Habitantes del esparto

Habitantes del esparto

La jornada «Habitantes del esparto» empezó con la «fresca». A las diez nos reunimos en la plaza de la Iglesia, donde hiladores de Villarejo de Salvanés enseñaron a los más curiosos a hilar cuerdas y sogas, así como corros esparteros de distintas zonas: Perales de Tajuña, Tórtola de Henares, para tejer y tejer el esparto a través de diferentes técnicas que transmitieron a los demás con entusiasmo. 
 
Amenizando el momento, estuvieron los integrantes de la agrupación de música medieval «Vagans», quienes interpretaron piezas que animaron a las personas. En tanto, los artistas residentes experimentaron la cercanía con la comunidad que durante el rato se acercaron a participar. 
Más tarde, el encuentro tuvo lugar en la Casa de la Tercia. María Pía Timón Tiemblo, Antonio Muñoz Carrión, Verónica Perales, Javier Contonente y Luis Ayuso ofrecieron un acercamiento al pasado, presente y futuro del esparto, desde el arte, la cultura, el diseño, las instituciones y el propio oficio de espartero. El reto sigue siendo involucrar la tecnología para generar experiencias y emociones que seduzcan a los más jóvenes. 

Y como muestra de toda esta energía y agradecimiento, una obra de arte mural dedicada a los hiladores de Villarejo, esos hombre que durante años lograron convirtir la stipa tenacissima en oro.

Seguiremos habitando el esparto.
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Paseo forastero

Paseo forastero

A Luis Ahijón lo conocimos en el bar de La Tercia, donde va todos los días a tomarse el café de las tardes. Tanto a él como a integrantes de la Asociación de Mayores, le invitamos a unirse al Paseo Forastero que realizaríamos por el paisaje a las afueras de Villarejo de Salvanés. 
 
Preparamos nuestros bocatas y botellas de agua para emprender el camino, guiados por Antonio Montes, Victorio Alonso, Luis Ayuso, José Luis López, Antonio Martínez y Vitorio Serna Martínez, donde participaron los residentes de #HabitarElEsparto, así como algunas personas de dentro y fuera de la comunidad para encontrarse con el territorio a través del contacto con la materia.   
 
Para los mayores, esta ocasión fue un reencuentro con la memoria, después de tanto tiempo sin visitar estos parajes. Agradecemos su entusiasmo en acompañarnos y guiarnos por aquellos caminos llenos de atochas y espartizales.

 

Seguiremos habitando el esparto.
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El esparto en La noche en Llamas

La noche en llamas 2019

Esta noche, el camino del esparto podía recorrerse desde cualquier punto: La Asociación de Mayores, la Plaza de la Iglesia o la Casa de la Tercia. La noche en que comenzaban nuestras residencias artísticas, las personas que disfrutaron de la Noche en Llamas, habitaron el esparto de diferentes maneras. 
 
En la calle San Andrés, justo en uno de los costados del Hogar del Pensionista, se encontraba el muralista Murphy realizando una pintura en honor a los esparteros de Villarejo de Salvanés y sus manos trabajadoras. La gente, al pasar, se detenía a curiosear, a manifestar la fascinación por la obra o a contar historias relacionadas con el esparto, de generación en generación.
 

Frente al Castillo, justo en medio de la plaza, un grupo de esparteros de Villarejo mostró la hilada tradicional de cuerdas, un oficio aprendido desde la niñez para muchos de ellos. A su lado, el corro espartero Las Caracitanas de Charlie (Perales de Tajuña), se juntaron con artesanos de Villarejo, Belmonte y Valdaracete para trenzar y trenzar, enseñando quienes deseaban sentarse con ellos para aprender las distintas técnicas y manejos con esta fibra natural. 

 
Allí, además, se encontraban los residentes de #HabitarElEsparto, quienes recién llegados a este lugar, empezaron a descubrir rostros, anécdotas y particularidades del pueblo. Entre ellas, el histórico edificio de la Casa de la Tercia, escenario de una experiencia sonora fascinante: El Museo Efímero «Sonidos en peligro de extinción: Los sonidos del Esparto», creado por la periodista Stèphanie Chiron, donde niños, jóvenes y mayores vivieron la representación de esta fuente de subsistencia y de conocimiento del entorno natural.
 
Os dejamos algunas fotos que dan cuenta de todo.
Seguiremos habitando el esparto.
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Encuentro con el artesano Javier Sánchez Medina

Encuentro con el artesano Javier Sánchez Medina: un cruce entre tradición y presente del esparto

Una de las cuestiones más importantes en torno a la cultura del esparto, manifestación del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, es la transmisión de las técnicas y saberes de una generación a otra. Además, otro hecho importante es que actualmente son los mayores quienes conservan estos conocimientos, por lo que cada vez es más necesario propiciar encuentros en los que los mismos se divulguen para que no se pierdan.

Partiendo de esta idea, en el camino de las residencias artísticas #HabitarElEsparto, donde hemos investigado y explorado con intensidad, resultaba inevitable toparnos con el artesano Javier Sánchez Medina, quien en los últimos cinco años se ha convertido en una referencia del trabajo con las fibras naturales, entre las que se encuentran el mimbre, el bambú, y por supuesto, el esparto. Por ello, Al Fresco y el corro espartero Las caracitanas de Charlie, nos juntamos para visitar su taller, ubicado en pleno barrio de Malasaña.

Justo en una de las esquinas de la calle El Escorial está ubicado este espacio que alberga el cruce ineludible entre modernidad y tradición. En las paredes cuelgan los denominados “trofeos ecológicos”, elaborados con esparto, y en los estantes llamativas piezas de distintos de materiales y orígenes. En el fondo está el mostrador donde reposan las herramientas necesarias para la labor: tijeras, cuerdas, martillos, espátulas, y donde durante esta mañana nos recibe su hermano Lauren, quien desde hace algún tiempo también forma parte de este proyecto y, con entusiasmo, empieza a contarnos varias historias que nos transportan.  

Así, nos muestra una de las formas más populares del esparto: la pleita, esa popular trenza que puede ser tejida de diferentes tamaños. La que nos enseña, precisamente, es de doce centímetros de ancho y nos explica que es común se que utilice en las labores artesanales de los quesos curados. Luego, señalando las cabezas de toro o buey hechas en esparto, cuenta que todo esto es un trabajo artesanal en el que participan además de ellos dos, su padre, encargado de elaborar las carcasas, donde van los cuernos y orejas. “Aunque hay varios sitios donde se pueden encontrar, no están igual de trabajadas que estas. Nosotros vamos buscando la perfección y todo esto nace de ir haciendo pruebas cada día”.

En tanto, nuestros ojos y manos curiosas escudriñan y palpan sus palabras que resuenan en cada objeto de la sala. Entonces, Javier Sánchez Medina se une a la conversación, en el que se juntan las visiones y experiencias del pasado y el presente, representado por estas personas que llevan gran parte de su vida “enredando” con el esparto y que vienen desde Perales de Tajuña para conocer a este popular artesano que para ellos es un personaje de inspiración… A partir de aquí, él comparte su historia.


Los trofeos ecológicos son, prácticamente, su sello de identidad. No es casualidad que bautizara las cabezas de animales de esta manera. Primero, la intención de elaborarlas, viene de hacer algo que contase quién es y de dónde viene. Él, oriundo de Extremadura, específicamente de Badajoz, considera que este producto forma parte intrínseca de su persona. Luego, está el propósito de utilizar la imagen del trofeo como una especie de contraposición con lo que generalmente se guarda en las casas aficionadas a estos objetos: ofrece una alternativa ecológica, una especie de guiño, que no hace daño a ningún animal.

Pero antes de dedicarse a estas creaciones, Javier Sánchez Medina empezó con espejos hechos con mimbre y bambú, que son un reflejo de los recuerdos de su infancia. “En la casa de mis abuelos estaban este tipo de espejos, y quise darles un giro, adaptándolos a estos tiempos, dándoles una visión más actual en el área de la decoración. A partir de ahí, conocí diferentes fibras naturales, y fue como llegué al esparto, el trofeo del toro, y más adelante otros animales. Mi idea es utilizar las técnicas antiguas, respetando el trabajo como se ha hecho siempre, pero ofreciendo algo más de innovación”.


Aunque considera que es un autodidacta, la pasión por la artesanía encuentra origen en la niñez, pues en su memoria permanece la imagen de su abuelo trabajando con la pleita en el patio, haciendo las bases de enea. Era un
hobbie, pero aprendió la técnica jugando con él, de manera inconsciente. Poco a poco, se fue formando por su cuenta y más adelante con la restauradora Marisa del Real incursionó en el trabajo con la madera hasta que optó por las fibras naturales, cautivado por todas las posibilidades que ofrecen.

 

“Muchas veces me preguntan cuál es mi referente. Si viajas, es conocer al señor del pueblo que lleva años desarrollando una técnica y conoce profundamente el material, que después uno puede trasladar a donde quiera. Por eso creo que es importante y necesario que se recuperen para devolverles el valor que tienen. Como artesano, creo que mi búsqueda consiste en crear cosas que cuenten algo de mí, que transmitan una historia y que sean una forma de rescatar este tipos de oficios que están perdiéndose”.

El esparto, utilizado en el sur como material de persianas o de utensilios para el trabajo en el campo, es una alternativa en el sector del diseño, de la moda, de la arquitectura, de acuerdo a sus nuevos usos que aún están por explorar. En tiempos de posguerra fue un recurso importante para la supervivencia de los habitantes de estos pueblos, pero fue desbancado por el plástico. Hoy, que el daño que ocasiona está en boca de todos, volver a lo natural es la opción. En ese sentido, Javier Sánchez Medina, aporta una mirada más artística. Es justamente lo que en esta ocasión transmite a los integrantes del corro de esparto: la clave es ser minuciosos y buscar, siempre, la perfección. Es importante mantener el interés por aprender y conservar, pero no queremos que la cultura del esparto consista sólo en repetir algo que se está perdiendo, sino adaptarlo a diferentes usos.
“Todavía me sorprenden muchas cosas que siguen pasando”, dice refiriéndose al boom de sus obras, especialmente, en el exterior. “Pero una de las cosas que más me motivan es que vengan los mayores o que los artesanos me escriban y me digan que le estás dando esperanzas para seguir en ello, porque la artesanía es un oficio difícil. Al principio trabajaba un montón desde casa, hasta que empecé a posicionarme y creció el interés por lo que hago, y hubo necesidad de apostar por esto. Fue una decisión complicada, pero finalmente estoy viviendo de ello. Junto a mi padre y mi hermano llevamos adelante este proyecto que, sin dudas, seguirá creciendo”. Al salir de allí, de ese espacio que es como su hogar, salimos convencidas, de que el esparto, como manifestación cultural inmaterial, es vivo, y hay que continuar trabajando porque siga encontrando su sitio en la actualidad.
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El papel de esparto: un homenaje a las manos anónimas

El papel de esparto: un homenaje a las manos anónimas

Hace medio siglo el Esparto (Stipa tenacissima) se ha utilizado en la fabricación de papel. Recientemente, algunas personas apasionadas de esta fibra natural, emprendieron esta misma tarea para resignificar el valor que posee, y desde Blanca y Cieza, contactaron con el Museo del Molino de Papel de Capellades, a 60 kilómetros de Barcelona, para ponerse manos a la obra. Al hilo de #HabitarElEsparto, en Al Fresco Museos Efímeros contactamos con uno de los protagonistas de esta aventura.

Aunque prefiere que no revelemos su nombre, compartió la experiencia del proceso de elaboración del papel de esparto, que nació del interés por la investigación de diversos artesanos de Blanca, en especial de las mujeres, y descubrieron cómo este material significó una parte importante en las exportaciones de España, pues desde Albacete, Murcia, Almería, se surtía a la industria papelera británica.

Con el objetivo de realizar un trabajo artesanal, la artista y curadora Luce Choules, se involucró en el proyecto, y a la directora del Museo en Capellades, Victoria Rabal, le propusieron la idea, la cual le interesó porque en ese espacio nunca habían elaborado papel de esparto. Así, nuestro personaje anónimo, cargó 22 kilos de esparto cocido y picado en su furgoneta, lo lavaron a mano durante una semana, y se enrumbaron hacia esa región donde se resguarda la tradición papelera. Al llegar, todo el equipo del Museo se involucró en el proceso, del que se obtuvieron 15 hojas de 70 centímetros x un metro, que era el tamaño más grande que se podía hacer con la prensa que tienen en el lugar; además salieron unas 150 hojas A3 y una hoja de gran formato (casi dos metros) que sirvió como lienzo para el pintor murciano Pedro Cano, quien realizó una obra de arte sobre ella.
Foto realizada por Antonio Balsalobre y publicada en "La Opinión de Murcia"
Pero, para obtener todo este papel, antes tuvieron que seguir unos cuantos pasos, que van desde la recogida del esparto, un homenaje a esas manos anónimas que arrancan la hierba de la tierra, pues aunque en los 60’s se intentó mecanizar no funcionó: la recolección sigue siendo manual. Luego, es el turno del curado, que consiste en tenderlo en la tierra para que el sol lo seque, meterlo en una balsa de agua durante 40 días, que es lo que se llama el cocido, y así proceder a picarlo. En Capellades, lo primero que hicieron fue cortarlo en trocitos de tres y cuatro centímetros, en un total de trece mil cortes. Después, el esparto se aclara en un proceso de cocción durante un par de horas, y se vuelve a aclarar para que no quede jabonoso. Es entonces cuando se traslada a una máquina que se llama pila holandesa, utilizada para la elaboración del papel, y es la que extrae la fibra del esparto, que se convierte en la llamada pasta alfa o pasta del papel. La magia continúa introduciendo esta pasta en una cuba de agua, que se remueve de manera constante, hasta que con unos bastidores se cubre la superficie de la pulpa, se extienden sobre un papel secante y se van intercalando las hojas, que luego se pasan a la prensa y se suben a secar, es decir, un procedimiento manual.
Cuenta que mientras se dedicaron a esta labor nació la idea de inaugurar una exposición que juntara no solo el papel como obra de arte, sino propuestas de otros artistas, así como un espacio para conferencias, talleres y simposios, que llevaron a cabo en la sede. Es decir, el esparto, reconocido por quienes trabajan con él como una fibra dura y difícil, se convierte, también, en un soporte sutil para el arte.
«No teníamos idea de lo que nos iba a salir, pero en ese momento pensaba que lo que estábamos haciendo era empapelar la luz del sol del sur. De hecho, todas las acciones artísticas que nacieron a raíz de allí, como por ejemplo, la exposición Esparto: nuevo territorio, buscaban la parte más poética del esparto». Explica que se trata de “darle la vuelta” a un trabajo rudimentario y otorgarle un carácter de sutileza, que en realidad es lo que hace posible el contraste. Una curiosidad que destaca es que cuando se elaboraron todas las hojas de papel, y quedaba muy poca pulpa, la aprovecharon para hacer un un papel muy finito que servía para la papiroflexia, y allí nació la idea de “la vuelta al origen”, pues con este papel construyeron unas mariposas que se enhebran a los tallos, como una muestra de agradecimiento a la planta por todo lo que habían podido hacer en esas jornadas, en las que las personas sólo eran movidas por la pasión por la cultura del esparto.
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La recuperación del esparto empieza en el reaprendizaje

La recuperación del esparto comienza en el reaprendizaje

Francisco Garnacho

 

 

«El esparto se utilizó en Villarejo en todos los tiempos. Yo creo que incluso desde antes de mis abuelos, porque mi abuelo me contaba que ya su abuelo le decía que el esparto, aquí, siempre ha estado en primer lugar. Aquí todos los que trabajaban en cualquier oficio, me refiero al campo, todos trabajaban algo del esparto en su casa. Cogían los espartos de por ahí de los montes, se lo llevaban a su casa y lo machacaban, después hacían ataderos y luego lo dejaban para el verano, porque todos los campos de España, entonces se labraban y se segaban a mano…».

Francisco Garnacho, 1997.

Los ecos del esparto todavía resuenan en Villarejo de Salvanés. En la memoria de sus habitantes, la de esos que fueron testigos y partícipes de los usos de esta fibra natural, quedan las imágenes del trabajo realizado con sus manos. Pero, no queremos dejarnos de llevar por la nostalgia, pues creemos que el esparto no es una cosa del pasado: sabemos que tiene futuro. Por ello, buscamos compartir estas ideas con personas que están involucradas, de alguna manera, con sus prácticas

Cuadrilla de hiladores

Así, contactamos con Luis Andrés Domingo Puertas, cuya trayectoria se encuentra centrada en la elaboración y desarrollo de proyectos relacionados con la Historia y la Arqueología, destacando una amplia experiencia en el ámbito de la Gestión del Patrimonio Cultural, y quien precisamente forma parte del área de Patrimonio Histórico y Turismo de este municipio donde el uso del esparto data del siglo XVI.

En este encuentro que se produce en los espacios de la Casa de la Tercia, explica cómo fue mutando el empleo de esta fibra natural en diversas épocas, por ejemplo, antes del siglo XVIII las labores se desarrollaron en un contexto doméstico, sin especialización y orientado a satisfacer las necesidades más inmediatas, pasando por la industria de cordelería y las sogas a mediados del XIX, hasta que en los años 40 y 50, se produjo el verdadero boom, cuando se instalaron unas cinco fábricas y numerosos talleres familiares dedicados a la elaboración de cuerdas y maromas de esparto.

Luego, en la década de los sesenta, ocurrió lo que conocemos como “la crisis del esparto”, a raíz de la aparición del plástico, fenómeno que ocasionó que un gran número de sus vecinos se movieran a Madrid para trabajar puesto que aquello supuso “un verdadero trauma”, aunque apareció la fábrica Cuétara que contuvo un poco la situación.

En esta región se pueden diferenciar dos facetas: una, la de la producción industrial, que proporcionaba trabajo y sustento económico a las familias, y luego está el área más doméstica y artesanal, que consiste en el aprovechamiento cotidiano de una hierba que crece espontáneamente en el campo y que con los productos elaborados se podían sacar un dinero extra. Entonces, quienes conservan los conocimientos están haciéndose cada vez más viejos o lo relacionan con una etapa marginal de la vida, una mera forma de sobrevivir. No obstante, considera que aún contamos con elementos que nos permiten recuperarla.

En ese sentido, señala que en la actualidad la gente del pueblo, en especial las personas mayores, mantiene este recuerdo sin creer que sea importante para el futuro; mientras que los jóvenes lo desconocen por completo, y no tienen una percepción identitaria del esparto, porque tampoco han visto el valor de esta cultura en su totalidad. «Quizás alguna vez cuando hacemos una demostración de hilada, pero no de lo que ha supuesto en Villarejo».

Hilada de esparto en AGROMADRID

La permanencia del esparto

Cuando se llevan a cabo hiladas de esparto en el espacio público de Villarejo de Salvanés, acontecimiento con repercusión en los medios de comunicación, las personas manifiestan el deseo porque esta tradición no se pierda. Al preguntarle a Luis Andrés en qué radicaría realmente la permanencia y rescate de esta cultura, indica que pueden ser varias las vías para apoyar su recuperación y sostenimiento.

«Puede parecer prosaico pero creo que el hecho de que haya un rendimiento económico en las actividades del esparto puede ser un motivo, por ejemplo, si alguien tuviese alguna iniciativa de emprendimiento relacionada con el esparto, sea con productos o actividades culturales y turísticas. Esto significaría llevar a cabo una labor de reaprendizaje, pues se ha perdido la cadena de enseñanza que viene de la tradición y la transmisión de padres a hijos. Tendría que haber alguien interesado en aprender de los mayores».

Luego, añade, está el ámbito cultural; más allá del aspecto puramente técnico de fabricar objetos, que tiene que ver con la recuperación de las manifestaciones artísticas del esparto, en un pueblo donde a lo largo del tiempo nacieron dichos y cantares inspirados en el oficio. Para ello, sería necesario iniciar una investigación sociológica y antropológica profunda, para que la resignificación no solo esté acompañada de una variable económica.

Asímismo, resalta los beneficios de recoger esta planta cada año, favoreciendo la recuperación de los entornos; también de poner en valor el paisaje, donde quedan vestigios de pozas y cuevas, por lo que podrían originarse proyectos que visibilicen la riqueza de estas rutas que, por cierto, están indicadas en un mapa que diseñó para Pascal Janin, director del Plan de Salvaguarda de la Cultura del Esparto.

Todas estas posibilidades mencionadas están en consonancia con las líneas de acción marcadas a nivel nacional y que plantean la investigación, la divulgación y el aprendizaje, como pilares fundamentales. Para Luis Andrés, además, es importante que las instituciones públicas, no solo de Villarejo sino del ámbito comarcal, se involucren para conectar a las personas que guardan la memoria del esparto y los conocimientos del trabajo, con agentes que impulsen el espíritu emprendedor de cara al futuro. La tarea, reconoce, no es fácil, pero los primeros pasos pueden ser descubrir su importancia a la gente.

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Celebramos el primer corro espartero en Perales de Tajuña

Celebramos el primer corro espartero en Perales de Tajuña

El pasado fin de semana, en Al Fresco, compartimos un momento especial con unas personas que hace algunos meses conocimos en el taller de esparto de la Asociación La Pera Espartera. Motivados para seguir creciendo y proyectando la labor que realizan, decidieron crear un corro espartero que lleva el nombre de “Las caracitanas de Charlie”. Agradecemos la oportunidad de haber vivido de cerca el entusiasmo y el valor por esta fibra natural.

El olor de la lluvia y el esparto se fusionaron. Este sábado, la tormenta y el frío no impidieron que los vecinos de Perales de Tajuña se acercaran al Centro Cultural San Blas, espacio elegido a propósito del tiempo que acechaba, para llevar a cabo durante la mañana las actividades que tenían el esparto como eje, en el marco de la Semana Cultural organizada por el Ayuntamiento.

Desde temprano, integrantes del corro espartero “Las caracitanas de Charlie” se reunieron, con todos sus materiales, para empezar a preparar la demostración pública del arte de hilar, un acontecimiento sin precedentes en la trayectoria de este grupo que nació de los talleres de la Asociación La Pera Espartera, que desde hace cuatro años hace vida en la zona.

Josefina, Lola, Julia, Josefa y Jose (“Charlie”) no estuvieron solos, pues a ellos se sumaron esparteros y aficionados de diversos pueblos cercanos: Valdaracete, Villarejo de Salvanés, Brea del Tajo, Belmonte del Tajo, Ciempozuelos, que poco a poco fueron llegando para mostrar ante los presentes cómo iban tejiendo variedades de trenzas, pero también enseñando a los demás cómo hacerlo paso a paso, pues de qué sirven los conocimientos si no es para compartirlos con los otros.

“El rincón del esparto” se transformó, con el transcurrir de las horas, en un espacio habitado por gente de diferentes edades, oficios, aficiones, y que en esa oportunidad tenían algo en común. Eso sí, los esparteros que predominaban eran mayores que guardan estos saberes desde la infancia.

Belén y José vinieron desde Ciempozuelos y nunca habían trabajado con este material, en apenas media hora empezaron a probar con la guía de uno de los mayores que a cada tanto les decía cómo emplear cada tallo.

Régulo, un señor llegado de Valdaracete, nos contó que desde que era un adolescente hasta los 37 años, se dedicó a la labor con el esparto, fabricando objetos para la cotidianidad del hogar, como cestas y paneras. Después de jubilarse retomó este oficio, que para él es un aliciente. “Aprendí cuando era un niño, de ver a los pastores que hilaban y yo continuaba con su tarea. El esparto cada uno lo trabaja a su manera, con creatividad y con muchas ganas de hacerlo”.

El esparto y sus múltiples formas

En la planta de arriba, los asistentes disfrutaron de las creaciones de los participantes del Taller de Esparto que organiza la Asociación La Pera Espartera, y de diferentes artesanos del municipio y sitios aledaños, un lugar en el que se entremezclaban la creatividad, la tradición y las múltiples posibilidades que las manos de los artesanos encuentran en esta fibra natural. Era la primera ocasión en la que sus obras se exhibían en este recinto, convertido en una sala de museo, que atrajo la mirada y la curiosidad de las personas.

Tamara González, secretaria de La Pera Espartera, destacó el intercambio que con esta actividad se estaba generando, no solo entre los habitantes de Perales de Tajuña, sino con vecinos y esparteros de localidades cercanas, que resaltan la tradición del esparto en estas tierras y enriquecen el compartir.

Asímismo, Lidia Suárez Sánchez, concejala de Cultura, manifestó que para ser la primera vez que se llevaba a cabo, están contentos porque la gente, a pesar de ser un día lluvioso, se movió para participar de este cruce de tradiciones. Tomando en cuenta el auge que ha tomado el movimiento espartero en la zona, les parecía propicio que en la Semana Cultural se realizara tanto la exposición como el corro espartero, para así poder mostrar a los demás lo que hacen.

“Compartir es enseñar, y es esencial compartir los conocimientos del esparto, que antes se realizaba por necesidad, pero ahora también por hobbie. Hay que trabajar la participación de los jóvenes, para que no lo vean como algo antiguo, sino que ahora mismo se puede seguir trabajando. El esparto se puede emplear hoy”.

Un acercamiento a la tradición

“Sé que mi voz no es la misma que hace unos años, pues el tiempo no pasa en vano, pero lo haré con todo mi corazón y muchísima ilusión”, fueron las palabras que pronunció Margarita Sánchez, acompañada por su hijo Víctor y dos integrantes del grupo del Grupo de Seguidillas y Mayos Virgen del Castillo de Perales de Tajuña.

“La Jota Espartera” y “Las Jotas Peraleñas” fueron las piezas que interpretó. La primera, una jota dedicada al corro espartero “Las Caracitanas de Charlie”, a modo de homenaje a “las tradiciones perdidas, pero que este grupo de esparteras, al esparto le dan vida”.

Julia España, impulsora del encuentro e integrante del corro, quien también se encontraba en el escenario, expresó sus palabras de agradecimiento a todos los que colaboraron para hacer posible cada una de las partes que conformó la actividad. Ella, junto a sus compañeras del corro, sigue tejiendo redes, partiendo de la esencia del aprendizaje del esparto: colectivo, horizontal, y con un claro futuro para seguir habitando en él, a pesar de las adversidades.

Nosotras, desde Al Fresco, seguiremos la pista de las próximas acciones que realicen, así como nuevas sorpresas que desde ahora empiecen a gestarse. ¡Ánimo!

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El papel del público en la transmisión de la cultura del esparto

El papel del público en la transmisión de la cultura del esparto

Antonio Muñoz Carrión podría hacer ostentación de sus títulos: Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Diplomado en Comunicación por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y Premio Nacional de Investigación “Marqués de Lozoya” en Artes y Tradiciones Populares. Pero, cuando es momento de hablar acerca de una de sus grandes pasiones: los rituales de los pueblos, se despoja de todos ellos y hace referencia a lo que considera lo más importante: las personas.

Antonio Muñoz Carrión en la exposición temporal: “Inmaterial. Patrimonio y Memoria Colectiva”, obtenidas en Etno Leon

Esta sensibilidad por la gente es precisamente la guía de nuestra conversación a propósito de su participación en el Plan de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, pues a lo largo de los años ha trabajado sobre la memoria colectiva y sus formas de recuperación, así como los rituales en peligro de extinción. 

En el marco del proyecto de residencias artísticas Habitar el esparto, impulsado por Al Fresco, nos parece importante conocer su opinión sobre estos nuevos procesos de resignificación del patrimonio.

El interés por el campo de los rituales nació con los estudios sobre los carnavales de un pequeño pueblo de Orense, Laza, donde descubrió la hospitalidad de sus habitantes. “Acabé la tesis, y lo que me pasó es que sufrí una transformación, me di cuenta de que los estudios de campo no eran sólo cuestión de recoger datos, informes de personas, sino que lo que ellos me estaban dando y yo estaba recibiendo, era muchísimo más. Fue entonces cuando descubrí que el trabajo universitario dejaba de lado la relación emocional, empática y afectiva con la gente que continuó año tras años luego de haber obtenido el doctorado”.

Desde entonces ha visitado distintos lugares donde ha podido estudiar de cerca más de cincuenta rituales españoles en peligro de extinción, y comprenderlos mejor cuando el fenómeno de la desaparición afectaba a diversas poblaciones. Explica que “la gente se iba del pueblo a las ciudades, pero quienes se quedaron se resistían a perder un ritual que era su identidad, su lugar de encuentro y una obra de arte hecha entre todos. Era el principio de la democracia, acababa de morir Franco, y se vivía un proceso de desacralización de la sociedad: hubo un abandono de los rituales tanto paganos con religiosos, porque era percibido como algo solo de los pueblos. Sin embargo, lucharon con una creatividad enorme por mantenerlos vivos, sin ayuda de ningún tipo, y más adelante los grandes públicos empezaron a tener nostalgia por aquellos ritos puros abandonados antes”.

Antonio Muñoz Carrión en la exposición temporal: “Inmaterial. Patrimonio y Memoria Colectiva”, obtenidas en Etno Leon

No obstante, esto trajo como consecuencia que se tratara como un “espectáculo” aquellas tradiciones que estaban hechas para mover emociones humanas, compartir experiencias, construir un “nosotros” y lograr sentir una identidad colectiva. Así que cuando empezó a publicarse en las revistas aquellas maneras de celebrar, los protagonistas se vieron invadidas por intereses turísticos, promovidos desde la gestión pública pues los políticos vincularon estas tradiciones con el dinero y el consumo, ofreciéndolas como atractivo a turistas que buscaban culturas vivas, más allá de la playa y catedrales.

“Yo creo que mezclar las emociones locales y grupales para exhibirlas y convertirlas en un recurso turístico es legítimo si lo deciden aquellos que están dispuestos a mostrarlas. Es inevitable que una fiesta forme parte de la identidad de una región y que la sociedad circundante quiera conocerlo pero que hay que administrarlo con muchísimo cuidado”.

Nuevas funciones del esparto

En ese sentido, Antonio Muñoz Carrión asegura que la promoción y la valorización de la cultura debe estar a cargo de gestores culturales, antropólogos, etnógrafos, que estudien todos los factores que envuelven la trama tradicional, donde tanto los protagonistas toman la decisión de qué desean mostrar y los públicos participan conscientemente. En el caso específico del esparto, que entra en el marco de patrimonio artesanal, establece una clara diferencia con los rituales vivos pues es un proceso que se genera de forma paulatina.

Museo de Cieza

Aquellos esparteros y artesanos que conservan el conocimiento del trabajo con el esparto, pueden enseñar a los públicos desde el paisaje donde crece esa fibra natural hasta involucrarse en el desarrollo creativo. “Creo que el tema del esparto, es posible llevar a cabo dos vías: una es haciendo o siguiendo los modelos de siempre. Por ejemplo, elaborar cántaros, canastos, y como utensilios prácticos de la cotidianidad. La otra es que, aprovechando la materia tradicional y las técnicas, se produzca la innovación. Es decir, descubrir funciones nuevas en estos productos que formaban parte del mundo campesino, adecuándose a las exigencias del mundo contemporáneo”.

“Ahora es un excelente momento, tomando en cuenta la tecnología y los valores de retorno a materiales sostenibles, transformables y recuperables para pensar en propuestas que promuevan la participación de artistas sensibles con la naturaleza, para que recuperen materias como el esparto que no existen desde que apareció el plástico. Es tiempo de investigar acerca de las nuevas funciones de esa fibra, que durante décadas ha estado allí, y este es un mensaje que debe ir incorporado a los públicos. Que los públicos no vean solo un objeto. Sino que es un estilo de vida que es cultura”.

El público: garante de la visibilización de la cultura del esparto.

En este punto, cabe preguntarnos cómo se ha transformado la participación de los públicos en los rituales y si en la sociedad actual es necesaria establecer una relación distinta. Para Antonio Muñoz Carrión, era común que los públicos actuaran solo como espectadores. Pero, indica, ese modelo de comunicación ha empezado a cambiar y ha llegado, especialmente con el Internet, a volverse interactivo y horizontal, pues ahora las estructuras son reversibles. “La experiencia que tiene la gente es la de querer estar cerca de los creadores. Ya no solo queremos ir con la voz de autoridad y disfrutar de un espectáculo, sino que queremos con nuestras manos ser parte de los procesos”.

Museo de Cieza

Esto está enlazado con la antropología de los sentidos que plantea: quiero ver, quiero tocar, quiero oler, no quiero quedarme de un lado. Por ello, considera que en la medida en la que un artesano o un espartero sea capaz de construir a través de talleres, paseos, muestras, entre otros, un relato que los haga partícipes de cada etapa por la que tiene que atravesar el esparto, de cómo cambia desde que está plantado hasta que está hilado, realmente se estaría traspasando el rol de esa persona que solo va a contemplar.

“Creo que ahora mismo está la tendencia entre el público de contarle a los demás: Yo estuve allí, yo hice algo. En ese sentido, es importante usar a favor del pueblo ese deseo de participación que, sin duda, hay en la gente”. El público juega un papel fundamental en la transmisión de estos valores del patrimonio cultural inmaterial. El objetivo es que después de haber tenido un contacto profundo con estas manifestaciones culturales, se sienta comprometido y responsable de transmitir un relato de lo que ha visto y ha vivido acorde con el punto de vista de los maestros y artesanos locales.

Paisaje de esparto
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Compartir con otros está en la esencia del aprendizaje del esparto

Compartir con otros está en la esencia del aprendizaje del esparto

José Fajardo Rodríguez-Fotografía de Dietmar Roth

Desde 1992 casi quinientos esparteros se han formado en los Talleres de Esparto de la Universidad Popular de Albacete. El creador e impulsor de esta iniciativa fue Juan Antonio Alfaro, agricultor que se presentó como voluntario para enseñar este oficio extendido de generación en generación. Entre sus alumnos se encontraban Arturo Ballesteros y José Fajardo Rodríguez, quienes continuaron, uno después del otro, este maravilloso legado.

Fotografía de Jorge Soldevila

A propósito de las VI Jornadas de “Esparto, naturaleza y cultura”, que se han venido desarrollando desde el 15 hasta el 28 de febrero en la Casa de la Cultura José Saramago de Albacete, conversamos con José Fajardo Rodríguez, profesor del aula de Naturaleza, y el actual encargado de dirigir estos talleres, que tienen tres objetivos: investigación, formación y divulgación. En ese sentido, explica que principalmente la intención es que las personas investiguen, conozcan y recopilen técnicas tradicionales de cestería. “Porque nosotros trabajamos la cestería tradicional y artesanal. Visitamos esparteros y los traemos a las clases para que enseñen a la gente los puntos que hacen. Así, pasamos al segundo objetivo, que es la formación de quienes se matriculan en los cursos de esparto, donde se aprenden estas técnicas a través de una metodología participativa, circular y de intercambio. Se trabaja en corros, se comparten experiencias, y todos aprenden y enseñan a la vez, en un ambiente colaborativo donde hay alumnos nuevos y otros que tienen años”.  La idea de enseñar el esparto de esta manera, señala, está inspirada en sus orígenes, pues la forma de aprender a trabajar con este recurso siempre ha sido en círculo, juntándose con amigos y vecinos, al mismo tiempo que mantenían una conversación. “No es unidireccional, donde solo hay un formador, sino que todos podemos serlo”.

Por otro lado, habla del tercer objetivo: la divulgación; que se realiza a través de actividades como ferias, visitas al campo, encuentros y jornadas, tanto nacionales como locales, donde pueden mostrar las piezas tanto a turistas, grupos de colegio, asociaciones, etc.

Fotografía de Dietmar Roth

A lo largo de diez años de experiencia como formador de esparteros, José Fajardo Rodríguez guarda grandes anécdotas, una de ellas, el haber compartido con el último hombre en conocer la técnica de elaboración de una cantimplora romana que se encuentra en el Museo Arqueológico de Cartagena, y varias de ellas también en Albacete. Hace algún tiempo, en las visitas típicas a esparteros mayores, junto a otros compañeros, este señor les explicó, punto por punto, cómo se hacían, y ellos lograron realizar las cinco “calabazas”.

Más adelante, en una de las jornadas del esparto, le rindieron homenaje y quedó bastante emocionado cuando vio en la exposición estas cantimploras que él les había enseñado a hacer. “A los pocos meses falleció, pero fue gratificante ver continuado el legado de aquel que era el último depositario de esa técnica. Por eso, para mí la parte más interesante de las jornadas y los talleres es la parte humana. Es el punto de encuentro de gente que comparte inquietudes y motivaciones, aportando en la divulgación del oficio del esparto”.

Fotografía del Museo de la Biodiversidad publicada en Facebook

¿Qué mueve a las personas que asisten a los talleres?

Me encuentro con varias situaciones. Están los que llamamos la generación tradicional, que puede tener entre 85 y 90 años, hombres que trabajaron en el campo como pastores o muleros, y que casi todos sabían trabajar con el esparto, pero no era cestería profesional, sino que era un complemento. También está la gente que sus padres y abuelos realizaban este oficio, pero no lo aprendieron en su momento y ahora quieren hacerlo porque de alguna manera el esparto está en su seña de identidad. Luego, están los jubilados que tienen tiempo libre y esto les distrae, pero yo les digo que el esparto no se puede hacer pensando en el resultado final, sino que todo el proceso tienen que disfrutarlo.

Entonces, podríamos decir que son grupos bastante diversos…

Hay más hombres que mujeres, pero también hay mujeres. Hay más mayores que jóvenes, pero también hay jóvenes. Unos vienen y prueban y si ven que no tienen paciencia y no les gusta, se van; hay otros que están por curiosidad, aunque no tengan relación con la familia; y la gente que se queda es porque disfruta de lo que hace con las manos. Empezamos con las técnicas más sencillas hasta llegar a cosas más complejas. Es cierto que la diversidad en el grupo enriquece porque hay diferentes puntos de vista y antes lo que era una necesidad práctica, se ha convertido también en una afición.

Durante este tiempo a cargo del taller, ¿qué es lo que más ha aprendido?

Creo que el formador siempre es el que más aprende. Yo tengo que estar pendiente de las nuevas técnicas y los participantes del curso, cuando aprenden algo fuera, luego me lo enseñan a mí. Yo empecé con Juan Antonio y poco a poco he ido aprendiendo cosas diferentes, pero siempre le digo a los alumnos que tienen que ir un paso delante de mí.

Más allá de las técnicas, ¿qué nos dice de los valores que se van forjando?

Claro, esas son otras cosas que también se aprenden. Por ejemplo, de los esparteros que hemos ido visitando a lo largo de los años, te encuentras gente que quiere compartir lo que sabe. El compañerismo es importante, en la gente mayor veo mucha solidaridad y cómo se ayudan unos a otros. El tema del esparto, aparte de que pueda convertirse en una artesanía, en el proceso se aprenden valores. Es una oportunidad para trabajar la paciencia. Como digo: más allá del trabajo final, en el camino se aprenden muchas cosas.

Fotografía de Jorge Soldevila
Fotografía del Museo de la Biodiversidad publicada en Facebook

Además del valor ornamental, ¿cuál es la importancia del esparto como recurso natural?

El esparto, como recurso natural, tiene muchas posibilidades. Lo que pasa es que no se está usando con todo el potencial que tiene, no porque no sea bueno, sino por cuestiones de mercados y de productos con mejor precio. Pero es un recurso renovable; y ahora que hablamos tanto de los plásticos, en la medida que podamos sustituirlos, no podemos descartar que a corto o medio plazo, el esparto se pueda utilizar en lugar de productos que crean problemáticas ambientales. Es cuestión de que sea una alternativa real.

¿En el taller de esparto está presente el crear esta conciencia ecológica?

El curso es totalmente práctico, pero sí que es cierto que al comienzo, a modo de introducción, se habla de la importancia ecológica de los espartizales y de cómo el rescate del esparto es una medida viable.

Fotografía de Dietmar Roth

¿Por qué es importante transmitir estos conocimientos?

Nosotros tenemos un hombre que sigue haciendo esparto, con 102 años, en Albacete. El contacto con personas como él, que aprendieron la técnica del esparto por necesidad, es una experiencia que nos enriquece, porque vemos cómo la vida ha cambiado. Estamos viviendo en ese punto de inflexión, en ese cambio de paradigma entre la cestería y el esparto, buscando un nuevo uso. Para nosotros es fundamental, casi una obligación, conservar esa sabiduría popular y dotarla de un nuevo sentido, para que no se pierda.

¿Cómo cree que las futuras generaciones asuman la salvaguarda del esparto?

Yo creo que estamos en un momento en el que se ha dejado atrás el ignorar el valor de las piezas y dejar de asociar el conocimiento de estas prácticas a “la incultura”. Creo que poco a poco va a entrar como una valoración nueva de nuestras raíces. Antes sucedían casos en los que cuando tocaba hacer limpiezas de las cámaras en los pueblos, simplemente las piezas amontonadas de esparto las tiraban o las quemaban. Pero eso ha dejado de pasar, porque el que lo ha quemado no ha sido nunca el que lo ha hecho pues sabe el valor que tiene. Es algo que está relacionado con el respeto y con el valor que le das al trabajo del otro, y es lo que a estas generaciones y a las futuras, buscamos inculcarles.

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El reto de transmitir la cultura del esparto a los más jóvenes

El reto de transmitir la cultura del esparto a los más jóvenes

Pascal Janin es autor del Plan de Salvaguarda de la Cultura del Esparto. Involucrado desde hace más de una década en una investigación que nace del descubrimiento de una materia que no solo forma parte de una tradición artesanal u ornamental, sino que representó la actividad socioeconómica más importante en la década de los 60 en las regiones esparteras de España.

A propósito de este proyecto y las actividades que se realizan para incentivar que las nuevas generaciones vuelvan su mirada a este oficio, quisimos conversar con él para conocer de cerca qué lo movió a entregarse a esta lucha reivindicativa.  

Aunque desde el principio deja claro que es francés y que en su niñez o adolescencia nunca vivió en España, ni en latitudes donde creciera el esparto, explica que la sensibilidad hacia la naturaleza por haberse criado en medio de paisajes frondosos y con grandes árboles, siempre estuvo presente en él, intensificándose en el acercamiento a los paisajes desérticos que vivió a través de películas de vaqueros y sus emocionantes viajes a Marruecos y Turquía, donde descubrió otro tipo de paisaje interpuesto entre el desierto y los bosques.

Diego. Foto: Pascal Janin (2007)

“Son los paisajes áridos y esteparios que descubrí aquí en España, de los cuales me enamoré y empecé a entender cómo se conformaban estos ecosistemas. En ese proceso, poco a poco me di cuenta de que el esparto era una fibra absolutamente necesaria y, por ello, sentí que debía hacer algo con estas plantas y con estas comunidades para que no se perdieran los saberes, pero sobre todo para proteger el Medio Ambiente. Por eso, con el fin de preservarlo, me parecía prioritario promover una operación de salvaguarda de la cultura del esparto”, cuenta.

Hablar acerca de la importancia del esparto en España es definirla con la palabra “tremenda” desde tiempos remotos. Una hipótesis plantea que la atocha, tal y como se le conoce en nuestros días, podría ser el resultado de un proceso de domesticación, que dio lugar a la mejora de una especie, a partir del neolítico,

Por otro lado, la certeza de que en épocas romanas las flotas de guerra más importantes del Mediterráneo venían a buscar esparto en los campos espartanos de Cartagena, incrementando el comercio internacional. En el siglo XVII, su utilización fue protagonista en la construcción de las casas, con cintas kilométricas de esparto que sujetaban columnas. Más tarde, justo después de la Guerra Civil, los sacos se fabricaban con el esparto y la artesanía empezó a formar parte vida de la producción nacional.

En definitiva, el esparto cobró una importancia fundamental entre la población, así como en la configuración de las identidades, que Janin describe como un acontecimiento complejo en fases. “Estas comunidades necesitaban del esparto para solventar sus necesidades cotidianas: cuando se te rompía el lavabo de la cocina, tenías que repararlo con tus propios medios y la gente usaba lo que tenía alrededor: tierra, barro, yeso y, por supuesto, esparto. De ahí pasa a comunidades que van utilizando el esparto por negocio, para ganarse el pan, desde artesanos a industriales, en un comercio del esparto que arranca en fechas de la historia antigua. Luego, nos encontramos con nuevas comunidades esparteras que giran en torno al ocio, empieza a haber gente que trenza el esparto por puro placer”, relata.

Cogedor de esparto. Foto: Pascal Janin (2007)
Portadas de informes pertenecientes a la segunda parte de los Estudios y Experiencias sobre el Esparto, publicada por el Servicio del Esparto en 1953.

Transmisión intergeneracional de los saberes del esparto

Este breve recuento del pasado, inevitablemente hace trasladarnos al presente y, en consecuencia, al futuro. Precisamente la preocupación por la transmisión de estos oficios a las nuevas generaciones, es lo que impulsa este Plan de Salvaguarda de la Cultura del Esparto, liderado por Janin, a pesar de las dificultades que siempre son las mismas: la financiación, que depende del dinero que pueda invertir el Estado. A pesar de ello, destaca que han conseguido un apoyo importante por parte de la administración, pues se ha hecho eco de esta “alarma”, consciente de que había que hacer algo.

“Entonces se han podido contratar expertos para hacer estudios y así construir este plan que es una posibilidad de abrir puertas, que por otro lado sería complicado de abrir en un territorio tan grande. El primer paso era que se reconociera como representación del patrimonio cultural internacional, y en esa dinámica estamos montando eventos. Entre ellos, por tercer año consecutivo, realizamos el Encuentro Nacional sobre la Cultura del Esparto, en el Museo del Esparto (Cieza, Murcia)”.

Esta iniciativa pretende alcanzar a los más jóvenes, no solo en el mundo rural, sino aquellos que viven en las ciudades porque son mayoría. “Te diría que es lo fundamental. Cuando estamos hablando de una cultura en vías de extinción tenemos que pensar en transmitir los saberes de forma intergeneracional. El gran reto que nos planteamos es hacia los más jóvenes. Nos interesa el perfil del joven urbano y contemporáneo, pues ahora mismo en el mundo rural emplean otros materiales para solucionar sus problemas”, apunta.

“El mundo rural no es el abuelito que va a recuperar tres tomates en su huertos, sino empresas que compran centenares de tierras y utilizan abonos químicos para producir cien mil lechugas en tres segundos. Este mundo rural que es el real, el de hoy, está alejado de la cultura del esparto y hay que darlo por perdido. Existe, es cierto, una pequeña parte del mundo rural que se ha respondido y en las pequeñas fincas, por ejemplo, algunas personas utilizan el esparto en sustitución del plástico porque saben que no contamina la tierra”.

Museo del esparto de Cieza
Una espartería en Madrid. Foto: Pascal Janin (2015)

La aplicación del esparto en la vida

Una de las claves de este Plan de Salvaguarda es acercar la actividad del esparto a la vida diaria de las personas, para que realmente la apliquen, más allá de decir: ¡Mira qué importante es! ¿Cómo conjugar el rescate institucional que suele moverse en una línea teórica y de exhibición para que las nuevas generaciones la incorporen en su cotidianidad?

Ciertamente, cada realidad es distinta; pero enfocándonos en aquellos pueblos que conservan la tradición espartera, Janin plantea algunas formas. La principal, asegura, es necesaria a nivel educativo. Es decir, que la propia escuela se involucre en comunicar a los alumnos que viven en zonas esparteras los valores de esta cultura, sobre todo haciéndoles trabajar sobre el patrimonio que representa, pues hay cosas muy sencillas que se pueden impulsar desde un aula.

“Ustedes han estado en Villarejo de Salvanés, y han visto cómo se han localizado distintas industrias esparteras de hace 30 o 40 años. Eso es fácil de impulsar desde la escuela, proponiendo que el profesor invite a los niños a trabajar sobre este tema y que luego hicieran encuestas en sus entornos próximos, moviendo la curiosidad de los jóvenes, haciéndoles tomar conciencia de lo efímero que puede ser una actividad y que no por ello le resten valor”, manifiesta.

Por otro lado, para Janin, el arte es una posibilidad, una herramienta, un medio, contemplado dentro de este plan porque “comunica a muy altos niveles los valores de esta cultura”. En ese sentido, es importante que los artistas contemporáneos sean un cauce, que aboguen por ella, que se interesen por ella, en procesos de participación ciudadana. “Hay que ir mucho más allá. Involucrar a la ciudadanía en el desarrollo de este plan”.

Retomando la idea de Villarejo de Salvanés, municipio que resguarda los saberes y los conocimientos teóricos y prácticos del esparto, pero donde también se teme que la actividad desaparezca porque no está pasando a las nuevas generaciones, Janin insiste que la clave es unir a todos los agentes en un proceso donde los mayores entreguen este contenido a los más jóvenes, a través de actividades que resulten atractivas para ellos, que trasciendan a la vida. Sin embargo, considera que es importante ver todo el planteamiento desde un escenario global. “Hay otros lugares donde se ha avanzado y dado respuestas interesantes con respecto a la transmisión intergeneracional de los conocimientos. Además, saber que el esparto es un patrimonio común entre España, Argelia, Marruecos y Túnez, y también hay que ver cómo se mueven las comunidades en aquellos países, para tomarlos como referencia. En suelos marroquíes es distinta la realidad espartera a la de los suelos de España. Es cierto que es difícil y preocupante pero no hay que desanimarse porque también hay posibilidades de ganar la batalla”.

hilada tradicional en Agromadrid (Villarejo de Salvanés)
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