante unas horas en un Museo Efímero.

La transformación del patio trasero, tal como se le conoce, es notable sobre todo en las últimas décadas, desde el siglo XX. De manera que la actualidad no obedece a lo que originalmente sirvió de sede de la Encomienda Mayor de Castilla. “Lo que vemos ahora es un patio que, después de la desamortización del siglo XIX, fue dividido por quienes se hicieron con el inmueble y construyeron muros con los que separaban las propiedades”.

Durante la guerra civil española también se utilizó como espacio de avituallamiento e higiene, en el que se habilitaron unas duchas para que los soldados y todos aquellos que regresaban del frente de guerra, pudieran asearse. Esta duchas, además, conectaban con el hospital de sangre, ubicado en el granero, donde se curaban y auxiliaban a los heridos.

El futuro: un espacio de uso cultural

Hoy, el patio trasero es un espacio que no tiene ningún uso, a excepción de servir como almacén de algunas propiedades del ayuntamiento de Villarejo de Salvanés. Luis Andrés Domingo cuenta que se encuentra a la espera de un proyecto, que corresponde a la segunda fase de rehabilitación del edificio, con el objetivo de que el trozo que quede abierto tenga fines expositivos al aire libre, se convierta en un lugar de uso cultural y en una zona de tránsito entre las distintas habitaciones del museo etnográfico.

En esa línea de aprovechar cada espacio de la Casa de la Tercia, considera que nuestro proyecto de Museos Efímeros, aparte de muchas otras cosas, lo que hace es poner la atención en un sitio que no estaba puesto en valor por sí mismo. “Digamos que realizando esta intervención puede ser conocido por las personas de Villarejo, porque llama la atención como un paso previo a futuros usos culturales. Es una iniciativa bonita que rompe un poco con la idea de que los espacios deben tener un acondicionamiento perfecto para ser utilizados y aquí hay una interesante reflexión sobre ese tipo de usos puntuales”.

El terreno, tal como lo vemos actualmente, es bastante interesante porque nos permite apreciar las características del ala este del edificio, todavía sin rehabilitar. Por lo tanto, los muros se muestran descarnados, con la piedra a la vista, lo cual le da un cierto encanto. Igualmente se pueden ver las características de la construcción de la Casa de la Tercia, las huellas que quedaron en los espacios de las edificaciones, más toscos y más rústicos.

El tema central de nuestro Museo Efímero es la belleza. La transformación momentánea de este patio trasero corresponde con los criterios y objetivos que nos hemos planteado como equipo. En ese sentido, Luis Andrés Domingo considera que precisamente la belleza “es un fuerte componente cultural” y, por tanto, sí que puede funcionar con un trabajo incesante. Encontrar la belleza dentro de lo que no está previamente establecido es una idea que él, de cierta forma, comparte; tomando en cuenta los modelos estereotipados que muchas veces rechazan espacios o aspectos de la realidad que no estamos acostumbrados a mirar.

“Me parece una reflexión que puede despertar la curiosidad de los vecinos, llevarles a pensar en aspectos de su propio pueblo que no se habían parado a contemplar y que origine en ellos la pregunta: ¿qué consideramos nosotros por belleza? ¿por qué no ver la belleza en aquello en lo que hasta ahora no habíamos reparado?”. Precisamente en el recuento de cosas que permanecen y otras que no están, salta el pasillo que conecta con el gran portón secundario, por donde accedían los carros, los carruajes y las caballerías.

¡Cuántas historias podríamos imaginar o recrear en torno al trabajo en el campo antes de que surgiera la industrialización, antes de que aparecieran los tractores! Ese mismo camino, por el que distintas personas transitaron y dejaron sus huellas, abrirá paso al museo de la belleza, donde rememorando aquellos tiempos, volveremos a juntarnos AL FRESCO.

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CUENTOS SOBRE LA BELLEZA EN LA VOZ Y GESTOS DE ISRAEL HERGÓN

Cuentos sobre la belleza
en la voz y gestos de Israel Hergón

Para alguien como Israel Hergón, consciente de la relación entre arte y comunidad, participar en un proyecto como Al Fresco, en el que será el encargado de contar en nuestro #MuseoEfímero las historias que nacieron de los diálogos filosóficos con los mayores, significa propiciar un acto de encuentro con el público. Es que compartir relatos, anécdotas, vivencias es un hecho intrínseco de la naturaleza del ser humano, tanto que se volvió tradición adquirida de nuestros antepasados.  

Cuentos bajo las estrellas es el nombre del espectáculo que durante esa noche ofrecerá a los asistentes y que “pondrá en valor” las historias que dan identidad a un pueblo como Villarejo de Salvanés, retomando la costumbre de contar de una manera natural en las plazas, en las calles y hasta enfrente de las casas. “Aparte, lo que me gusta es que justamente este tipo de historias, biografías, anécdotas son de la vida cotidiana”, añade en una conversación previa a este evento que trata “sobre la belleza y otros cuentos”.

Narrador oral con más de tres años de experiencia y cuatro de formación (acumulada), explica que el arte de contar tiene relación con la belleza desde que una buena historia activa nuestra parte racional a través de la imaginación. También sacude nuestras emociones, nos mueve y conmueve por dentro, impulsando las ganas de saber, conocer, descubrir y, sobre todo, de hablar: “Porque normalmente contar y escuchar historias te incita a escuchar, contar, escuchar, contar y así en un espiral que a veces es difícil de parar”.

A sus manos llegaron los textos creados a partir de los encuentros que tuvimos durante dos meses con los vecinos del pueblo. Entonces, se dedicó a profundizar en ellos para entenderlos, hacerlas propios; no desde una memorización total y absoluta, sino desde la interiorización de los hechos. “No los contaré igual a ellos, sino que el proceso consiste en adaptarlos a mi manera de contar y unirlos en coherencia con los objetivos del proyecto”.

Descubrir historias de la vida cotidiana y compartirlas: en eso también consiste la belleza. “En algo que trasciende a la racionalidad del ser humano e incluye una emocionalidad, un impulso”. En ese sentido, se vale de una frase del poeta y narrador oral Celso Fernández Sanmartín: “Historias de vida es lo que tenemos, poco más y nada menos”.

No cabe duda: la pasión de   por el arte convive entre dos mundos que se conectan íntimamente: el trabajo social y la narración oral escénica. Esas áreas, que él hace cercanas, son las que explora sin cesar debido a que es dueño de “una mente inquieta, inocente y curiosa” a la que todavía le queda mucho por descubrir. Si deseas conocer más acerca del trabajo que realiza este personaje multifacético, te invitamos a visitar este link: Israel Hergón.

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FINALISTAS DEL CONCURSO #VILLAREJOALFRESCO

Finalistas del concurso #VillarejoAlFresco

«#LaBellezaEs el muro desnudo, gloriosa torre en tiempos pasados, descansando bajo la mirada de una iglesia dormida en la noche». Esta fue la frase con la que Martina G. Morante, en Instagram @srta.morante, acompañó la fotografía que envió para el concurso #VillarejoAlFresco, resultando ganadora con un total de 185 likes hasta la fecha del sábado 30 de junio, a las 23:59 horas, cuando finalizó el conteo.

La actividad, que inició el 3 de junio, se desarrolló en la red social a lo largo de estas semanas en las que nueve personas, habitantes y visitantes de Villarejo de Salvanés, enviaron sus fotos acerca de la belleza de este pueblo. Los participantes fueron: @_kiara_2004, @angelvk25, @srta.morante, @srto_sharyano_, @gema.42 @maruzap, @angiedgp, @maruvila y Manuel Prudencio. 

Las fotografías recibidas formarán parte de la exposición TU IMAGEN AL FRESCO, que será proyectada dentro de nuestro #MuseoEfimero que se inaugurará el próximo 7 de julio, en el patio trasero de La Casa de la Tercia, dentro de La Noche en Llamas. Ese mismo día se entregará el premio que consiste en unos auriculares marca Tritton para PC/Juegos y un curso online a elegir de la plataforma para creativos Domestika.      

Agradecemos a todos los que acogieron la invitación de compartir sus miradas. Aprovechamos este espacio para compartir las fotografías reunidas.

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LA NATURALEZA Y LA INFANCIA, LUGARES DE CREACIÓN DE CLARA LURUEÑA

La naturaleza y la infancia,
lugares de creación de Clara Lurueña Miguel

A la artista plástica Clara Lurueña Miguel la conocimos en nuestras andanzas en el Encuentro de #ElCuboVerde que tuvo lugar hace unos meses en la Facultad de Bellas Artes, de la Universidad Complutense de Madrid. Tras profundizar acerca de nuestro proyecto Al Fresco, una iniciativa que ella misma define como “filosofía a pie de calle que busca recuperar qué es la belleza para la gente”, descubrió que su propia obra tenía mucho en común con el camino que iniciamos en Villarejo de Salvanés.

Especialmente cuando se acercó a los diálogos filosóficos en los que participaron los mayores, encuentros en los que muchos de ellos relacionaron la naturaleza con las experiencias vividas en la infancia. “Creo que los niños tienen una relación muy directa y primitiva con la naturaleza. Es un lugar en el que juegan de manera natural, que estimula su imaginación y los hace autoconocerse, crecer, evolucionar”.

 

A propósito de “ese estar en la naturaleza que —según su percepción— le ha quedado a la gente mayor”, Clara Lurueña Miguel eligió las piezas Abrazo al olivo I, Abrazo al olivo II, Abrazo al olivo III y Agua para Julia para exponerlas en nuestro #MuseoEfímero. En ellas explora la relación con el árbol, el agua, los animales como un recuerdo intenso, bonito, directo que permanece cuando crecemos.

En ese sentido, le parece interesante que se recuperen lugares “supuestamente” abandonados como motivo para movilizar a la gente, para que se acerquen unos a otros y se hagan sociedad, se hagan piña: cercanía en lugar de alejamiento. El #MuseoEfímero que se realizará en el patio trasero de la Casa de la Tercia “es una excusa para que la gente se junte, que era lo que ocurría antes, cuando todo el mundo se conocía”.

Con respecto a la belleza, concepto que nos concierne en esta ocasión, señala que sin duda está relacionada con la naturaleza porque va más allá de ser algo bonito: es algo verdadero. “Porque en la naturaleza hay cosas horrorosas, muerte, vida, evolución, ciclos, pero esos ciclos están equilibrio continuo, todo se autosana, todo se autogenera. No es algo que se haga de manera artificial, sino que nos conecta con nosotros mismos y con los otros”. Añade: “Me interesa el arte que se hace desde la naturaleza como lugar de evolución, de conocimiento, de sanación”. 

“Arte, naturaleza y normalidad… Eso es todo amigos”, describe en su página de Facebook Clarasal. Si quieres ahondar un poco más en torno a su obra, te invitamos a visitar su página web y en el siguiente link con una breve biografía.

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LA CREATIVIDAD DE VÍCTOR COEURJOLY TOMA FORMA DE PAPEL

La creatividad de Víctor Coeurjoly toma forma de papel

La belleza, para Víctor Coeurjoly, está íntimamente ligada a las formas y a los ritmos. Específicamente a la naturaleza, donde las formas más bellas son aquellas que tienen hipersimetrías, las que tienen fractales, las que tienen patrones. “Deduzco que la belleza objetiva, sin opinión, es la que la naturaleza nos brinda”, afirma.

Con estas palabras, el joven artista especializado en origami, nos acerca una vez más a un concepto que desde hace meses nos ronda. La razón de estas líneas es justamente la participación que tendrá en nuestro #MuseoEfímero con La belleza con ojos de niño: obra creada a partir de los trabajos elaborados por los alumnos de 1º, 3º y 4º de primaria del colegio Nuestra Señora de la Victoria en los talleres filosóficos dirigidos por Ana Sanz, Lucía S. Palacios y Antonieta Moreno Casañas.

A lo largo de estos encuentros, de una hora de duración, se promovió la reflexión sobre la belleza de Villarejo de Salvanés tanto a través del diálogo como del dibujo y collage. Los resultados fueron transformados por Víctor Coeurjoly en piezas únicas que colgarán desde una red y unos farolillos que iluminarán los árboles, en una experiencia que para él resulta diferente a lo habitual. “Me gustó utilizar materiales intervenidos porque es más personalizado, tiene mucho más sentimiento y humanidad. Estoy acostumbrado a trabajar con cartones, planos, crudos, lisos y hacerlo de este modo fue bastante interesante”.

Participar en nuestro #MuseoEfímero, comenta, significó un reto porque se trató de crear estructuras con materiales que estaban definidos y a los que se les tenía que buscar una utilidad muy concreta: conseguir que a partir de los papeles de los niños se obtengan lámparas. “Para mí fue como un rompecabezas geométrico”. Y, aunque ha participado en distintas exposiciones, en museos de varios países, manifiesta que le entusiasma mostrar lo que hace en “lugares que precisamente no son museos, lugares que son menos ordenados, menos fríos, más vivos”, tal como es el espacio del patio trasero de la Casa de la Tercia.

Nos parece curioso, maravilloso, que Víctor Coeurjoly quien empezó a hacer papiroflexia con apenas siete años de edad, guiado por la intuición y aprendiendo con un libro de instrucciones y papel para hacer figuras sencillas: conejos, mariposas, flores, pájaros, sea el encargado de sumar una nueva mirada a la interpretación de la belleza que nos regalaron los más pequeños: una visión tan pura, tan real, como la de un niño.  

Definitivamente, la creatividad es un don que se cosecha desde la niñez. Para acercarte a la obra de este artista, te invitamos a hacer click en este link: Víctor Coeurjoly

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UNA ENRIQUECEDORA TRAVESÍA «AL FRESCO»

Una enriquecedora travesía "Al Fresco"

Todo esto empezó así… Nos encontramos, un tanto al azar, con el anuncio de un curso titulado: Travesías, herramientas para activar la cultura local. Sin pensarlo demasiado, ¿para qué negarlo?, en seguida nos enrumbamos a vivir esta experiencia en la que nos topamos con personas y proyectos con los que compartimos visiones similares en torno a la cultura. Sabíamos que sería una oportunidad que no podíamos desaprovechar…

El programa consistía en el acceso a un valioso material formativo disponible en la Plataforma/C y en una serie de talleres presenciales que se llevaron a cabo en los espacios de Intermediae dentro de Matadero Madrid. Además, a lo largo de tres meses participamos del acompañamiento online que estuvo a cargo de las gestoras culturales Susana G. Padín (Trànsit Projectes) y Betania Lozano (Plataforma/C), quienes cada semana nos enviaban a través del correo una hoja de trabajo, en la que debíamos responder, de forma concreta, distintas preguntas que nos ayudaron a aterrizar nuestro proyecto.

Así, durante todo este tiempo, aprendimos a ser constantes, en un proceso que nos demandaba poner en palabras claras, concisas, directas, aquella marea de ideas con la que arrancó Al Fresco, y que paso a paso fue encontrando su rumbo. El resultado de este trabajo quedó plasmado en un dossier que presentamos hace unos días en la actividad llamada Mesas Colaborativas y Fiesta Final.

En este encuentro nos juntamos con otros cuarenta proyectos, creados por personas maravillosas que también formaron parte esta Travesía y con quienes interactuamos para descubrir que entendemos la cultura no como un modo de consumo sino como una herramienta que puede generar grandes cambios. La sensación que nos queda, al recrear la experiencia en estas breves líneas, es la de la alegría por saber que formamos parte de una comunidad con la que seguiremos creando lazos para seguir trabajando, construyendo, creando. Todo esto es apenas el comienzo…

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LA BANDA DE MÚSICA: REFLEJO DE VILLAREJO DE SALVANÉS

La banda de música: reflejo de Villarejo de Salvanés

“Anécdotas hay muchísimas”, nos dice Samuel, entusiasmado, con la certeza de quien lleva años investigando, removiendo, escarbando y posee un repertorio infinito de cuentos. Estamos reunidos en el Hostal Carmelo Gastrobar, compartiendo un té y un café, con la excusa de hurgar en sus descubrimientos en torno a la Banda de Música de Villarejo de Salvanés, referida en documentos que poco a poco ha desempolvado y que dan cuenta de la antigüedad de uno de los iconos culturales de este pueblo.

Docente y músico apasionado, Samuel García Escaño está cursando actualmente un doctorado en Musicología, en la Universidad Autónoma de Madrid, en el que se dedica a recopilar los aspectos históricos y musicológicos de la agrupación. Este proceso nació del acercamiento a las memorias de Juan Obispo, miembro de la banda en su época, que en una ocasión llegaron a sus manos. A partir de entonces, aficionado por la Historia, se dedicó a “recopilar cosillas” como hobbie hasta que se lo tomó en serio; tanto que su proyecto consiste en publicar sus hallazgos en un libro que deje el nombre de Villarejo de Salvanés en alto. Así que aprovechamos esta conversación tan propicia para aproximarnos nosotros también a este tesoro vivo.

 

I

“En el mes de junio de 1879, los padres Jost y Azevedo, acompañados del canónigo toledano se presentan en Villarejo, con el ánimo de tratar con el pueblo el asunto de la Fundación. Quedaron atónitos al encontrarse, a la entrada del pueblo, con el Ayuntamiento en pleno y una muchedumbre, precedida de la banda de música, que les acompañó hasta la casa de un señor principal”.

Este es un fragmento del libro de la Fundación de los Redentoristas en España, que relata el paso de la congregación por el pueblo y donde se menciona a la Banda de Música. Es casi la primera referencia escrita que se tiene, pues aunque existe un documento de 1855, donde se asoma una primera pista acerca de una agrupación con músicos de la localidad que tocan en una procesión, no se sabe si se refiere a la misma banda. En ese sentido, Samuel manifiesta que justamente entre 1855 y 1879 queda un vacío de información. No obstante, seguirá buscando entre los distintos archivos, con la expectativa de conseguir un acta que revele con exactitud la constitución de la banda.

Entretanto, se emociona cuando habla de los acontecimientos más curiosos, como es el caso del compositor Ángel Martín Pompey, de la generación del 27, quien permaneció cuatro años en el pueblo junto a su padre cuando éste ejercía de organista. Entre 1916 y 1920 estuvieron en el pueblo, y en esa temporada el chico recibió clases del director de la Banda de Villarejo de Salvanés, compuso dos o tres obras y alguna vez hizo un pequeño coro que interpretó con la banda. “Grandes músicos nacen en bandas pequeñas”, comenta Samuel. Son estas historias las que lo empujan a continuar con esta investigación.

Además de los datos históricos que encontró en este recorrido, los testimonios escritos revelan que la Banda de Música era un referente cultural, quizás el único o de los pocos referentes culturales del pueblo y sus alrededores. “Ahora no lo tenemos en cuenta porque escuchamos música en cualquier momento, pero los mayores cuentan que antes, cuando ensayaban, las ventanas estaban llenas de niños que se asomaban a oírlos tocar, porque si acaso lo único que escuchaban en el día a día eran las rondallas o a su abuela cantar. No había más”.

II

La Banda de Música de Villarejo de Salvanés recorría distintos pueblos. En aquella época era rentable formar parte de ella porque había pocas agrupaciones alrededor, así que los músicos tenían trabajo asegurado durante casi todo el año. Por otro lado, los hombres que la conformaban, aunque no supieran leer, sí que sabían interpretar el solfeo, o como le decían en ese entonces, la solfa. Era un invaluable acercamiento a la cultura. Además del trabajo de la agricultura y la ganadería, para muchos era una oportunidad de estudiar una carrera; incluso algunos se hacían músicos militares porque era lo más accesible.

Para transportarse, los músicos se movían en bicicletas o en carros. Salían en la noche y llegaban al pueblo donde iban a tocar y se quedaban durante toda la fiesta, haciendo bastantes amistades. En alguno que otro lugar todavía tienen la tradición de quedarse en las casas, pero en general esta costumbre se perdió, porque prácticamente eran tradiciones de subsistencia, pues no podían ir y venir el mismo día.

 

En cuanto al propio alborozo en Villarejo de Salvanés, antes de la década de los sesenta, la banda se encargaba de todo: la diana, el pasacalle, la misa, la procesión, los toros y al final de la noche, el baile también. Más adelante, empezó a haber orquestas de baile y un grupo de músicos montó la discoteca «Castil»; pero luego, con la aparición de la música disco, se modernizó totalmente. Hasta los años ochenta, no apareció una mujer tocando en la banda y, por otro lado, cabe destacar que desde sus más de cien años de existencia, la banda ha funcionado ininterrumpidamente, excepto en el período que duró la guerra civil.

En Villarejo de Salvanés, todo el mundo habla bien de la Banda de Música. Para Samuel, ésta es la muestra del vínculo entre los habitantes y el pueblo, porque valoran la tradición musical que representa, además porque en las familias casi siempre tienen a un conocido tocando allí. Más bien es raro es que un habitante de Villarejo no tenga un familiar que toque un instrumento. Para recrear la importancia de la banda, añade como dato curioso que Villarejo es uno de los pocos lugares donde la cantidad de socios ha igualado o sobrepasado el número de asociados al fútbol.

Y, cuando es época de ritos religiosos y la banda los engalana con su música, la gente se motiva, se mueve. Algunos, añoran que la banda los despierte el día de la Virgen, tal y como se hacía en años anteriores, cuando no existían los despertadores. Es lo que Samuel denomina un vínculo Banda-Villarejo y Villarejo-Banda, en el que no solo el pueblo valora a la banda, sino que la banda hace lo mismo con el pueblo. “Aparte es un ámbito muy tradicional: si el abuelo fue músico quiere que el nieto lo sea”.

III

Nadie puede negar que música y belleza son conceptos cercanos. Samuel descubrió esa simbiosis cuando apenas era un niño y escuchar la banda lo cautivaba, así nació su amor por la música. Recuerda que para formar parte de ella, los chicos antes debían permanecer un año como oyentes. Durante ese tiempo disfrutaba de las distintas obras y compositores, hasta que tuvo la oportunidad de tocar y quedó realmente encantado. Empezó con el requinto y, más adelante, incursionó en el clarinete, instrumento que todavía toca.

A sus nueve años, los mayores le encomendaron la labor de papelero, aquella figura que llevaba las partituras cuando tocaban en otros lugares, una costumbre que se perdió. Hoy, dedicado a la docencia y a una banda de música profesional, conserva en su memoria el recuerdo más bello de todas las vivencias dentro de la Banda de Música: haber dirigido un pasodoble en el Palau de la Música de Valencia. Él mismo lo compuso, se titulaba Salvanés.

Esa ilusión del principio se mantiene intacta, aunque ciertas cosas han cambiado. Es cierto que ahora los músicos no pueden vivir de ello y que la banda solo recibe dinero para eventos puntuales, haciendo intercambio con otras ciudades. Sin embargo, Samuel se contenta de que siga contando con buena fama porque quienes trabajan allí, han intentado encaminar a los niños hacia la cultura, para que en un futuro puedan tocar en otras bandas, disfrutar y ganarse la vida si quieren dedicarse a ello.

Hoy los integrantes están más preparados; antes la formación era autodidacta y ahora es más profesional. Este camino, en el que deja toda su pasión como docente, investigador y músico, es el reconocimiento a la riqueza de Villarejo de Salvanés, el pueblo de toda su vida. “Villarejo puede ser conocido o no, pero en el tema de la música sí que lo es…”

Las siguientes fotos han sido cedidas por la Banda de Música de Villarejo y forman parte de su archivo privado. 
Pincha sobre ellas para verlas ampliadas.

7 de octubre 1940
1961
1965-1977
1981-82
1989
2009
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LA BELLEZA DE UNA VIDA DENTRO DEL CINE

La belleza de una vida dentro del cine

“Esta tarde, cine en mi casa, a dos reales”, avisó a sus compañeros de la escuela. En lugar de dedicarse a hacer los deberes, se pasó una tarde entera recortando entradas de cine, que entregó a sus amigos con la intención de que acudieran a la proyección de una película, aprovechando la ausencia de su madre. La venta de los tickets fue un éxito rotundo y una cola de unos treinta niños entusiasmados se formó frente a la puerta. Apenas tenía siete años de edad y, sin sospecharlo, este episodio sería el germen de una apasionante aventura cinematográfica.

Este es el relato, digno de ser contado en 24 fotogramas por segundo, que Carlos Jiménez, coleccionista y antiguo empresario de cine, narra acerca de los orígenes de un amor encarnado hoy en el Museo del Cine: espacio mágico y evocador, ubicado en Villarejo de Salvanés, que fue inaugurado en 2012. Un proyecto que es el culmen de todo un proceso que inició cuando tenía ocho años (un año después de la primera travesura de armar un cine en casa), época en la que empezó un coleccionismo espontáneo. Está claro: quinientos proyectores e innumerables objetos no se coleccionan en una semana.

A esa edad, su padre, quien había fundado un cine en el pueblo, lo dejaba a cargo de cientos de personas que llenaban la sala. Durante su ausencia, él era el operador, nada menos que el rey; y su labor consistía en maniobrar un proyector enorme, de voltaje peligroso, que le fascinaba mucho. Sin embargo, había ocasiones en las que el aburrimiento lo embargaba, especialmente cuando los domingos tenía que “echar” la misma película en dos sesiones continuas. En el entretanto, se ponía a jugar con los trastos viejos que poco a poco fue acumulando en su habitación. De repente, se encontró con un suceso totalmente inesperado: era dueño de la colección de cine más importante de Europa.

A lo largo de cincuenta años, aquello que empezó como un juego, siguió una cadena de acontecimientos que forjaron su espíritu de coleccionista, un calificativo o, más bien, oficio, que nunca pretendió; y que incluso siendo un niño lo veía tan grandioso, que ni siquiera se lo planteaba. “Para mí, esto era una cosa de otro mundo. Es algo que poco a poco surge y cuando te das cuenta, estás muy metido en ello”. Hasta que aquello que nació como un gusto personal, cambió con el tiempo. ¿De qué le servía tener resguardadas tantas cosas valiosas si no las compartía con los demás?

Así nació la idea de construir este templo en el que tras cada pisada la persona emprende un viaje memorable hacia rutas impregnadas de nostalgia y sentimientos latentes, asombrada ante las historias y curiosidades que no se consiguen en los libros. Por otro lado, quien viene aquí retrocede en el tiempo, revive sus épocas de juventud y se vuelve a su casa “más contento que unas castañuelas”. ¡Cómo ser indiferente ante el cartel de Marcelino, pan y vino, la película que muchos abuelos y abuelas de 70 años recuerdan haber visto cuando eran unos adolescentes!

 “Esto es porque siempre queremos volver al pasado, nos gusta buscar en el baúl los recuerdos buenos. Por eso parece que los tiempos pasados son los mejores, porque los malos los arrinconamos”. Justamente en medio de esa travesía de rescatar grandes episodios de la memoria, comparte uno de sus recuerdos más bellos: aquella tarde invierno en la que su padre lo llevó por primera vez al cine. “Yo estaba nervioso. Ni yo sabía qué era el cine, ni mi padre sabía qué película echaban. Al preguntar qué película ponían, nos respondieron: ‘Una’. Nadie sabía qué íbamos a ver, pero la ilusión de todos era enorme”.

Carlos Jiménez, además de desarrollar una faceta temprana de espectador, compartió con su padre, que fundó distintos cines, la experiencia de proyectar películas en los pueblos. Esta labor no solo la llevaban a cabo en Villarejo de Salvanés, sino en los alrededores. Él, que conoce cómo funcionaban los cines rurales, es testigo de los cambios que se han vivido en estos lugares. Para contarlo, decidió escribir Sentados en la butaca de un cine, novela en la que desparrama su deseo de que no desaparezcan determinadas memorias, para que sirvan como un descubrimiento entre las nuevas generaciones.

“El cambio es brutal; no solo el cine, en la maquinarias, sino en las personas, en la sociedad. Todos los conocimientos que introduzco en el libro, contando cómo era el cine y cómo eran los acomodadores; que la gente iba con manta, que había un descanso en la película o que mi padre abrió el cine sin butacas porque no podía comprarlas y que todos se traían las sillas de sus casas, son curiosidades que muestran el ambiente que había”.

¿Quién es capaz de dudarlo? El cine fue, y sigue siendo, un espectáculo único. Durante el siglo XX este fenómeno significó que, por ejemplo, en una pequeña aldea se conociera de la existencia de semáforos en las ciudades porque la gente los miraba las películas. El cine, damas y caballeros, es un transmisor de cultura. Y aunque muchas veces Carlos Jiménez se ha enfrentado a la duda de si todo lo que hace vale la pena, es la pasión verdadera la que lo mantiene en pie. Cada visita guiada que dirige es para él un disfrute. “Cuando veo que a la gente se le cae la baba con las historias que le cuento, ese es el aplauso que necesita el actor y yo quiero compartirlo con todo el mundo”.

Una de las anécdotas más llamativas es el recorrido que él hacía junto a su padre, llevando un rollo con la misma película para proyectarla en distintos pueblos porque no podían pagarla para cada uno de los cines que regentaba. Esto se debía, explica, a que en ese entonces tenían que comprar las películas por lotes y, entre tantas, venía una sola buena, que era la que proyectaban. La cuestión es que “mentían” a la distribuidora, diciéndole que la contrataban para un solo pueblo, mientras que la reproducían en toda la provincia.

O cómo en una ocasión, en pleno verano, regresando a las tres de la madrugada, unas quinientas personas se encontraban en las afueras del cine, tomando el fresco y esperando que ellos volvieran con la película para disfrutarla. Un acontecimiento que revela cierta locura que el cine ocasiona en quienes se acercan a él: “El cine engancha; en especial el ambiente de alegría. No es igual ver una película solo que con público, no es igual ver una película en el móvil que verla acompañado en una sala. Es un verdadero espectáculo cinematográfico”.

El resguardo de muchas de estas memorias son sus anotaciones. Tanto ha vivido que es necesario recurrir a los papeles donde tiene todo escrito para poder recordarlo. En su mente, sin embargo, quedan certezas bastante claras. “Vivir el cine es mi fuente de escape. El cine me ha hecho viajar muchísimo, conocer a gente, coleccionar con ilusión”. Mantener el museo abierto no es algo que le genere grandes ingresos, pero cada vez que la gente que se acerca y conversa con él, realmente se emociona. Es una experiencia que va más allá de ser un coleccionista, el cine es todo para él.

Es cierto que luego de esta aproximación a la fascinación de Carlos Jiménez, probablemente sea fácil asumir que él es consciente de la belleza de este sitio y del valor que representa para Villarejo de Salvanés. Aunque la presunción es bastante cierta, y él tiene claro que alberga un tesoro invaluable, manifiesta que está tan acostumbrado a ver las mismas piezas todos los días, que a veces olvida cuánto las aprecia. ¿Será porque a veces resulta más sencillo amar las cosas desde afuera? ¿O porque en ocasiones nos deslumbramos por la novedad? Cuando alguien le pregunta cuál es la que entre todas le gusta más, él responde, sin titubeos: “La que todavía me falta por tener”.

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EL VINO: SUS MÁS BELLOS MATICES

El vino: sus más bellos matices

En el vino, como en la vida misma, nada es casual, todo tiene una razón. Elaborarlo, requiere de mucho trabajo, esfuerzo, investigación. Entre todas las bebidas, ésta destaca por sus sutilezas; la sensibilidad en las manos del creador marca la diferencia. El vino, que nace en la viña, es llevado a la bodega con todas sus partes más nobles, escondidas en el hollejo de la uva: el sabor, el color, los aromas. Resguardado en las barricas se transforma y, según el trato que reciba, sus características pueden potenciarse.

Antes de continuar, aclaramos que las siguientes líneas no contienen un extenso tratado sobre el vino y sus propiedades, son más bien el acercamiento a un personaje que, con pasión desmedida, nos paseó por algunos recodos de su experiencia íntima con esta bebida que más que el contenedor de millones de uvas fermentadas, es un ser viviente. ¿Cómo es que el vino es un ser viviente? Sí; lo es en la manera en que sus matices se transforman y en el constante proceso de evolución en el que se encuentra inmerso.

Una afirmación que no nace de nosotros, sino de la conversación con Félix Martínez, hombre dedicado toda la vida al vino: oficio prácticamente heredado. En este encuentro, en el que hablar del paso del tiempo es inevitable, comienza relatando que el origen está en su abuelo, quien llevaba su mismo nombre, y hacía “sus pinitos” con el vino como agricultor particular. Más adelante, Gregorio, su padre, empezó a elaborar vinos con más intensidad; época en la que no existían bodegas industriales y los agricultores que eran dueños de viñas elaboraban su propio vino y lo vendían al público directamente.

Entonces, cuando era un muchacho, él también se inclinó por este maravilloso mundo y estudió Ciencias Químicas en Madrid, para poner en práctica los conocimientos adquiridos y, cómo no, todo lo que su padre le enseñó, pues la química del vino es particular. Poco a poco, el negocio fue creciendo hacia otras latitudes. “Nosotros llegamos a vender en esta bodega, que es pequeña, cincuenta millones de litros de vino en un año”. En aquel momento, confiesa, no sospechó que desde este lugar exportaría a más de treinta países.

Al principio, señala, se conformaba con el mercado madrileño, donde cuenta con una concentración de consumidores extraordinaria. Hoy, Vinos Jeromín es reconocida como la bodega más importante y la principal productora de vinos en Madrid. En la calle Juan de Austria, en Villarejo de Salvanés, se encuentra esta asombroso lugar, construido hace más de sesenta años. Durante este tiempo, además de presenciar la evolución del vino, Félix Martínez también nota, de manera inevitable, cómo el pueblo se ha transformado.

“Es un pueblo que no ha crecido tan deprisa; hemos tenido alguna oportunidad del boom industrial y no la aprovechamos. Esta zona es ideal porque estamos a 50 kilómetros de Madrid, y entre medias de Valencia, el puerto más cercano; esto podía haber sido importante, pero hemos sido demasiado egoístas”, comenta. No obstante, sigue apostando por mantener en pie su negocio. “En Villarejo estoy a gusto. Aquí tengo a mi familia, me llevo bien con todo el mundo. Me gusta hacerlo crecer, pero tenemos que hacerlo todos”.

La estrecha relación con Villarejo de Salvanés se traduce en las vivencias con su familia y, por supuesto, en el desarrollo de su trabajo. Cuando era niño, desde los siete años, estudió en Madrid y se quedaba en casa de una tía, por lo que cada vez que regresaba al pueblo, emprendía un viaje que significaba el reencuentro con sus padres y su hermana. Más tarde, después de finalizar los estudios en el instituto y en la facultad, regresó definitivamente a estas tierras a trabajar, de modo incansable, hasta la fecha.

Cuando habla de todos estos detalles, manifiesta gran orgullo por haber trabajado siempre con honradez. Aunque ha vivido épocas duras, y no todo ha sido una alfombra de flores, se ha levantado de los momentos de “ruina”. Ruina, una palabra fuerte que quizás connota dificultad para volver a estar en pie, situación que enfrenta con sacrificio y esfuerzo. “Meterse en el pozo y, aunque sea a cubos, sacar el agua”. Un trabajo que, además, lleva a cabo con la ayuda de su familia, precursora de su legado. De la mano de su hijo Gregorio, quien es economista, y se encarga del comercio interior y exterior; y de Manuel, enólogo de profesión, quien fabrica los vinos, conserva una tradición que se extenderá de generación en generación. “Esto no es fácil; muchos han querido montar bodegas, pero se quedan en el camino. Al final, todo se consigue a base de persistencia”.

Aunque la nostalgia por tiempos anteriores es común entre las personas, Félix Martínez asegura que no es prudente quedarse anclado en el pasado. “La evolución, mientras que sea para bien, es fundamental”. Entonces, rememora una imagen que es para todos conocida: La tarea de pisar las uvas con los pies, una faena que él mismo vivió. Hoy, ese proceso ha cambiado. “Ahora lo haces con máquinas de acero inoxidable para que no se contamine. La tecnología la debemos usar de la mejor forma”.

Es cierto que la elaboración era más artesanal y la producción de la uva no era tan forzada, pero a pesar de ciertos cambios, hay “tres cosas particulares” que su padre le enseñó y él jamás olvida: limpieza, limpieza y más limpieza. La belleza, definida como la alegría de la vida, también se halla, indiscutiblemente, en el vino. “La mayoría de la gente no sabe mucho de vino, pero sabe lo que le gusta. Si tú lo pruebas y es agradable, sigues bebiendo. Si no, no lo vuelves a probar”. Pero, añade, esta belleza no solo es posible experimentarla en sus sabores, a través de los demás sentidos podemos apreciarla.

El aroma del vino, afirma, es muy interesante. Los matices que da un vino en una copa, añade, son una delicia: el color de un tinto, los amarillos de un blanco. La textura, apunta, es palpable en cada minuto. El oído, que no se queda por fuera, pues también el vino tiene su propio sonido. Félix Martínez, conmovido, recuerda a Isabel Mijares, enóloga extremeña, a quien llama “la poetisa del vino”. En una oportunidad, cuenta, ésta preguntó a todos los presentes si eran capaces de oír el ruido del verdejo al caer en la copa.

En medio de esta historia, cuando parece que no cabe de regocijo, comparte la anécdota de un joven que trabajó con él hace varios años, y que todas las mañanas se levantaba antes de tiempo, para quedarse mirando fijamente cómo el vino fermentaba en las tinajas. Un episodio que él mismo relaciona con el amor que se debe depositar en el trabajo que uno hace cada día: “Trabajar en lo que te gusta porque realmente disfrutas”. Él, aunque no es capaz de definir con precisión todo el aprendizaje obtenido, reconoce que entre lo más valioso está la amistad, el compañerismo y muchas satisfacciones. En definitiva, “el vino da para mucho, el vino es agradecido”

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FOTOGRAFÍA PORTÁTIL E INSTALACIÓN SONORA EN EL MUSEO EFÍMERO

Fotografía portátil e instalación sonora en el #MuseoEfímero

El hostal Carmelo Gastrobar, restaurante oficial de nuestro proyecto, fue el lugar elegido para la cita en Villarejo de Salvanés. Durante esa mañana nos reunimos con la artista plástica María Eugenia Zapatero y el actor especialista en improvisación Ernesto Zuazo, para escuchar y compartir ideas en torno a su participación en el Museo Efímero que venimos preparando.

Maru, como la llaman sus más cercanos, es una artista argentina, quien tiene sus orígenes en el área de la Psicología y, además, ha estudiado Bellas Artes en su país. Hace tres meses que vive en Madrid y, desde que llegó a la ciudad, está en la búsqueda constante de las formas y sombras que aparecen a su paso. Actualmente se dedica a realizar un trabajo fotográfico de pequeño formato, casi siempre de tamaño polaroid. Precisamente en esa línea de buscar la belleza del detalle, nos complacerá con una obra efímera y portátil que expondrá en una especie de “caja museo”, donde colgarán sus fotos.

Ernesto, también argentino, es un locutor y actor especialista en improvisación. A sí mismo se define como un ser inquieto, que indaga y participa en distintas disciplinas. En esta oportunidad, participará en nuestro Museo Efímero con una instalación sonora que estará dispuesta en una de las habitaciones, invitando a que los visitantes se acerquen a disfrutar de las obras expuestas en ese espacio bastante peculiar.

Nos emociona muchísimo contar con estos dos artistas, que ahora son nuestros cómplices, a quienes conocimos en las andanzas de encuentros formativos y participativos con distintas iniciativas culturales que se están gestando no solo en los entornos rurales, sino también en distintas ciudades. A ellos, les damos la bienvenida a esta aventura Al Fresco.

Para conocer más de la obra de estos dos artistas, puedes pinchar en los siguientes links:

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LA BELLEZA ESTÁ EN LOS OJOS DEL QUE MIRA

La belleza está en los ojos del que mira

Eduard Humes, David Nebreda, Raquel Chicheri, Leonardo Cantero, Ana F. Martín; todos ellos nombres destacados en el panorama de la fotografía, cada uno con su manera particular de mirar. Una muestra de su trabajo fue el punto de partida para la reflexión en torno a la belleza que se generó en el Taller de Fotografía, donde participaron los jóvenes de Villarejo de Salvanés, pero también algunos adultos que se sumaron al encuentro.

La imagen de la gallega Raquel Chicheri, en la que un niño aparece con el torso desnudo y un balón de fútbol congelado en el aire, rápidamente generó opiniones diversas: A uno de los chicos la foto no le parecía tan especial o más diferente que cualquiera otra; mientras que alguien añadió que aunque intuía que la fotografía se tomó en un barrio pobre, la luz y la sonrisa del niño le da muchísima vida al entorno.

Así, a medida que pasaron las siguientes fotografías, cada quien se posicionó en relación con su concepto de belleza. “La belleza de lo feo”, por ejemplo, surgió entre los asistentes como una idea relacionada con su ambiente más cercano: “Hay quienes vienen a Villarejo a ver el castillo, los monumentos, las fuentes. También, un día, podríamos ver en lo feo lo bello”. Por otro lado, el autorretrato de un hombre produjo reacciones contrarias. “La veo tétrica”, “me produce tristeza”, “a mí me agobia”, “a mí me genera tranquilidad”, fueron algunas de las frases que saltaron al mirarla.

Entre los distintos estilos, unos manifestaron que prefieren el color, especialmente los rojos, amarillos, azules, verdes, grises. Otros, se decantaron por el contraste infalible del blanco y negro. Entonces, la fotógrafa Sonia Almudévar, quien junto a Antonieta Moreno Casañas, filósofa integrante de Al Fresco, guió esta reflexión inicial en la que pretendía hurgar en las concepciones de belleza que cada quien posee, compartió una frase que rindió cuenta de la subjetividad que nos arropa: “La belleza está en los ojos del que mira”.

En ese sentido, la misma Sonia reconoció que para poder identificar este enunciado como una certeza, previamente hizo el ejercicio de detenerse para preguntarse: “¿Cómo miro yo?”. A partir de esta pausa, necesaria para descubrir qué cosas nos cautivan tanto que tenemos que capturarlas, entendió que los colores, las formas, la luz, son algunos de los elementos que ella siempre está cazando cuando busca un momento, un objeto, una persona, para fotografiar.

Frente a la cámara, cualquier cosa es válida: la gente, las luces, las sombras, los árboles. Sin embargo, antes de salir es importante hacer la reflexión: “¿Qué voy a hacer?”, “¿Qué quiero fotografiar?”; pues este arte no se trata únicamente de pararse en un lugar y pulsar el obturador, sino de centrarse en lo que se quiere capturar. “A lo mejor no tengo tan claro qué quiero, pero de pronto llego a un sitio y logro conseguirlo; como también es posible que no consiga sacar lo que realmente estoy viendo”. 

En el proceso, añadió Sonia, también nos puede suceder que vemos cosas que nos gustan pero a otros no. Cada quien va forjándose sus preferencias: fotografiar emociones, reflejos, movimiento, buscar “pillar” un momento único con el móvil, a pesar de correr el riesgo de perderlo o detenerse con calma para encontrar un mejor ángulo hasta que quede totalmente lograda. Todos estos escenarios son posibles, pero siempre hay que tener claras ciertas reglas básicas: el centro de interés, las líneas, la regla de los tercios y la ley de la mirada.

A todos estos asuntos, relacionados con los aspectos básicos de la composición fotográfica, se sumó la ponencia «Fotografía y redes sociales, aspectos legales y difusión», espacio dirigido por Tony, agente tutor, quien recordó la importancia de utilizar las redes sociales con responsabilidad, tomando en cuenta que cada vez que ingresamos en ellas estamos aceptando las condiciones de uso que allí se exponen. 

 

El diálogo entre todos culminó. Llegó el momento de poner en práctica lo escuchado y compartido. Móviles, tablets y cámaras en mano, considerando todas las recomendaciones, los jóvenes se permitieron explorar el suelo, las piedras, las esquinas, los árboles, las ramas, en el recorrido fotográfico que se llevó a cabo en los alrededores del Centro Cultural Luis de Requesens.

 Al principio, algunos estaban un tanto dudosos con respecto a qué hacer, preguntando “¿a qué cosas podemos tomarle fotos aquí?”, Sonia poco a poco guió, orientó, señaló varias opciones. A quienes todavía insistían y cuestionaban: “¿Dónde hay aquí un paisaje bonito?”, ella respondía, a la vez que los instaba: “¡Presten atención, hay aquí tantas cosas que mirar!”. Durante los siguientes minutos, los jóvenes hallaron rincones interesantes, en los que nunca se habían fijado. Las fotografías que tomaron participarán en el concurso #VillarejoAlFresco que durante el mes de junio se estará realizando.

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LA INFANCIA Y LA BELLEZA VAN DE LA MANO

La infancia y la belleza van de la mano

Para Vitorio, Antonio, Alfonso, Jaime, Andrés, Luis y Clemente, todo empieza con una petición: “Piensen en el recuerdo más bello de su infancia”. Ellos son tan solo algunas de las más de 600 voces que pertenecen a la Asociación Hogar del Pensionista. En esta ocasión se prestan a compartir sus memorias, paseándose por las experiencias vividas en Villarejo de Salvanés, el espacio donde crecieron. Cada uno, en su asiento, se toma unos minutos para responder, y en seguida saltan los recuerdos más profundos.

 

Volver a la niñez significa atajar la sucesión de imágenes que los bombardean: desde comer junto a las gallinas y las cabras que estaban en las casas, jugar con los amigos al rescate, cara o cruz (o el inglés), la chita, los güitos, las tabas, entre otros, en los alrededores de “La cruz de lo caídos”; juntarse en las horas del recreo para cometer alguna que otra travesura que mereciera unos cuantos regaños o “pescozones” o disfrutar con las muchachas de la película favorita en el cine por una peseta. La infancia, además, es pensar en la amistad.

 

Volver a la niñez también conlleva a experimentar la extrañeza propia del pequeño que le preguntaba a su madre dónde estaba el padre, a qué hora regresaría, por qué camino vendría y esperarlo, en la carretera, hasta que volviera; o la nostalgia por recordar los largos paseos en el verano junto a su abuelo, desde Villarejo a Perales, desde Perales a Morata, como si el tiempo en realidad fuese eterno.

 

Las marcas, las huellas, que deja el transcurrir de los años, son visibles en sus rostros, en sus manos, en sus miradas. Algunos, incluso, enseñan la cicatriz que dejó una piedra que cayó en una zona del cuerpo equivocada cuando jugaban a las pedreas los del barrio alto contra los del barrio nuevo. Villarejo de Salvanés, como ellos, tampoco ha quedado exento de sus estragos: es cuestión del pasado tocar la campana de la iglesia “en arrebato” para pedir ayuda o salir a tomar “el fresco” frente a las casas cuando llega la época del verano.

 

Para Vitorio, Antonio, Alfonso, Jaime, Andrés, Luis y Clemente, una pregunta que invita a visitar, con la mente, : “¿Qué es lo primero que se les viene a la mente cuando piensan en la palabra belleza?”. A partir de este momento, cada uno saca a flote los conceptos armados según sus propios esquemas. Estos hombres, que desde pequeños convivieron en torno al campo, ofrecen una perspectiva que refleja su intimismo y arraigo con el entorno.

 

Pensar en la belleza es reconocerla en el interior de las personas, especialmente, la que reina dentro de la gente buena. Sin embargo, aquella que se puede contemplar o palpar, radica, para todos, en el paisaje de su pueblo, ese paisaje variopinto engalanado desde siempre con el imponente castillo: entre las cosas más bellas que atesoran está el regresar a Villarejo de cualquier lugar y divisar, desde la carretera, lo primero que se asomaba: la torre, como la certeza de estar en casa.

 

Pensar en la belleza es, aunque resulte difícil conjugarla o definirla, “cualquier cosa que a tus ojos sea maravilloso”. Unos, por ejemplo, la relacionan con un borrico, un conejo, un toro o un caballo; otros, en un sentido más amplio, la asocian con la naturaleza y los caminos verdes, los montes y las cañadas que recorrían desde niños y que todavía están presentes en la memoria. Igualmente, una foto de los hijos montando a caballo o el recuerdo de las expediciones emprendidas en verano para buscar nidos de urraca o el empeño en subir a las moreras a coger moras. ¿Y en la amistad? ¿Allí también hay belleza? “Los amigos de la infancia no se olvidan”.

 

Para Vitorio, Antonio, Alfonso, Jaime, Andrés, Luis y Clemente, el encuentro de esta tarde es un camino emprendido con cierta melancolía: los bailes y las fiestas de la juventud; las escapadas cuando eran mocetes por el camino de San José; el compartir con toda la familia a la hora de la comida en “las mesas camillas”; las visitas de casa en casa, tocando la pandereta, en la noche de Navidad; la época en la que todos los vecinos hablaban con todos. Ellos, aunque saben que cada tiempo es distinto, no pueden evitar echar de menos el pasado de Villarejo de Salvanés que evocan en medio de la nostalgia.

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EL TRABAJO, UN VALOR EN VILLAREJO DE SALVANÉS

El trabajo, un valor en Villarejo de Salvanés

«¿Cómo ven ustedes Villarejo?», la pregunta que inició el encuentro. «Yo a Villarejo lo aprecio. Si todos lo hicieran, sin egoísmo ninguno, pudiera haber más cosas de las que hay», la respuesta que suena, contundente, desde dos personajes que cuentan con la sabiduría que solo otorga los años. Eugenio y Julián, habitantes de Villarejo de Salvanés, hablan, sin reservas, con la autoridad de aquellos que conocen su entorno.

Estos dos personajes comparten ciertos aspectos de su vida: desde que eran pequeños tuvieron que dejar la escuela para trabajar en el campo y en el esparto. Por ello, durante esta tarde, sentados en el patio del restaurante La Tercia, se extienden a compartir las anécdotas de cuando arrancaban garbanzos y lentejas en el cerro o giraban las ruedas de los hiladores de esparto, primeras labores que imprimieron firmeza en su carácter.

Era la época en la que los esparteros cogían el esparto en los montes, con las manos destrozadas por los pinchazos, lo sumergían en unas pozas de agua para remojarlo y luego lo trasladaban desde el campo en borricos. Era la época en la que los hoyos en la tierra se hacían a punta de picos y palas, y las aceitunas recogidas en los olivos se molían con rulos.

Es cierto: decir que los tiempos cambian probablemente es un tópico; pero si de algo saben estos dos hombres es de la transformación que, con respecto al trabajo, ha experimentado Villarejo de Salvanés. Eugenio, quien durante trece años fue presidente de la Cooperativa de Aceites Pósito, relata las diferencias en el proceso. “Antes era todo manual, antes no se filtraba ni nada. Hoy hay mucha gente demandando aceite sin filtrar”.

Por otro lado, Julián, además de dedicarse a trabajar como secretario en la Cooperativa Pósito, entregó treinta años al Club Deportivo Villarejo, porque creía que este equipo era algo tan grande, que cada vez que veía el estandarte, el pecho se le hinchaba de orgullo, pues siempre quería dejar el nombre del pueblo en alto. «Yo pensaba que hacía un servicio, me parecía que el club deportivo era una de las pocas cosas que se podía destacar». Era su manera de contribuir con los niños y jóvenes, ofrecerles otras posibilidades a las conocidas.

Desde sus espacios vitales, a veces diferentes, a veces unidos entre sí, Eugenio y Julián consideran que el trabajo es el valor más fundamental. “Gente trabajadora como la de Villarejo de Salvanés, muy poca”. Muestra de ello es que el pueblo siempre ha destacado por contar con los mejores segadores. Eran como “máquinas humanas” y cada temporada recorrían distintos rincones llevando a cabo estas labores.

A pesar de la transformación y modernización de esta localidad en ciertas áreas, “Villarejo sigue siendo un pueblo —asegura Julián—. No creo que hayamos evolucionado mucho”. “Para ser ciudad debería haber industria y no hay más que dos —añade Eugenio—. Al no haber industria la gente se va, porque nadie quiere quedarse a trabajar en el campo”.

Villarejo de Salvanés, que se pasea entre la ciudad y el campo, “dijo que no a las industrias para que sus pobladores no abandonaran el campo». Sin embargo, ambos consideran que no se puede negar que la industria es lo que atrae a la gente. Recuerdan que, hace unos cuarenta años, “el coche de los obreros” salía hacia Madrid cuando el campo dejó de interesar. Después de tanto tiempo, esto no ha cambiado: los jóvenes siguen buscando nuevos destinos para trabajar. Un hecho que, confiesan, les preocupa: «Sin los jóvenes un pueblo se muere».

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LAS FASCINANTES HISTORIAS DE VILLAREJO

Las fascinantes historias de Villarejo

«Anda que no tienes historias para escribir”, “anda que no tienes historias para contar«, se dicen a cada rato, sentadas en forma de media luna, en uno de los salones del Centro de Educación para Adultos (CEPA) de Villarejo de Salvanés. Conversando entre ellas, completan las frases y los cuentos de la una, ríen a carcajadas con los relatos de la otra, como si se tratara de un diálogo teatralizado, en la que cada pieza encaja armoniosa.

En este escenario, donde sin duda se valora el conocimiento, Carmen, Victoria y Julia, toda la vida habitando este pueblo, ofrecen, a modo de fotos panorámicas, experiencias y anécdotas que todavía pululan en sus mentes. A ellas, que se conocen desde que eran pequeñas, las une la amistad y la cercanía familiar, cosechadas a lo largo de los años.

Mirar atrás es el juego al que son invitadas como parte de los “Diálogos filosóficos” que seguimos llevando a cabo. Revolver en las reminiscencias de la infancia, se traduce en rescatar la imagen de los paseos junto a sus primos y hermanos, disfrutando en los jardines alrededor de la iglesia; pero también a un hecho que permanece latente: la imposibilidad de seguir estudiando —o siquiera empezar a hacerlo—, puesto que debían asumir la responsabilidad, como mujeres (o más bien, niñas), de ayudar en la casa.

Leer, escribir y sacar cuentas, entonces era suficiente para defenderse en la vida, era la añadidura a aquello que en realidad les correspondía: colaborar con los oficios del hogar. «Antes era así, los hijos a estudiar, las hijas a fregar», coinciden. Carmen, Victoria y Julia, sin embargo, siempre cultivaron la sensibilidad hacia la lectura y la escritura, hacia el saber en general, el placer de imaginar. Cada una guarda y comparte, por ejemplo, el recuerdo de los cuentos escuchados en la niñez, el primer libro que estuvo entre sus manos y la creciente fascinación por escribir, respectivamente.

Es ahora, en la adultez, cuando rescatan estas memorias, que traspasan la belleza monumental de Villarejo de Salvanés. Aunque cuando la palabra belleza sale en la conversación y cada una se detiene a pensar en cómo definirla, son precisamente el castillo, el convento y la devoción a la Virgen de la Victoria, los símbolos que aparecen como sinónimo de sagrado y de unión. En tanto, el concepto de familia y bondad, igualmente son importantes para ellas.

En este viaje hacia el pasado de la localidad, a punto de terminar por los momentos, saltan algunas viejas costumbres: las campanas de la iglesia anunciando la muerte del vecino, el oficio de los “hojalateros” que se encargaban de construir y reparar las estufas y los pucheros, la labor de lavar la ropa en el Pozo Marcos. Entre tantas, la tradición de llamarse unos a otros por los apodos, en lugar de los nombres de pila. A propósito de ello, casi como una retahíla y con mucha gracias, nos recitan:

De las cosas de mi pueblo,

qué más os puedo contar,

los apodos que circulan

por dicha localidad,

a unos les sientan bien,

a otros le sientan mal,

lo último que yo deseo

es a nadie molestar…

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LA TIERRA DE VILLAREJO DE SALVANÉS EN EL CUBO VERDE

La #Tierra de Villarejo de Salvanés presente en El Cubo Verde

La tierra, elemento primordial, identitario, simbólico, vivo. La tierra, conjunto de texturas, colores, posibilidades. Un puñado de la tierra de Villarejo de Salvanés viajó hasta la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid para juntarse con otros pueblos y rincones, formando parte de la exposición temporal y efímera reunida en el VI Encuentro de El Cubo Verde, red de espacios de arte en el campo.

La Trasera, el lugar elegido para la acción. En este sitio se congregaron todos los grupos y propuestas, entusiasmados por conocer la experiencia de trabajos desarrollados en zonas rurales y periféricas, y que trajeron sus bolsas y frascos llenos de tierra, vaciándolos en las mesas dispuestas para ello. Encima de cada montón, colgaban los cubos tierra, elaborados en cartón, donde a través de textos e imágenes se describían los proyectos participantes.

Desde Al Fresco – Museos Efímeros aprovechamos esta oportunidad para encontrarnos con las distintas iniciativas artísticas vinculadas a los entornos rurales. Seguimos las pautas, construimos entre todos nuestro cubo y recolectamos la tierra en los campos de Villarejo de Salvanés, destino de este primer proyecto, para reconocernos, finalmente, “en un solo cuerpo complejo y compuesto, pero con afinidad de preocupaciones y sensibilidades”, tal como rezaba la convocatoria, porque la acción #Tierra no se quedó solo en la muestra..    

 

Envases llenos de tierra, etiquetados con los nombres y ubicación de los espacios y propuestas integrados en esta red, se depositaron en el archivo de publicaciones de El Cubo Verde de la Biblioteca de Bellas Artes y, además, continúan la expedición hacia otros lugares, donde se compactarán en un único cubo de granulometrías y tonos diversos perdurable en el tiempo. La tierra, a veces asentada, a veces itinerante, también es arraigo.    

    

El programa que se llevó a cabo durante toda la jornada está disponible aquí: VI Encuentro El Cubo Verde.

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