Hoy, el patio trasero es un espacio que no tiene ningún uso, a excepción de servir como almacén de algunas propiedades del ayuntamiento de Villarejo de Salvanés. Luis Andrés Domingo cuenta que se encuentra a la espera de un proyecto, que corresponde a la segunda fase de rehabilitación del edificio, con el objetivo de que el trozo que quede abierto tenga fines expositivos al aire libre, se convierta en un lugar de uso cultural y en una zona de tránsito entre las distintas habitaciones del museo etnográfico.
En esa línea de aprovechar cada espacio de la Casa de la Tercia, considera que nuestro proyecto de Museos Efímeros, aparte de muchas otras cosas, lo que hace es poner la atención en un sitio que no estaba puesto en valor por sí mismo. “Digamos que realizando esta intervención puede ser conocido por las personas de Villarejo, porque llama la atención como un paso previo a futuros usos culturales. Es una iniciativa bonita que rompe un poco con la idea de que los espacios deben tener un acondicionamiento perfecto para ser utilizados y aquí hay una interesante reflexión sobre ese tipo de usos puntuales”.
El terreno, tal como lo vemos actualmente, es bastante interesante porque nos permite apreciar las características del ala este del edificio, todavía sin rehabilitar. Por lo tanto, los muros se muestran descarnados, con la piedra a la vista, lo cual le da un cierto encanto. Igualmente se pueden ver las características de la construcción de la Casa de la Tercia, las huellas que quedaron en los espacios de las edificaciones, más toscos y más rústicos.
El tema central de nuestro Museo Efímero es la belleza. La transformación momentánea de este patio trasero corresponde con los criterios y objetivos que nos hemos planteado como equipo. En ese sentido, Luis Andrés Domingo considera que precisamente la belleza “es un fuerte componente cultural” y, por tanto, sí que puede funcionar con un trabajo incesante. Encontrar la belleza dentro de lo que no está previamente establecido es una idea que él, de cierta forma, comparte; tomando en cuenta los modelos estereotipados que muchas veces rechazan espacios o aspectos de la realidad que no estamos acostumbrados a mirar.
“Me parece una reflexión que puede despertar la curiosidad de los vecinos, llevarles a pensar en aspectos de su propio pueblo que no se habían parado a contemplar y que origine en ellos la pregunta: ¿qué consideramos nosotros por belleza? ¿por qué no ver la belleza en aquello en lo que hasta ahora no habíamos reparado?”. Precisamente en el recuento de cosas que permanecen y otras que no están, salta el pasillo que conecta con el gran portón secundario, por donde accedían los carros, los carruajes y las caballerías.
¡Cuántas historias podríamos imaginar o recrear en torno al trabajo en el campo antes de que surgiera la industrialización, antes de que aparecieran los tractores! Ese mismo camino, por el que distintas personas transitaron y dejaron sus huellas, abrirá paso al museo de la belleza, donde rememorando aquellos tiempos, volveremos a juntarnos AL FRESCO.